PUNTO Y APARTE por Fran Pérez

punto-y-aparteDesde que mi memoria llega a alcanzar los recuerdos el toro siempre estuvo junto a mí. No sé deciros con exactitud el día que el chispazo de la tauromaquia se convirtió en una droga para mí. Dicen, que de pequeño, ya contaba historias del toro “Butanero”, colorado, lidiado en Valladolid. Lo que tengo claro es que la televisión tuvo la culpa de que hoy yo este escribiéndoles de toros. Y eso, que lo primero que se me viene a la cabeza es aquella trágica tarde sevillana de mayo del 92 y del revuelo que se formó en el salón de la casa de mis abuelos.

Definitivamente, me convertí en adicto cuando mi padre, empleado de una de las empresas cuyo dueño ostentaba la propiedad de la plaza de toros de Lorca hasta el pasado jueves, decidió llevarme con él para ayudar en la cantina de la plaza, que por aquel entonces la llevaban los empleados de esta empresa para sacarse unos cuartos de más. En Sutullena, a la que bebí como si el mejor vino fuera, me hice aficionado y me embriague de su torería. Parte de culpa la tuvo un rubio de soberana personalidad al que decidí idolatrar hasta el resto de mis días. Desde entonces, el fuerte de Playmobil se convirtió en plaza de toros, el circo en plaza de toros. Los juegos de bloques, en barreras, de plaza de toros. Una tela vieja roja de mi abuela se agarró a un palo de naranjo para convertirse en muleta y dar pases de frente a lo Pepín Jiménez. Y una bata fucsia, que ni se donde salió, en un pequeño capote para dar medias verónicas con aroma a romero. También había banderillas, esa manía de buscar dos palos iguales para vestirlos con los adornos del árbol de Navidad de mi madre y clavarlos en el sillín de una vieja moto. No había volteretas en esos festejos imaginarios. Lo que si había eran muchos pescozones, cuando la tela roja hacía falta, o llegaba Navidad, o cuando a la moto le llegó el turno de la restauración. Torear poco y mal, pero correr, más que Cagancho en Almagro.

Poner el nombre a los libros de texto con hierros de ganaderías se hizo tradición y jugar a ser empresario taurino y cerrar los mejores carteles de la temporada, un rito de cada verano. Luego llegaron las tardes de no estudiar porque había toros en la tele, comprarse las revistas taurinas cada martes haciendo el paseíllo hacia el quiosco, y de pensar 23 de las 24 horas del día en el toro. Cosas que en el seno de una familia no taurina hacían sacar esa típica frase ¿De dónde ha salido este niño?

Cuando el pavo dejó de cantar, y con internet a la orden del día, este loco de los toros creo un blog taurino que llegó a situarse en el tercer espacio de esa materia más visitado de España. Todo Toros se llamaba. Un espacio para la opinión libre que alcanzó cotas inimaginables y llamadas de algún torero que otro, que algún día, si quieren, les contaré.

Siempre fui muy inestable, si fuera torero, no aguantaría una temporada entera. Con el blog en la cumbre. Me aburrí y lo deje.

Dicen que la toma de decisiones drásticas trae sorpresas que no se esperan. Yo no pensaba que un señor de Calasparra, a los pocos días, me iba a proponer escribir en un diario digital taurino que apareció para marcar la actualidad y la agenda taurina de la Región. Ese señor, Pedro, compañero de batallas, se ha convertido ahora en un amigo para toda la vida. Nunca le podré agradecer con palabras haberme dejado entrar en ese equipo comandado por mi maestro y ser un pilar donde apoyarse cuando las tinieblas taparon mi vida.

No podía dejar de hablar de Barnés. De Antonio. “Antoñico” para los que todavía hoy hablamos con él. Además de enseñarme a juntar dos letras y de creer en el mundo del toros en la Región de Murcia, me enseño lo que había detrás de la cortina de este bonito, desde fuera, tinglado del toro.

He tenido la suerte de encontrarme con muy buena gente estos años. Eso es una de las mejores cosas que me llevo. No puedo enumerar a todos, pero si agradecer públicamente su simpatía hacia mi persona, a sabiendas de que yo, como libre pensador taurino, no me caso con nadie. A los que no lo supieron ver, también mi agradecimiento porque fue la punta de lanza para intentar que me entendieran. Si cometí algún error valgan estar palabras para mi disculpa.

Se preguntaran porque les estoy contando mi vida, si no les interesa. Hoy pongo un punto y aparte. Voy a dejar a un lado al toro que me lleva persiguiendo desde que era chico para adentrarme en el ruedo de la vida. Otros retos personales me esperan. Otros objetivos por cumplir. Aparcadas quedan las letras para empezar a arrancar los motores del futuro, mi futuro. Ya le tocaba.

Y que mejor momento que con la alegría de ver convertido en realidad el lema por la recuperación del espacio donde nació mi afición y que un día le puse más cosas además de nombre. Ese SutullenaYa que ahora mutará en siempre, en ahora, en lo que le quieran poner.

Puesto el punto, intentaré volver, si en este tiempo encuentro motivos para iniciar un nuevo párrafo.

Fran Pérez @frantrapiotoros