EL DÍA DESPUÉS: “A PURO FUMAO” por Fran Pérez

Las Ventas, por San Isidro, tomó aire del malecón habanero cuando por sus toriles salió entipado, moviéndose cual guaracha, flojeando de remos como Fidel y con cuerpo de Dinio para Marujita un toro del Puerto de San Lorenzo llamado como el país soberano insular sitiado en el archipiélago del Mar Caribe.

“Cuba II”, fue colaborador en la muleta. Un toro comunista, como no podía ser de otra manera, que se venía arriba cuando por la muleta le hablaban de la izquierda, a pesar de llevar dos puyazos a lo Donald Trump más allá de lo trasero.

No se puede hablar de Cuba sin que se huela a habano del bueno. Paco Ureña fue ayer ese Montecristo lleno de fortaleza, sabor y aroma que a unos deleita y a unos cuantos marea.

Es lo que tiene el tabaco cubano, la potencia. No todo el mundo está preparado para ella.  Paco Ureña apostó por el toro y lo toreó en ocasiones a mano de tripa larga, como se hace el buen puro. Dos tandas iniciales de naturales pusieron enjundia los inicios del trasteo. Fueron las primeras caladas que producen placer antes de encontrar el sabor terroso. Ese sabor lo pusieron algunos lances al natural con el compás demasiado abierto, algo despatarrado, que pusieron la duda en el público. ¿Sigo fumando?

Una tanda con la derecha volvió a enganchar al personal, sobre todo, por un derechazo largo, intenso y excepcional que olvidó el regusto a tierra y volvió a poner el punto guajiro a la faena. Con todo dispuesto para la oreja, Ureña no acertó con la espada. El toro se fue ovacionado y el torero saludó desde el tercio.

 

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Al quinto, al que nadie veía por ningún sitio, lo envolvió de una excelente colocación y tremenda entrega. Y le terminó sacando una faena vibrante de emoción por los terrenos que el torero pisaba. Alguien preguntó desde el tendido que donde estaba el torero y Ureña le contestó con una tremenda exposición y riesgo coronada con una última tanda de muletazos ligados vibrante que hizo saltar el resorte de las Ventas. Mató de una estocada a sangre y fuego en lo alto saliendo prendido y desbordando con ello los límites de la emoción que ya de por si había en la plaza. El toro cayó rodado y Madrid se puso blanca de pañuelos para que Ureña cortara una de las orejas de peso de la feria.

Lo peor vino después, y es que muchos que se fumaron el puro enterito, se dieron cuenta de que casi lo sacan a hombros y les llegó el mareo “a puro fumao”. ¡Maldito tabaco!

La mayoría ya espera volver a saborear otra vez ese gusto único que deja Paco Ureña en sus actuaciones. Y es que en esto del mundo del toro, la diferencia marca controversia. Pero bendita la diferencia.

 

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Quienes no crearon controversia fueron Fandi y López Simón. El primero realizó su labor. La de telonero con más pena que gloria. En su favor es que su lote fue el menos propicio. El segundo sigue perdido en selva amazónica. Y eso que tuvo un tercer toro con un pitón izquierdo para torear más  ajustadito de lo que lo hizo. Dos tandas medio buenas hicieron subir la posibilidad de la resurrección, pero luego todos, unánimes, nos dimos cuenta de que este López Simón ha sido achicharrado por el fuego de años atrás. Con el sexto, también llegó ración de pases sin decir nada.

Ficha:

Plaza de toros de Las Ventas. Octava de la feria de San Isidro. Corrida de toros. Casi lleno.

Seis toros de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto.

El Fandi, silencio y silencio.

Paco Ureña, ovación y oreja.

Alberto López Simón, silencio tras aviso y silencio.

Fran Pérez @frantrapiotoros