LA COGIDA Y MUERTE DE LAGARTIJA II POR EL TORO GORETE por Julián H. Ibáñez

En esta historia quiero recordar un triste episodio ocurrido en la Plaza de Toros de Murcia, la cogida y muerte del joven diestro segoviano Juan Ruiz “Lagartija II”, era la tarde del  25 de junio de 1922, se lidiaba una novillada a beneficio de la Cruz Roja, con reses de la ganadería de don Antonio Flores de Sevilla  y llevaba como compañeros de terna a los novilleros Facultades y Nacional Chico.

En principio, estaba anunciado dicho festejo para el día del Corpus, el 15 de junio, pero se suspendió a causa de la lluvia, produciéndose asimismo la sustitución de unos de los tres diestros anunciados, Gaonita, por la de Nacional Chico.Captura de pantalla (7)

Juan Ruiz (Lagartija), fue un novillero segoviano, que comenzó rodando por capeas como banderillero, y en 1915 actuó ya en corridas de su provincia como sobresaliente de espada. No llegando a ser presentado en Madrid, pululaba por plazas de toros modestas, hasta que el empresario de Murcia, bajo recomendación del Gobernador Civil de Cartagena, le exhortó a contar con él para algún festejo en nuestra capital. Puede ser que también ayudara tener el mismo apodo que una de las glorias taurinas murcianas, Juan Ruíz Vargas “Lagartija”, aunque no tenía nada que ver con su homónimo.

Los novillos de don Antonio Flores, no presentó ninguna dificultad, siendo todos bravos y aptos para una buena lidia.

Facultades toreó con temple, lucido en quites y mediano con la tizona.

Nacional, que entonces empezaba, tuvo él defecto, muy propio de los toreros verdes, de “codillear” (este era un pecado capital en épocas pasadas, a codillear se le decía al defecto que tenían algunos toreros de no separar del cuerpo, los codos en la ejecución de las suertes de capa, y muleta). Banderilleó muy bien, aguantando mucho con los garapuyos y asomándose al balcón» como el mejor rehiletero de su época, pero con el estoque, en el único toro que despenó, estuvo deficiente.

Lagartija II salió con grandísimos deseos. Toda la tarde estuvo valiente y lucido con el capote, dando lances y haciendo quites de verdadero mérito y hasta prodigando el farol e intentando el cambio de rodillas. En banderillas, colocó dos pares buenos a su primero. Con la muleta, al primero de su lote que brindó a la bella hija del entonces gobernador civil, lo toreó con aseo y equidad, matándolo de una estocada atravesada hasta el puño, entrando muy bien, que mereció ovación del respetable.k

En el quinto de la tarde, un buen ejemplar llamado Gorete, marcado con el número 78, de capa cárdena oscura, al que toreó bien de capa y puso un par de las cortas al cambio, tomó la muleta, brindó a unos amigos con la siguiente frase: –-Vaya por los amigos queridos de Murcia y Cartagena, y dirigiéndose al estribo se sentó en él, desafiando al toro, que no acudió.

En vista de ello se levantó y fue, paso a paso, a la cara del astado, llevando el paño en la mano izquierda, dio un pase por alto, copia casi mejorada de los que solía dar el madrileño Vicente Pastor, fija la planta, llevando el toro muy bien toreado en los vuelos de la muleta. Siguió con pases de pecho, molinetes y redondos, confiado se dispuso a matar.

Igualado el toro, entró por los terrenos de adentro, un poquito largo pero despacio, dando una monumental estocada por las mismas agujas, siendo suspendido por la ingle derecha, lanzado en alto y vuelto a coger por la espalda, zarandeándolo horriblemente. Herido de muerte, volvió a la cara para ver doblar al toro.

El desgraciado Juan Ruiz se levantó, andando dos o tres pasos, siendo cogido en volandas por las asistencias de la plaza al mismo tiempo que arrojaba gran cantidad de sangre. En brazos de los mozos el bravo novillero, llevando una cornada de muerte, aún tuvo arrestos para volver la cara dos veces para ver doblar al toro, que caía hecho una pelota, mientras el público ovacionaba, el diestro, pálido, reflejando en su rostro la angustia del dolor, saludaba en su traslado hacia la enfermería agitando los brazos.

No se encontraba desasistida la enfermería, toda vez que antes que el infortunado Juan Ruiz, habían ingresado en ella, también heridos por el mismo toro Gorete el picador José Cervera “Suizo”, al que se le había apreciado un puntazo en la región posterior de la pierna derecha, de pronóstico grave, y el banderillero Carlos Vila Rubio, quien padecía un puntazo en el tercio medio del muslo derecho, de cinco  centímetros de profundidad. Los doctores Sánchez Parra (Ramón y Emilio) se encontraban en plena faena y habían firmado los partes facultativos de los que anteceden, enviados a la presidencia y expuesto, como era entonces costumbre o norma obligada, al público.Captura de pantalla (13)

Al entrar el torero, conducido por las asistencias, por la puerta de la enfermería, a consecuencia de la enorme pérdida de sangre durante todo el trayecto, desde el lugar en que fue empitonado y cayó herido hasta la enfermería, quedo marcado con un reguero de sangre que con fuerza salía de la herida del muslo. Lagartija II sufrió un desvanecimiento, dejando caer los brazos que momentos antes, se agitaban para despedirse del público que, puesto en pie, le aclamaba. Inmediatamente fue instalado en una cama, sufriendo un fuerte colapso.

La noticia de la gravedad de Lagartija II se difundió por la plaza rápidamente. Las mujeres no podían contener su llanto y el público protestaba airadamente de que no se suspendiese la corrida, cosa que la presidencia dudaba en hacer por no haber recibido el parte facultativo, los doctores se dedicaban más a atender al herido e intentar reanimarlo del fuerte colapso en que se hallaba que en confeccionar parte alguno. Por fin, a la vista de la actitud del respetable y de que cayeron al redondel gran número de cascos de botellas, la presidencia acordó la suspensión.

Después de practicada por los doctores Sánchez Parra y Amorós la primera cura, padecía, según el parte emitido una vez finalizada la misma: herida en la región inguinal derecha, de doce centímetros de extensión, con sección incompleta de la vena femoral y safena, se le comenzó a inyectar suero fisiológico y teína, con objeto de hacerle reaccionar, efecto, que no se consiguió hasta las ocho y media de la noche.

Al darse cuenta Lagartija II de que se hallaba en la enfermería, junto a las camas de los demás compañeros heridos, se le arrasaron los ojos de lágrimas, y dando un hondo suspiro, con voz velada por la angustia y el dolor, exclamó: -¡Madre mía, es la desgracia que me persigue!

Frente al torero, que aún conservaba puesta y empapada de sangre la taleguilla chocolate y oro que usó en la lidia, fueron desfilando sus compañeros, a los que dijo: –Sé que me muero, os deseo a todos mucha suerte, más de la que yo he tenido. Me muero, pero me muero luchando por la vida. ¡Que Dios os proteja! Al terminar de pronunciar estas palabras el desgraciado Lagartija II comenzó a mostrar en su rostro los estigmas de la muerte, y poco tiempo después, exactamente a las nueve y siete minutos, dejaba de existir rodeado de su cuadrilla y amigos.

El día 27 de junio se celebró el entierro, que constituyó una sentida manifestación de duelo y al que acudió un gran gentío. Había sido trasladado el cadáver de Juan Ruiz desde la enfermería de la plaza a la pensión donde se alojaba, que estaba situada en la calle de Jabonerías, casi al final. Desde allí salió el cortejo fúnebre, al que puede decirse asistió toda Murcia, compungida por el triste final que había tenido el valiente novillero siendo el comentario general que por ganar cincuenta duros (posiblemente era aquella la cantidad a percibir por su actuación) había perdido la vida. Enviaron coronas los diestros Facultades, Nacional y Moreno de San Antolín, el Club Taurino, gobernador civil, la empresa propietaria de la plaza, los amigos de Murcia y Cartagena a quienes brindó el toro, Litri, la empresa que dio la corrida, cuadrillas de Facultades y Nacional, ganadero Flores, etc.Captura de pantalla (5)

Todos los gastos del sepelio fueron sufragados por la empresa que dio la novillada, y el cadáver del joven segoviano fue inhumado en el cementerio de Nuestro Padre Jesús.

Como curiosidades para enriquecer la historia de hoy, reseñare que fue el señor Zuñer el que llevó al novillero Lagartija II en Galera a la plaza de toros desde la pensión donde se hospedaba. El señor Zuñer era uno de los cocheros más famosos de Murcia y a no pocos toreros transportó con gran profesionalidad desde su galera murciana.Captura de pantalla (10)

Parece ser que por existir algunas diferencias entre el desventurado espada y la empresa, aquél no quería torear a las cuatro de la tarde, y un policía fue a la fonda para invitarle amistosamente a que se vistiera, de torero, a lo que accedió Lagartija, diciendo al policía: —Viene usted a llevarme a la plaza, mal empieza la tarde.

Por la mañana almorzó en la plaza con los otros espadas y varios amigos, y algunos de éstos lo gastaron bromas pesadas, tales como presentarle a un sacerdote, diciéndole qué era el que iba a darle la extremaunción. Otro de los circunstantes le dijo que él presidiría su entierro. Lagartija, muy molesto por las bromas, dijo a todos que si continuaban en aquella actitud se retiraría de allí y no torearía la corrida.

Desde aquella tarde de la que ya hace casi 100 años, los servicios médicos del coso de Murcia (tan deficientes y con justicia debatidos a raíz de la muerte de Pepete), entraban en una fase más humana, dotándole de un modesto quirófano con herramental quirúrgico del que antes carecían.

Por Julián Hernández Ibáñez.         @julianhibanez