FRANCISCO MONTES “PAQUIRO” EN LA PLAZA DE CAMACHOS DE MURCIA por @julianhibanez

Considerada la primera plaza de toros que existió en Murcia. La plaza, que recibió en un primer momento el nombre de Plaza del Barrio, hizo las funciones de plaza de toros hasta 1849, momento en el que esta actividad se trasladaría a la plaza de San Agustín.

 

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Además del espacio urbano que dio lugar a la plaza, como parte del proyecto fueron construidos un conjunto de edificios balconados de viviendas particulares cuyos propietarios debían permitir el libre acceso con ocasión de la contemplación de actos y fiestas taurinas. A modo de “cierre” se dispuso en su lado sur, a cada lado del comienzo de la Alameda de Colón, de dos casonas llamadas del “cabildo” y del “concejo”, propiedad de dichas instituciones para los mencionados festejos (hoy desaparecidas).

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EL FESTEJO

En una España donde la reina Isabel II todavía era una niña, la regencia la asumía su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, en plena Guerra Carlista, Murcia celebró una esplendorosa corrida de toros.

Murcia lucía en todo su esplendor, no había en la región un marco mas bello y lucido. La plaza se convertía en un anfiteatro ávido de celebrar un espectáculo gallardo y primoroso. Como decía un cantarcillo de esos años:

Vámonos Juana, a los Toros de Murcia, que son mañana.

En honor al cumpleaños del infante Don Carlos, tío de la reina Isabel II, se celebraron en Murcia dos festejos taurinos. Las torerías volvían a la ciudad.

Las campanas de la catedral replican, la ciudad se despierta, hoy es día de jubilo, la juventud madruga, se llaman a voces, apedrean balcones con esmero y unos a otros corretean por las viejas calles empedradas de la ciudad.

De las vecinas poblaciones llegan carruajes en tropel, lo que otro día era una ciudad tranquila y relajada, se convierte en estruendo de cascos de caballos y de chirriar de ruedas de los veloces carros.

Murcia está en la calle, en los balcones decenas de bellezas se asoman para ver esa serpiente multicolor de almas que van de un sitio para otro. De las fondas y cafés salen niños con la pícara intención de captar a los incautos forasteros, con la bolsa repleta, polvo y sed de justicia.

Es temprano todavía, los mas previsores cruzan el río y van a la plaza, quieren ver precios y los carteles definitivos. Los mas curiosos prefieren dirigirse a la catedral. -Que bella dicen todos, que bonica, ¿20 campanas tiene?

Invaden las tabernas, ruido de vasos y guitarras. No se habla de otra cosa, los toros, anécdotas, -Pon vino y aguardiente zagal.

Día de fiesta, día de toros, que mejor excusa para hacer mercado. Bajo los grandes álamos se refugian vendedores de frutas, naranjas, mandarinas y limones, los horchateros vociferan. Los zagalicos corretean por las calles, molestando a todo bicho viviente. Caballos y asnos esperan comprador entre corrillos de gitanos y curiosos.

En la plaza esta mañana se corrió una res para regocijo y jolgorio de la gente.

La mañana pasó, ya el sol ardiente alumbra en lo mas alto. El gentío se dirige a la plaza.

Tiene la capital entre sus monumentos, un puente colosal sobre el río Thader (Segura). Descendiendo la rampa de este puente, observamos una plaza de toros, ya vieja y sucia. Deben de quedarle pocos años. Desde luego ha conocido tiempos mejores y más gloriosos pero aún así luce esplendida y bonita para el festejo que nos espera.

El color grana predomina en sus balcones, el pueblo entero engalanado la abarrota, se escucha música marcial en cada esquina, gritos por doquier, la gente está contenta y ávida de ver toros.

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España pide toros, toros quiere esta nación civilizada y culta.

La gente al sol refunfuña, los rayos ya son abrasadores en marzo.

Abajo, pegadico a la barrera se vislumbran entendidos de toros, viejos con sombreros grandes acompañados por jovencicas que parecen no importarles que la gente mire y cuchichee, -que valor tiene, con las arrugas que tiene el viejo!!

La plaza está llena, el Presidente su asiento ocupa,  observa de un lado a otro que el gentío está en calma esperando el despejo.

Ante la atenta mirada de la multitud, se produce un pregón que aunque no se oye, se le debe cumplimiento, -todo el que perturbe el orden, tendrá que pagar multa.

Se abre de par en par la gran puerta. Un hombretón a caballo con su vara y su vestimenta antigua, cruza el ruedo gallardo y altivo. Hace al presidente una reverencia y el gentío aplaude entusiasmado.

Tres mulas entran al galope al coso, bellamente adornadas con banderolas, hermosos arneses, campanillas y borlas. Corteses también saludan al presidente, dan dos vueltas al ruedo y desaparecen entre el griterío de los concurrentes.

Por fin salen los toreros, a la cabeza como único espada Francisco Montes “Paquiro” desfilan por la arena con aires de grandeza, con gallardía cruzan  el albero y se preparan para la lucha.

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Desde el balcón el Presidente arroja la llave, el alguacil la recoge y se la entrega al torilero.

Sale la res malhumorada, brava y altiva. Los picadores le esperan, le propinan dos buenas varas, el toro huye, pero vuelve, cae el caballo, al tiempo mismo el picador sin soltar la pica cae de bruces al suelo, chocando en los tablones, que golpazo! resonó como un trueno. Suelta la plaza un grito, los peones desplegan las capas ante la furia. El toro se ensaña con el caballo y Montes sin pensárselo, agarra la puya con una mano, con la otra ayuda al picador a levantarse, se dirige a la res y le clava un puyazo, el toro dolorido se detiene y retrocede.  Bravo, bravo! la plaza aclama al héroe.

Ya descansando los picadores, Montes sale al albero entre aplausos y algún que otro improperio. A la plaza va de todo, unos de buenas y otras de malas.

-Zo malon grita un mozo del tendido.

-A los medios, otro grita en la lejanía.

-Éntrale y que te mate, grazna un beodo.

-Para eso se te paga, otro rebuzna.

-Verónica, navarra, tijerilla, se oyen voces en el tendido.

-Toro, toro grita Montes, el toro aprieta, embiste, alcanza y rasguña la capa. Lancea con garbo y prestancia.

Garrocha quieren y garrocha tendrán. Montes la agarra, pega un salto prodigioso y cae limpio por la cola,  el toro vuelve y repite soberbia la embestida. Montes sin pensárselo repite de igual forma y éxito la suerte, el público enloquece, vivas, hurras.

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La tarde prosiguió exitosa, seis toros, seis, mató ese día Francisco Montes “Paquiro”. Murcia se rindió al valiente matador y Montes devolvió el cariño de la única forma que el podía devolvérselo, con valentía y buen hacer.

                                                                             @julianhibanez