CHIQUITITO

historico-aniversarioNo recuerdo con exactitud la primera vez que entre en ella. Lo que tengo claro es que desde bien pequeño la llevo dentro. Tuve la suerte de que mi padre trabajaba en una empresa cuyo dueño regentaba la propiedad de la plaza y les dejaba a los empleados llevar las cantinas para sacarse unos cuartos de más. No sé muy bien que día se le ocurrió a mi padre llevarme con él,  pero de esa idea salió el flechazo que a día de hoy sigue sangrando. Hay amores que no duelen y este es como el de una madre que te acoge y te enseña para que luego camines solo.

Apoyado en la barandilla de las escalerillas del tendido de sol, sin sentarme por si saltaba el toro y salir corriendo a refugiarme a la cantina, las lecciones cada tarde eran como ir a clases de un maestro que siente su profesión. Lógicamente, a mi padre lo llevaba loco por querer irme siempre con él incluso cuando por circunstancias no podía ser. Y es que había empresarios que repasaban con minucia el personal que entraba a trabajar a la plaza, incluso si era un niño de 6 años. A mí, escondido detrás de unas cajas de Coca Cola en un viejo almacén bajo el tendido de sombra, nunca me encontraron. Seguro que por ella no me descubrieron. A cambio, me hizo de la religión del natural de frente. Esa que era ya santo y seña de la afición más exigente. Cuando vi torear a Pepín, todo cambió. Su personalidad me hizo entender que el toreo no es una factoría china, es algo artesanal salido de las muñecas de un valiente. También me regaló varios momentos únicos. Compartir una bolsa de pipas con El Juli mientras se escondía del agobio de la gente o hablar de fútbol con el mismísimo Morante el día que puso su primer par de banderillas de matador de toros. Estas son solo dos situaciones agradables del anecdotario personal que algún día, sí se da la ocasión les contaré. Si supiera un torero de Murcia que tengo una foto con él firmada no se lo creería………

Cuando me vine a dar cuenta era aficionado a los toros. Tanto va el cántaro a la fuente que dice el refrán. Cada tarde en casa de mi madre era una fiesta. Si había toros, llegaba la tempranera. Y las miradas al cielo. Y más de un llanto cuando se suspendía por lluvia.

El sorteo de las doce era una cita obligada. Las conversaciones de toros que allí salían eran enriquecedoras. En Sutullena crecí taurinamente hablando. Ya de abonado en el tendido 3, cuando los propietarios de la plaza quisieron quitarles los cuartos de más a los trabajadores, pude disfrutar de grandes momentos. Momentos que como los mandamientos se encierran en dos. Los seis toros de Pepín Jiménez y el nacimiento de un nuevo valor delante de una corrida de toros de Victorino Martín del que más adelante hablaremos.

Si aquel 12 de mayo de 2011 la pena y le dolor inundaba Lorca por las pérdidas humanas y materiales tras el episodio de terremotos, para los aficionados a los toros saber que la plaza de toros de Lorca estaba dañada incrementaba la pena.

Fueron pasando los años y esa certeza descubierta de la propiedad de la plaza cada vez estaba más presente. Para los que esa plaza significaba todo, verla abandonada era como un puñal que poco a poco te va penetrando el corazón. A pesar de todo ello, la plaza ya había seleccionado a varias historias como las que les relato para que se fusionaran y de eso saliera la fuerza para levantar cada ladrillo.

Las fotos del ruedo lleno de matas y árboles dieron la vuelta al mundo. Algunos se jugaron el tipo para dar a conocer algo que el mundo del toro estaba olvidando. Por las redes sociales ya se podía leer ese grito de guerra de la afición de Lorca. Pero fue en 2015 cuando el nuevo valor estalló en la realidad más sincera. Otra religión torera lorquina nacía y con ella la gasolina para recuperar la catedral para venerarla.

El Club Taurino de Lorca con Juan Coronel al frente hizo suyo el SutullenaYa y lo sacó de las redes sociales para pasearlo por todos los rincones del mapa taurino. No se dejaron nada dentro. Hablaron con todo los que tuvieron que hablar para restablecer la normalidad taurina en la ciudad del sol y le pusieron luces a los días negros sin la plaza de toros de Lorca con actividades taurinas todo el año. A la vez que el Club Taurino crecía lo hacia la carrera de un torero, que hoy por hoy, es el predilecto de la afición de toda España. Para colmo, Paco Ureña acogió en su capote el grito de la afición de Lorca.

A la alcaldía no le quedaba otra. El Ayuntamiento tarde o temprano tenía que hacerse con la plaza de toros. Y aquí también es justo valorar la valentía de un consistorio que apuesta por un recinto taurino en tiempos donde la moda sería irse al lado opuesto. Fulgencio Gil, pero también el Partido Socialista y Ciudadanos han mirado por Lorca y eso es de agradecer.

Entre tanto valiente. Entre tanto luchador pero sobre todo trabajador es normal que el éxito llegue. La Comida del Club Taurino de Lorca del pasado domingo fue la gran fiesta del toreo de la Región de Murcia y dejó claro que la afición es la joya de la corona. Que hay que cuidarla, conservarla y potenciarla. Sin ella nada es posible.

La afición mueve montañas y hace que los sueños estén más cercanos. Incluso cuando todo se daba por perdido, como en Lorca, el sueño se puede hacer realidad.

Una realidad que te devuelve al principio y  hace sentirse otra vez escondido, como aquellas veces, detrás de las cajas de Coca Cola. Vuelvo a ser chiquitito entre tanta grandeza. Esperando las nuevas enseñanzas de mi querida, de mi amada, de mi añorada Sutullena.

Fran Pérez @frantrapiotoros