Ureña corta una oreja en Pamplona el día que el silencio llegó solo

DET4HwZWAAAAnQWQue pronto se olvida que los toreros dejan su vida en el ruedo. Que poco conocimiento de las peñas, que se emborrachan y meriendan porque cada tarde hay tres tíos y sus cuadrillas que deciden poner sobre el tapete sus ilusiones delante de los afilados pitones, que a veces parten corazones y rompen femorales para la grandeza y credibilidad de la fiesta de los toros. En el inicio de la tercera corrida de toros de la feria de San Fermín faltó el minuto de silencio para Víctor Barrio. No vale eso de que no era obligado. Lo que es, es que era necesario. Así lo vio el lorquino Paco Ureña, que hizo el paseíllo desmonterado como gesto de respeto a su compañero caído y liado con un capote negro al igual que el extremeño José Garrido. A falta de silencio, buenos son los gestos. Que la tauromaquia es verdad, lo tuvo que recordar el primero de la tarde propinándole una tremenda cornada al banderillero Pablo Saugar “Pirri”. El silencio llegó solo.

Curro Díaz anduvo voluntarioso con el desclasado primero. Un animal que protestaba y con el que el de Linares realizó una faena por las afueras en la que se mostró muy precavido y despegado pero que la envolvió con ese manejo y gracejo con el que maneja la muleta. Mató de una fea media estocada, dio un descabello y tuvo que volver a entrar a matar para terminar con la vida del animal.

La lidia del cuarto quedó sin pena ni gloria por la merienda. El segundo del lote de Curro fue un toro bruto con y manso con el que Curro, más confiado que con el primero, dejó detalles de gusto ante la indiferencia del personal. Hay que destacar una tanda por el pitón izquierdo de gran belleza pero que se diluyó en una faena larga y sin sentido por la mansedumbre y poca gracia del ejemplar de El Puerto de San Lorenzo.

Paco Ureña recibió de muy buena manera al segundo de la tarde. Un animal que derribó al caballo que montaba Pedro Iturralde y que llegó a la muleta con poder. Dio amplias oportunidades para el triunfo el buen ejemplar de El Puerto de San Lorenzo, unas oportunidades que se mezclaban con la complicación que da la casta. El del Puerto se arrancaba de largo con emoción y dejó patente en el inicio por estatuarios de Ureña, que la clave de la faena era darle distancia. Ureña no le dio la medida que pedía el toro y la faena se basó en la distancia corta con las lógicas protestas de buen ejemplar a las que Ureña le puso firmeza y entrega. El trasteo que no salió todo lo limpio que él ni nosotros deseamos se quedó con la incógnita de que hubiera pasado si el toro obtiene la distancia que pedía. En Pamplona la espada manda. Y Ureña, en este toro estuvo acertado con ella, recetando una estocada entera un punto desprendida que remató a la res y que desencadenó una petición de oreja que fue atendida por el generoso palco pamplonica.

El quinto salió sin mucha gracia y quedándose parado ante los capotes que le ofrecía la cuadrilla de Ureña. Derribó al piquero tras un arreón de manso a la cabalgadura que montaba Vicente González, que también fue descabalgado en el segundo encontronazo por la dureza del topetazo del toro contra el peto. En la tercera entrada, ya el picador le dio un puyazo largo y sin sentido para calmar el ímpetu del animal. En la muleta el del Puerto puso su mansedumbre y arrones de manifiesto ante un Paco Ureña con sed de triunfo que le buscó las vueltas por el pitón derecho y que no pudo encontrar el agua buscada para terminar la tarde con Puerta Grande. Por el izquierdo tampoco pudo ser y todo quedó en las ganas de agradar del lorquino. Esta vez Paco no estuvo fino a la hora de matar y fue silenciado.

José Garrido se topó en primer lugar con un toro complicado y difícil con el que no pudo ni tan sólo justificarse. El extremeño intentó agradar pero el toro se le puso cada vez más complicado hasta el punto de que el toro se adueñó de la situación le hizo pasar un calvario para matarlo. El sexto fue un toro de la Ventana del Puerto, de origen Aldeanueva, que dejó expresarse bien con el capote a Garrido que dejó varías verónicas de gran hondura. En la muleta, Garrido comenzó la faena de hinojos captando la atención de las peñas que se volvieron a meter en la corrida por el arrojo del torero, que ya en pie dejó series ligadas sin demasiado temple. El torero, con menos reposo que otras veces, intercaló intenciones con pases enganchados. Lo mejor llegó en una tanda de naturales donde el torero consiguió relajarse algo más y los enganchones desaparecieron. De menos a más la faena que acabó con efectismo para terminar de que el público se entregara. Pinchó a la primera para recetar una estocada entera a la segunda que le valió una oreja.

Ficha:

Plaza de Toros de Pamplona. Domingo 9 de Julio de 2017. 3ª Corrida de Toros de la feria de San Fermín.

Toros de Puerto de San Lorenzo, grandes, mansos y de escaso juego, excepto el encastado 2º. Uno, el 6º, de la Ventana del Puerto, noble y colaborador.

Curro Díaz: Palmas y Silencio

Paco Ureña: Oreja y Silencio

José Garrido: Silencio y Oreja

Entrada: Lleno

Fran Pérez @frantrapiotoros

Fotos: Emilio Méndez para Cultoro.

 

 

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