LA CRÓNICA DEL DÍA DESPUÉS: “ESCANDALOSO SILENCIO” (Madrid, 15 de mayo)

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Cuando salió el quinto toro de Montalvo y se tiró al cuerpo de Paco Ureña, estrellando a este contra las tablas, un rayo de silencio con gesto de palillo que trincha aceituna recorrió nuestro cuerpo. No era momento de comentar la jugada, porque el susto hizo que las lenguas descansaran por el miedo de ver al torero doliéndose de una posible fractura de hueso en brazos de las cuadrillas. Roto de dolor el torero, un halo de suspiro recorrió entre los aficionados al ver al lorquino vivo y sin cornada. Lo peor era pensar que el toro le había partido la rodilla. No sé por qué, pero los que hemos mamado el toreo por la tierra que baña de secano el Guadalentín, escuchar una lesión de rodilla es como ver una bicha de paseo por la sierra.

No consistió el lorquino de ninguna manera, que se lo llevarán a la enfermería. Sentado en el estribo, recuperándose del mareo del trance y seguro que dando gracias al capote de San Isidro, a la majestad de la Virgen de las Huertas o al divino destino, Ureña vio como el toro era una borrica sosaina con la que muy poco podía hacer. Y lo que podía hacer lo hizo, un sincero esfuerzo, jugándosela delante del animal que no tenía un pase, dando el pecho y quedándose quieto. Valentía con dos tormos atados a las piernas y una espada que tiene que afinar. Fue lo único que no le funcionó. Ureña sigue con todo el crédito en Madrid y si la resonancia, a la que en la mañana de hoy martes 16 de mayo, no dice lo contrario y los ligamentos de la rodilla siguen en su sitio, el martes 6 de junio, con los toros de Victorino, Paco tendrá la alegría que paga tanto esfuerzo y dolor.

El primero de su lote, con problemas de visión, no fue un toro acto para el triunfo por su sosería y deslucimiento. Un toro que debió ser devuelto a los corrales, pero parece que este año en Madrid, hay instrucciones para que el pañuelo verde asome lo menos posible.

A los corrales también debió ir el primero. Un auténtico inválido que el presidente se empeñó en colarnos y con el que sólo pudimos ver intenciones y mala espada de Curro Díaz pánico de las cuadrillas al ver que el chochón toro prendía y hería de gravedad al banderillero “Lebrija” al salir trastabillado de un par de banderillas. 

El escándalo llegó con el cuarto. Un toro de preciosas hechuras, negro salpicado, bragado y meano que por su capa seguro que llevaba algo de la sangre Martínez y que tantas buenas nuevas ha dado a esta ganadería salmantina. El toro fue de bandera. Fue al caballo con alegría y metió los riñones de verdad con la cara abajo haciendo las delicias del exigente público de Madrid. Y en la muleta, fue lo que en el caballo cantó. Curro Díaz tuvo la generosidad de darle distancia. El extraordinario toro se arrancaba de largo y metía la cara por el pitón izquierdo como cuando el amor pega los flechazos en el corazón. Pero Curro no lo entendió. Y su toreo sólo dejo detallitos cuando en realidad había un toro para reventar al natural. No consiguió una tanda limpia, ni se ajustó lo que todos deseábamos ni tampoco probó al toro por el lado derecho, que era un pitón complicado pero que no debe el torero privar de ver al aficionado. Todo quedó en decepción soberana con bronca sonora para el torero y en una ovación unánime para el buen toro salmantino. El mejor de lo que va de feria.

López Simón estuvo desnortado y anodino toda la tarde. Cuando se sabe que Madrid te va a medir, al menos hay que poner los ingredientes necesarios para callar a los discordantes. Pero el madrileño estuvo que ni fu ni fa con el noble y toreable tercero, al que otro torero con más alma, hasta podría haberle cortado oreja. Y con el sexto, fue un zombi delante de un toro zombi y aquello parecía un capítulo de “The Walking dead”

Fran Pérez @frantrapiotoros para ElMuletazo.com

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