EL DÍA DESPUÉS DE LA GOYESCA: UREÑA EN EL K2


Cuando la tarde se pone cuesta arriba como la pendiente del Everest tan sólo queda convertirse en Juanito Oiarzabal para poder ascenderla. Y eso es lo que paso ayer en la plaza de toros de Las Ventas en la corrida goyesca del 2 de mayo.

La casualidad hizo que el fútbol, ese deporte que tiene a media España atontada, coincidiera en uno de sus partidos más transcendentales entre los dos mejores equipos de la ciudad de Madrid con el festejo. Esa fue la primera piedra empinada que se encontró la tarde para su normal desarrollo. Luego, la inclinación del festejo fue subiendo a medida que salían por chiqueros toros de escaso remate para la primera plaza de toros del mundo. Escaso remate y fuerzas limitadas, es el ingrediente perfecto para que el tendido 7 se convierta en un volcán en erupción que echa tremendas columnas de lava cuando un presidente se ahorra los sobreros y cambia el tercio con el toro inválido besando el ruedo. Súmenle a eso, unas lidias nefastas, propias de capeas y tercios de varas que eran refilonazos. Normal que se armara la marimorena.

Ante el panorama, los vestidos goyescos de los toreros se convirtieron en ropa de montañeros. Con el primero, Urdiales y Ureña compitieron en dos quites de soberana belleza. Diego Urdiales estuvo con ganas toda la tarde. Al primero le realizó una faena pinturera, abusando en varias ocasiones del pico de la muleta, pero que envolvió muy bien las medias embestidas del ejemplar de Salvador Domecq. Una faena quizá sin el poso necesario para llegar a ser de oreja pero que gustó he hizo ilusionarse a la gente en el primer capítulo del festejo. Diego recetaría una estocada atravesada y atronaría al toro con un descabello y saludaría una ovación desde el tercio. El tercero de José Vázquez fue un manso con movilidad que protestaba cuando tomaba la franela. Ante la protesta, Urdiales le aplicó serenidad. Acertó a templar la embestida y terminó dejando sobresalientes naturales  que el público cantaría. La faena fue a más por la calidad del toro por el pitón izquierdo hasta llegar a cotas para ser de premio. Tras dos pinchazos y tres descabellos Urdiales se quedó sin tocar pelo y saludó otra ovación.

El quinto, culipollo y mal presentado para Madrid, fue un animal exigente que llevó a Urdiales por el camino de la amargura. La tarde del torero, que fue poco a poco escalando, terminó en peñazo importante al no verlo claro con el de Victorinao del Río. Literalmente se le fue sin torear, pero siendo conscientes también, que la exigencia de ese toro le hace a tres cuartos del escalafón pasarlo como Gagancho en Almagro.

Paco Ureña fue a escalar, y al primer paso se pegó un tropezón al encontrarse con un inválido, chico y párvulo toro con el hierro de Salvador Domecq. Quizá faltó algo más de picardía para propiciar la devolución del astado y con ello haber evitado la desagradable escena de ver como un animal bravo queda destronado en la primera plaza de toros del mundo. Tampoco se sabe a ciencia cierta, si Trinidad, ese presidente que va de escándalo en escándalo y no es el único que lo hace desde ese palco, hubiera sacado el pañuelo verde.

El cuarto fue un manso que tomó las telas con nobleza pero sin chispa. El lorquino realizó una faena en dos partes. Una en la que fue haciéndose con la embestida del toro, enseñándole los caminos y otra, está ya mucho más arrebatada, donde Ureña dejó mucha verdad con naturales de frente cotizados envueltos en expresión y sentimiento. Caló fuerte en el público por la manera de relajarse y torear como si estuviera en las nubes. La espada y mal manejo del descabello dejaron una posible oreja en una ovación desde el tercio.

El sexto fue un buen animal de buena embestida y trasmisión de Victoriano del Río que tomó las telas con emoción en los primeros compases de faena. Ureña le dio distancia y el toro respondió en tandas ligadas rotundas de naturales y derechazos que entusiasmaron al público y que hacían prever una faena de las que se recuerdan. Pero cuando todo estaba para que el sentimiento hiciera de las suyas, el torero acortó demasiado las distancias con el toro y el burel se orientó. Fue aquí cuando Paco, sabiéndose en la cima del K2, eligió que las manos se le helarán y coronar la cumbre que  bajar rodando de la montaña tras el alud de no haber estado a la altura del toro. Por lo criminal, y jugándosela en cada cite, Ureña se pegó un tremendo arrimón del que estuvo en más de tres ocasiones en el filo de la navaja. Esa manera de jugarse la vida sin trampa ni cartón llegó al público, que borró lo sucedido en la primera parte del trasteo y se quedó con el valor. Tras una estada desprendida, acabó pidiéndole una oreja que el presidente otorgó sin demasiada gana y que inaugura el marcador de los matadores de toros que cortan oreja en la temporada 2017 en la plaza de toros de las Ventas de Madrid.

Fran Pérez @frantrapiotoros

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