Crónica Sevilla: Paco Ureña nos sigue haciendo soñar

FullSizeRender11.jpgVolvían a reencontrarse el hierro de Victorino Martín y Manuel Escribano en el bellísimo escenario de La Maestranza este sábado en plena Feria de Abril tras el indulto de hace un año. Lo hacían con Antonio Ferrera y Paco Ureña completando un cartel de máxima expectación.

Ambientazo para la de Victorino en Sevilla con un lleno en los tendidos y con sol de primavera iluminado la plaza. La Maestranza estalló en una ovación al final del paseillo que iba directa al corazón de Escribano. El de Gerena compartió la emoción del momento con sus compañeros de terna. Y es que, todo empezó diferente en la tarde de hoy con un pasodoble no habitual. Tejera interpretó la pieza Manolete para homenajear los cien años del nacimiento del Califa cordobés.
El abreplaza salió al contrario, para la izquierda algo no habitual en los astados que casi siempre lo hacen directos a los tendidos de sombra. Ferrera que iba de turquesa y oro, recibió con buen ramillete de verónicas a su oponente, respondiendo echando la cara abajo y desplazándose con claridad. Empujó el de Las Tiesas con los riñones al caballo en sus dos entradas, una lo hizo con un pitón y la otra fijo abajo. En la inicial derribo con ahínco al piquero. Antonio y Manuel compartieron un tercio de banderillas variado y vistoso con un público metido en el festejo desde el comienzo. El extremeño brindó al respetable en los medios recibiendo el calor de la afición. Ferrera con la muleta en la diestra comenzó con buen son, consintiendo a su Victorino para confiarlo. Tras ver que su astado perdió fuelle y que marcó alguna vez miradas para tablas, lo desorientó de terrenos donde el se sintió más cómodo el de origen Santacoloma. Antonio se cruzó con él, se fajó con sinceridad y sin vender nada al público que entendió el esfuerzo del extremeño ante un toro con el freno echado. Pinchazo, estocada baja y ovación a la sinceridad de Ferrera.
Manuel se fue a chiqueros otra vez y van…Parece como si el de Gerena se hubiera echado esa obligación sobre su persona para agradar al personal.  Algo que a estas alturas de su carrera no es necesario salvo por el compromiso con la tarde. Se lo pensó el segundo de la tarde al ver a Escribano de rodillas más allá del tercio. Se arrancó como un obús poniendo en aprietos a Manuel con la arriesgada papeleta. Después recetó a la antigua usanza un veroniquear poderoso. Recordó la época de los años veinte. Asado que estaba a la retranca, pensándoselo en varas y durante la lidia. En el varilarguero empujó sin más. Cumplió. Ahora el tercio de banderillas fue al contrario, el sevillano invitó al extremeño. Tercio de poder y mucho riesgo entre los toreros y Victorino que estaba pendiente de todos. Un típico de la casa ganadera que buscaba por todos lados desarrollando mucho sentido ante su matador. Una alimaña de las que te meten en la cama y te quitan el sitio. Manuel lo intentó pero aquello era misión imposible. Dos pinchazos, estocada. Pitos al toro y silencio a Manuel.
Ureña recibió al tercero de la tarde con un extraordinario juego de muñecas llevando al toro muy metido en el capote, abriendo el compás y pasándoselo muy cerca. El murciano supo entender desde el principio la enclasada embestida que tenía el Victorino,  que hizo tercero. Un toro largo con más volumen que sus hermanos y que metió bien la cara. El primero de Paco no terminó de rebozarse del todo en el capote con un viaje corto.
Toro de comportamiento insulso humillador pero sin ir del todo con la potencia y la transmisión que se necesita para caldear el cotarro. Brindar público Paco Ureña desarrollando una faena siempre en los medios. El de Lorca, poco a poco se fue entendiendo con su oponente, en una faena a más. El toro recordaba a los astados mexicanos con una embestida muy agarrada al suelo. Le costó desplazarse al Victorino y le tragó Ureña ese viaje incierto. Ahí estuvo la clave en no dar el  toque, esperar que entrara en la sincera panza de la muleta y tras embarcarlo llevarlo atrás de la cadera. Ureña destapó su calidad y verdad, toreo que pone el alma en cada muletazo. Sus naturales de frente a pies juntos fueron de gran belleza y temple. A la faena le faltó mayor estructura en terrenos pero lo cierto que Ureña dibujó unos cuantos para el recuerdo. Oreja tras  estocada algo trasera y desprendida.
Ferrera estuvo brillante con el capote durante todo el conjunto de la lidia de su segundo toro. Una lidia sobre los pies muy torera y mandona del extremeño que gustó a la parroquia. Ferrera se expresó con el percal recordando épocas anteriores. El cuarto derribó al picador en una lucha importante en varas. La tarde que estaba cargada de connotaciones especiales sumó una más a la lista de la jornada. El emotivo tercio de banderillas que compartieron Ferrera y Montoliú recordando al maestro desaparecido el uno de mayo de 1992. El destino quiso que el homenaje también tuviera el susto en el cuerpo puesto que al salir del gran par se cayó en la cara del toro. Gracias a Dios solo eso un susto. La faena de Ferrera fue un verdadero consentimiento a la bravura. El extremeño se lleno de verdad en su bragueta y la puso a disposición de la autenticidad del toreo. Pelea entre el hombre y la fiera. La inteligencia sobre la naturaleza. Un Ferrera que aguantó épicamente las violentas embestidas del cuarto. El toro iba con todo, empujando y metiendo riñones en cada embroque entregando su bravura a la transparente muleta de su matador. Ferrera se puso en sitio con un corazón a cero de pulsaciones, sino no se explica cómo pudo con tanta violencia. El director de lidia formó un lío gordo haciéndose con él y poniendo sobre el amarillo albero su tauromaquia distinta. Se la jugó de verdad y salió vencedor con galones de torero macho. Oreja de mucho peso, a ley ante un toro con toda su barba.
El quinto se fue espabilando a medida que transcurría su lidia. Un toro ratonero, humillador y de embestida entregada y exigente. Toro muy toreable con la muleta y así lo entendió Escribano que le planteó una faena muy templada y suave. Manuel en tandas cortas pero de gran calado dibujó naturales de extraordinaria calidad y hondura. Escribano arrastró la barriga de la muleta tres cuartas partes para citar por debajo de la pala y embarcarlo hasta el final. Tuvo mucho mérito el sevillano que sacó un paso más al torear en paralelo al tercio. Lo había hecho especial Manuel, lo había metido en la canasta y lo toreó con todo el alma. La oreja estaba en el esportón camino de Gerena pero un inoportuno descabello se la quitó. Ovación tras aviso.
Ureña planteó un metraje sin balas. El  sexto tuvo una embestida entregada y con recorrido en el quite de Ferrera. Un  astado que pedía distancias y no atosigamientos que fue lo que se encontró el Victorino. El murciano se arrimó mucho, se jugó el tipo y buscó imponer su criterio en cercanías pero ahí la cosa iba de pasar paquete. En un derrote el cierraplaza lo volteó por la pantorrilla y apunto de calarlo grave. Ureña no acertó con las distancias ante el sexto que mostró alegría con más amplitud de terrenos. El quehacer del sexto no tuvo eco en una corrida normal de abono, pero especial en todo, hasta en su duración con tres horas exactas.  Y es que Victorino cuando viene a Sevilla hace que la Maestranza viva una jornada diferente.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Quinta de abono. Corrida de toros.

Seis toros de Victorino Martín.

Antonio Ferrera, ovación y oreja. 

Manuel Escribano, silencio y ovación. 

Paco Ureña, oreja y silencio.

 

Emilio Trigo para Cultoro y El Muletazo

FOTOS: Toromedia

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