Polope y Ramón Serrano, a hombros en la última clase práctica de escuelas

[Img #9735][Img #9736][Img #9737]Más de media entrada, cubiertas la sombra y el tendido 5 de sol y sombra, en la tarde de ayer en la Condomina para presenciar el festejo programado de las escuelas taurinas con alumnos llegados de Sevilla, Granada, Málaga, dos de la de Valencia y un alumno de la escuela murciana. Lidiaron vestidos de luces un encierro de erales de la ganadería jienense de “El Cotillo”. Bien presentados, con buenas hechuras y que en su mayoría sirvieron para el lucimiento de los alumnos a excepción del sexto, del que hablaremos en su momento, que fue un auténtico “regalito” para Rafael León, malagueño, precisamente el más joven con apenas catorce años y menos placeado entre todos los compañeros anteriores. Curiosamente, el novillo, llevaba por nombre “Naranjero” y les recuerdo que eran “los naranjeros” unas temidas escopetas que los huertanos de Murcia y Valencia se echaban al hombro para evitar los robos en sus frutales. De ahí el famoso nombre. Los “naranjeros” eran temidos pues sus cartuchos, casi siempre de sal, dejaban al amigo de lo ajeno “listo de papeles” durante una larga temporada. El novillo que cerró plaza llevaba ese nombre en su ficha y desde luego que hizo honor a la fama de aquellas míticas armas huertanas.

 

Lidió en primer lugar, vestido de blanco y oro, Jesús Cuesta alumno de la escuela taurina de Sevilla. Recibió con unas largas cambiadas al novillo y estuvo muy aseado con el capote en los medios. Ya, con la muleta, dibujó buenas tandas con ambas manos. Destacó una serie con la mano izquierda, en el centro del ruedo y una tanda completa rodilla en tierra que arrancó el aplauso de los tendidos. Dos pinchazos, media estocada y dos descabellos, tras escuchar un aviso, acabaron con la vida del novillo cuya muerte había brindado el sevillano a Pepín Liria. Ante la fuerte petición, la presidencia, concedió una oreja.

 

De turquesa y oro se presentó en Murcia el granadino Romera en la que fue su última novillada sin picadores. Hoy sábado, precisamente, el novillero de la ciudad de la Alhambra debuta con caballos en Torralba de Calatrava (Ciudad Real) ante un encierro de Fuente Ymbro. Estuvo aseado con el capote ante un novillo con escasa fuerza, pero de gran nobleza. Destacar el quite, por gaoneras, que realizó el valenciano Polope. Después con la muleta, Romera, dibujó buenas tandas con la mano izquierda. Componía mucho la figura, pero su toreo no llegaba a los tendidos. Se empleó en la franela sin llegar a rematar del todo. A la hora de la verdad acabó con el novillo tras un pinchazo sin soltar, media estocada y por último un bajonazo que era mortal de necesidad. Tras la petición del público José Ramón Amorós, que presidía la novillada, concedió una oreja.

 

Mucha expectación había levantado la presencia de Polope, alumno de la escuela de Valencia, en el coso murciano. Fueron varias las personalidades del mundo del toro que se desplazaron desde la ciudad del Turia para verlo en la Condomina. La expectación estaba también en los tendidos. Vestido de marfil y oro viejo, el valenciano, revivió en sus formas y maneras estampas de toreo antiguo. De lo que ya no se ve. Empezando por el vestido, el oro estaba desgastado, pero por antiguo, y sus formas y maneras de comportarse nos recordaba aquellos viejos reportajes en blanco y negro de los toreros del pasado siglo. El novillo, bravo y con presencia, comenzó apretando mucho por los adentros hasta el punto que los magníficos subalternos murcianos, que ayer lidiaron, Charra y Cama tuvieron que tomar el olivo tras poner banderillas. El novillo transmitía poco, pero Polope estuvo muy valiente y entregado. Embraguetado con él, se pasaba los pitones por la barriga sin encogerse. La figura erguida, sacando pecho y con un toreo muy vertical y de gran valor en la misma cara y entre pitones. Con las zapatillas clavadas en el albero. Escuchó un aviso y mató de pinchazo y estocada hasta las cintas. Fue premiado con las dos orejas. Curioso, incluso, fue el detalle de recoger los trofeos de manos del alguacilillo. Este chico ha tenido que ver muchas películas de Manolete porque tuvo la misma actitud que el inolvidable Califa. Cogió ambos apéndices con sus manos, como hacía el diestro cordobés, e inclinó la cabeza en deferencia y respeto ante quien le entregaba las orejas. Esto únicamente, en las viejas cintas en blanco y negro, se lo vimos a hacer a Manolete. Nada de abrazos, nada de efusividades, marcando las distancias hasta en eso y con una exquisita educación.

 

De fucsia y oro se presentó Ramón Serrano ante sus paisanos. El de San Javier salió a por todas desde el primer momento sin duda “picado” por la anterior actuación del valenciano. Eso es bueno y hace el toreo más grande. Recibió a “Bulliciosado” que así se llamaba el novillo, el primer negro del encierro ya que los anteriores eran coloraos y castaños, con largas cambiadas que desataron el delirio en los tendidos. El quite que hizo el valenciano Collado hacía mucho tiempo que no se veía en una plaza de toros. Una preciosa “brionesa” lance que en su día popularizara aquel mexicano llamado Pepe Briones. Brindó la muerte del novillo a su maestro Pepín Liria a quien sacó a la raya de picadores en medio de una gran ovación. Nada más abrir la franela, el murciano, hincó rodilla en tierra y dio una serie de preciosos muletazos en esa posición sacando al novillo de los adentros para llevarlo a los medios. Ya en pie ejecutó una tanda de naturales que fueron muy jaleados y aplaudidos por el público. Estaba muy a gusto el murciano con su oponente y en un momento que se confió se le coló el del Cotillo y le dio una voltereta afortunadamente sin consencuencias. Se levantó enrabietado y de nuevo se fue a la cara del novillo sacando otra tanda de enorme belleza. Mató de un pinchazo hondo y se le concedieron las dos orejas.

 

El quinto, de nombre Leñador, fue para otro alumno de la escuela de Valencia Borja Collado que estrenaba en la Condomina un bonito terno blanco y oro. Este novillo era algo más flojo que sus hermanos y el valenciano tuvo que cuidarlo en extremo pues cada vez que le bajaba la muleta perdía las manos. Le vimos a este chico muy buenas formas y maneras para ser torero. Muy quieto con la izquierda y entregado con la derecha ejecuta también el toreo vertical. La verdad que el chaval se pegó buenos arrimones. Brindó a su compañero Polope, a quien sacó a los medios, y como anécdota les cuento que aquello pareció más una alternativa que un brindis. No sabemos que se dijeron los dos chavales, pero estuvieron hablando bastante tiempo hasta que se abrazaron tras el intercambio de palabras. Alargó la faena y escuchó un aviso. Tras un pinchazo, media y descabello acabó con el novillo. La presidencia ante la petición mayoritaria concedió una oreja.

 

Cerró plaza “Naranjero”, del que ya les hablé al comienzo de esta crónica. Este colorao ojo de perdiz venía de la ganadería licenciado en sanscrito, latín y griego. Se las sabía todas y tenía más peligro que una caja de bombas. Quiso la suerte, la mala suerte, que le tocara a un joven alumno malagueño de apenas catorce años de edad Rafael León que, por cierto, es hijo de prima hermana del gran subalterno, ex matador de toros de El Palo, Juan José Trujillo. El chaval vestía un terno purísima y oro que acabo hecho unos zorros tras la paliza que le dio el del Cotillo. El novillo, desde la salida, hacía cosas raras. Se desentendía de los capotes y buscaba el cuerpo. Se colaba a hombres tras experimentados como Cervantes, Charra y Cama. Por cierto, que el ciezano, Antonio “Cama”, se vio precisado de los arreones que pegaba “Naranjero” y tuvo que tomar el olivo tan precipitado y con tan mala suerte que cayó de mala manera al callejón. Afortunadamente sin mayores consecuencias, pero, acabado el festejo, se quejaba de fuerte dolor en un dedo de la mano derecha. Con la muleta, a Rafael León, el novillo se le colaba y le avisaba. Se quedaba corto y sin salir del pase se revolvía buscando los pies del joven novillero. Con tal mala fortuna que en una de esas sacudidas que pegaba le enganchó, se lo echó a los lomos y le dio una tremenda voltereta que hizo salir de los burladeros a todos sus compañeros, subalternos e incluso Pepín Liria quien, de paisano y sin defensa alguna, corrió a levantar al chaval que había quedado tendido en el suelo de mala manera. En brazos de Liria fue llevado a la barrera donde tardaron un tiempo en reanimarlo después de echarle agua, quitarle la chaquetilla y enjugarle el rostro de la arena y la sangre del toro que le manchaba por completo. Tras unos minutos de tensa espera, el malagueño, volvió a la cara del novillo, pero ya para matarlo sin darle un solo pase más. Descompuesto como estaba le dio seis pinchazos. El toro se echó cuando estaba dispuesto a descabellar y en ese momento sonó el aviso. El público premio el valor y la entrega de Rafael León y pidió mayoritariamente la oreja que el palco le concedió.

 

Alberto Castillo

 

Fotos: Toromedia

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