Tarde redonda, con toros, toreros, orejas y puerta grande

[Img #9666][Img #9667][Img #9668]Lo que ocurrió ayer en el coso de la Condomina es lo que el público de Murcia, y pienso que de todas las plazas, quiere. Ver triunfar a los toreros y que salgan por la puerta grande. Sin más. Dicen de esta ciudad y de los murcianos que somos, en general, más toreristas que toristas. Queremos ver “puertas grandes abiertas” y la verdad que la foto de anoche con la terna a hombros saliendo a la Ronda de Garay es el mejor regalo que se puede hacer a una afición como la nuestra.

 

Pero para que todo salga bien, lógicamente, tiene que haber “toro” y ayer con los de Victoriano del Río tuvimos la suerte que, salvo el primero, el resto del encierro dio juego y especialmente el sexto de la tarde que entusiasmó en los tendidos. De no haberse rajado al final de la faena podíamos, incluso, haber presenciado un indulto tal era la calidad y comportamiento del cinqueño que lidió Antonio Puerta.

 

La plaza registró muy buena entrada con tres cuartos de su aforo cubiertos. Suave la temperatura, no con el agobio de días precedentes, y un ligero vientecillo que a veces estorbó para los engaños pero que, sin embargo, el público agradeció pues las temperaturas bajaron y eso en estas tierras nuestras siempre se agradece. Muchas caras conocidas en los tendidos. . Pero vayamos a lo que fue la corrida de la tarde.

 

Le tocó en suerte a Enrique Ponce un primero desrazado y sin clase. Un toro que se defendía constantemente y que no tenía un pase especialmente por el izquierdo ya que el maestro de Chiva lo probó por ambos pitones, pero por ninguno iba. Además, daba constantes gañafones y se defendía sin contemplaciones. Abrevió Ponce la faena, cosa que el respetable agradeció, y de una certera estocada acabó con él. Silencio en los tendidos tras alguna protesta en el arrastre. Salió enrabietado y entregado en su segundo, cuarto de la tarde, y ahí si tuvimos la suerte de ver a Enrique Ponce el de las grandes tardes de la Condomina. Le hizo una faena importante a un toro que no fue fácil para hacer el toreo, aunque era noble, pero el animal no terminaba de entregarse soltando la cara y sin querer nada por el pitón izquierdo. El torero lo fue haciendo poco a poco hasta acabar con él en la muleta y logrando que, el de Victoriano del Río, se quedará embebido en la franela y ya no se le fuera. Como siempre fue Ponce el que construyó una faena maciza en la que hubo momentos de elegancia y buen gusto. Apenas le tocó los engaños. Le tapó todos los defectos al astado. Estocada ejecutada a la suerte contraria y dos orejas.

 

Sensacional estuvo Julián López “el Juli” con el capote en su primero. Un toro del hierro de Cortes. Lo sacó desde los adentros a los medios con verónicas que gustaron y llegaron a los tendidos para ejecutar, más tarde, un quite por chicuelinas con el compás abierto que arrancaron los oles del público y una larga ovación al finalizar los lances de capa. Con la muleta realizó una faena importante, compacta y muy técnica. Acabó imponiéndose con autoridad al toro, sacando su buen fondo. El Juli demostró, una vez más, que nadie le ha regalado nada y que está por derecho propio en un lugar muy alto del escalafón. Variedad, frescura y firmeza del madrileño. Consiguió, tras una de las tandas, levantar al público de sus asientos para aplaudirle. Tras un certero estoconazo, algo trasero, rodó el toro sin puntilla. Dos orejas concedió la presidencia. El quinto, del hierro de Victoriano, fue un toro que protestó desde los inicios. Y se quedaba siempre muy corto. No repetía pese al empeño de El Juli, pero acabó embistiendo por abajo a la muleta que, a base de insistir bajándole mucho la mano, el madrileño logró que metiera la cabeza donde él quería. Estocada trasera y oreja. Destacamos que, por primera vez durante una lidia en la Condomina, se interpretó el pasodoble “Laureles de Murcia” una partitura escrita y creada por el maestro compositor José Ibáñez para el Colegio de Periodistas de Murcia con motivo del Centenario de la Corrida de la Prensa. Ayer fue interpretada magistralmente por la banda que dirige el maestro Félix san Mateo y cuando se escuchaban los “solos de trompeta” el público coreaba con continuos oles a la faena del Juli. Fue emocionante para los que hemos tenido la suerte de vivir la génesis de ese pasodoble que ya pasa a la historia de la música murciana.

 

El tercero de la tarde fue para el ceheginero Antonio Puerta a quien, por cierto, habían correspondido en el sorteo de la mañana, dos cinqueños que cumplían años precisamente este mes de septiembre. Buena actuación del murciano frente al tercero.  Comenzó con verónicas sacando el toro a los medios rematando con una media que fue muy aplaudida. El toro recibió un puyazo demasiado hondo y eso le restó facultades para el resto de la lidia. Pero Puerta realizó una faena interesante y estructurada. Estuvo aderezada con detalles de mucho gusto, ejecutada por ambos pitones, ante un toro de buen fondo y noble pero que se fue abajo de mitad de faena en adelante quizá por el largo puyazo al que le habían sometido. Estocada algo trasera pero suficiente y oreja. En el que cerró plaza el de la Ciudad de las Maravillas armó el taco. El toro era un “colorao” del hierro de Victoriano del Río herrado con el 43 en los costillares y de nombre Jilguero. Había dado en la báscula 501 kg de peso. Un toro que, para mí, fue merecedor de una vuelta al ruedo que nadie pidió cuando minutos antes de su muerte se estuvo “masticando el indulto” Enorme la dimensión de Antonio Puerta ante ese toro que tuvo una embestida de gran transmisión, viniéndose de largo con franqueza. Veía los vuelos de la muleta y allá que iba a buscarla Jilguero con un trote entregado y alegre de arco a arco del ruedo. Embestía con profundidad metiendo muy bien la cara en la franela. Puerta lo lució mucho dándole distancia y ligando las series con mucho asiento y torería. Se gustó el de Cehegín que, sonriente, realizó toda la faena. Lo llevaba de un lugar a otro de la plaza para terminar en los medios con pases que conseguían el delirio en los espectadores. Pero el toro, sin esperarlo nadie, se rajó. Y dijo “hasta aquí he llegado”. Puerta lo vio y no insistió más. Resolvió el final de faena con muy buen gusto. Estocada que le hizo rodar sin puntilla y la plaza puesta en pie pidió las dos orejas que le fueron concedidas por la Presidencia.

 

Cuando la terna salía a hombros por la puerta grande, viéndolos llevados en olor de multitud, pensé solo en nuestro paisano. Pensé en Antonio Puerta y vi a un músico extraordinario que interpreta las partituras de manera magistral pero que necesita un director de orquesta que no tiene. Todos los músicos, más grandes o menos, tienen siempre que tocar las partituras bajo la dirección de alguien que los hace más grandes todavía. Nuestro paisano, un gran músico, no tiene a nadie sobre el atril que le marque las partituras con la batuta.

 

Alberto Castillo

 

Fotos: Toromedia

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