Uno entiende que se trata de un hombre visceral, apasionado, aficionado pasando la raya y acercándose al forofo de la Fiesta. Ojalá hubiera muchos con este talante. Pero Soler es empresario de varias plazas y apoderado, y cuando se «ponga el traje» de esta condición, su talante tiene que cambiar. Entendemos que se emocionara viendo a Diego Carretero, pero no hacía falta gesticular en el callejón; era lógico como mentor que pidiera el puesto de Ginés Marín para su torero, pero habría que haber visto con frialdad esta situación ya que lo ganado en una tarde, se podía perder en la otra; comprendemos que tenga prisa por presentar carteles, pero el bombazo lo hubiera dado en Hellín, si hubiese esperado solo unas horas, para quitar a Michelito de la misma forma que quitó a El Soro, y dar una corrida mixta con Ferrera, Abellán y su torero. El alcalde y la afición de este pueblo, lo hubieran visto de maravilla. Un candidato a la Espiga de Oro, que con dos novillos con garantías, volvía un año después a su pueblo en donde debutó con caballos.
Las prisas son malas compañeras de viaje en el mundo del toro. Tiene a un buen torero, Soler es buena gente, le gusta innovar… y con una temporada por delante, habiendo calibrado ya lo que lleva, hay que hacer una buena planificación y poner a este chaval en circulación con tranquilidad, porque merece la pena.
