Rafa es un tío que no le vuelve la cara a ninguna corrida ni hierro. Ahí está para demostrarlo su historial y sus éxitos. Pero el Rafaelillo actual no es el de hace dos temporadas que por cuatro perras, los mínimos, se vestía de luces para ponerse delante de un corridón de Victorino, Cuadri o Miura y que al acabar y pagar gastos le quedasen 3.000 euros.
Rafa sabe lo que le ha costado llegar a donde está. Que se están produciendo cantos de sirena. Que el tiempo no pasa en balde. Que el año que viene cumple 20 de alternativa y que el final, no está muy lejano… y que por delante hay un futuro, dos crías y una familia para sacar adelante, y que aquellas limosnas forman paso de una época a la que no va a volver. Las empresas que quieran poner a Rafaelillo, que lo paguen. Así de sencillo. Y no que le paguen 30 monedas de plata (que otros aceptan) por jugarse el pellejo, sino lo que cobran otros, no la figuras, otros que hay están en las Ferias, en las plazas de Segunda, con repeticiones en Madrid, sin tener que salir a la desesperada… que se le respete a la hora de liquidar como la afición lo respeta como torero. El artículo de opinión de Marcial García en nuestro periódico viene al pelo. ¿Ocurrió algo de esto ayer en Alicante aparte de la lesión? ¿Lo mismo para torear en Murcia en Feria? ¿O en Caravaca? ¿Alguien se atrevería a mostrar los contratos de Villarrobledo o Dax?
