Rafaelillo, de vestirse de luces el sábado a hacerlo ayer de huertano en el día del Bando

Se siente y presume de ser murciano, y sobre del Barrio del Carmen, el más huertano de la ciudad, perteneciente al partido de San Benito, de donde salen los «coloraos», a donde llega y se despida a la Fuensanta, en donde el olor a azahar llega desde Santiago el Mayor o Patiño… y claro, ayer día del Bando, el matador de toros cambió las lentejuelas o el azabache del vestido de torear por el clásico chaleco, faja, zaragüelles, esparteñas… y con su mujer (Aki) y sus hijas Valeria y Claudia se fue a la fría mañana y tarde del popular festejo murciano, como lo hicieron así vestidos miles de paisanos.

 

No faltó la asistencia a esos «monumentos» gastronómicos que son las barracas y posteriormente a presenciar el desfile que muestra las costumbres de las gentes de esta tierra que hicieron grande a Murcia.

 

Rafa cambió ayer el sonido de fondo del pasodoble por el de jotas y parrandas; el bullicio de los tendidos, por el clamor popular; el misticismo de quien va a hacer el paseíllo, por la alegría de ir al lado de su mujer y de sus hijas…

 

Reconocido, saludado, gente que le pedía hacerse una foto con él o algún autógrafo, Rafaelillo está metido en la epidermis de este pueblo. Es querido y apreciado y ayer fue un huertano más entre esa legión que convirtieron el asfalto de nuestras calles en una prolongación de los bancales de esta huerta única.

 

No pocos taurinos conocidos, entre profesionales, aficionados, periodistas… también se sumaron a esta jornada en la que se reivindicaba lo nuestros, la forma de ser de este pueblo.

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