Pepín Liria, un «capitalista» de lujo para llevar a hombros a «Espartaco»

[Img #4827][Img #4828]Pepín le debe muchas cosas a Juan Antonio. Pepín tendrá mil y un defectos, pero saber ser leal con quien lo trata bien. Juan Antonio Ruíz «Espartaco» y su familia, lo acogió como a uno más de ellos cuando el de Cehegín daba tumbos por Sevilla y su carrera no estaba definida. Tentaderos, toreo de salón, entrar al carro bajo la atenta mirada del padre de Juan… muchas horas, días, meses de convivencia. El maestro de Espartinas quiso estar presente el día de la despedida de Pepe y posteriormente cuando el festival a favor de Lorca o del festejo goyesco del 125 aniversario de nuestra plaza.

 

Una amistad sincera. Cimentada en el afecto y el respeto. ¡Y como Liria no iba a estar el domingo en Sevilla cuando su amigo se cortaba la coleta!

 

Si ves a Pepín como jalea a los chavales de la Escuela cuando pegan un buen derechazo o natural metiendo los riñones, ya se pueden imaginar su estado en el callejón de  La Maestranza. Del sufrimiento inicial ante la incógnita de cómo podrían salir las cosas, a la alegría desmedida, eufórica, al acabar el espectáculo. Se abrazó a su amigo al acabar una vuelta al ruedo, se lo echó  a los hombros al finalizar la corrida, lo paseó por el ruedo, lo sacó por la Puerta de Príncipe, y fue feliz, tremendamente feliz, de ver la felicidad y la hombría de quien habiéndolo sido todo en el toreo, quiso ser agradecido a Canorea y hacer el paseíllo un domingo de Resurrección tras estar inactivo un montón de años.

 

La noche fue larga. Pepón había estado toda la semana al lado del torero en su finca colaborando en su puesta a punto, lloró cuando su hijo le cortaba la coleta, se emocionó al escuchar como Sevilla ovacionaba a  su no menos amigo Jose María  en recuerdo a su padre el maestro Manzanares… fueron demasiados nudo en la garganta en un solo día.

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