Un café mañanero

fran perez opinionYo he sido siempre de los frikis que han empezado el periódico por detrás. Y he sentido la mirada extraña de los que comparten contigo el café mañanero. ¿De qué va este? Pensarán. Pero la extrañeza solo tiene un objetivo. Seguro que tú también alguna vez lo has hecho. Es buscar esa página perdida en ese mar de letras, que sitúan entre los clasificados y la información deportiva. A veces, ni tan siquiera en una página. Es un recuadro escondido en lo recóndito que habla de toros. En la mayoría de ocasiones no encuentras nada y te dan los siete males. En otras, encuentras la noticia y te tranquilizas. Te sale un ¡Aleluya! callado del cuerpo. Y en otras encuentras lo que pretendes pero a lo mejor no era lo que tú esperabas encontrar. Eso mismo nos pasó a muchos aficionados el pasado lunes.

¡Camarero! Un manchado.

Y que la leche condesada se te atragante al ver la imagen con la que el diario La Verdad ilustra la crónica de mi amigo Paco Ojados. Definitivamente quien elige las imágenes en esa redacción es miembro de alguna asociación de cabezas rapadas antis. No es la primera vez que lo hacen. Cuanto más fea y dañina más les vale. Me cuentan, que en Lorquí, el pasado año, el fotógrafo de este diario le hizo fotos a los anti taurinos y se fue. No le importaba lo que pasaba dentro de la plaza. La noticia era la que seis chillaban, cuando dentro, dos mil decían olé.

Las crónicas de mi amigo Paco necesitan de buenas fotos. En la Región tenemos fotógrafos de los buenos, a los que no les importaría ceder una imagen para que en La Verdad luzca “de verdad” el arte de la tauromaquia y la fotografía. Permítanme ponerles como ejemplo a nuestros fotógrafos, Pedro Laforet y Raspa que torean por naturales cámara en mano cada tarde de toros.

De la indignación al ver esa imagen, el periódico se me puso en la sección de pasatiempos. Cuál fue mi sorpresa al ver dos imágenes de dos animales bravos, un novillo de Madrid y un toro de Cieza. Arriba ponía las mil diferencias. Se le acabó la tinta al boli de tanto hacer circulitos.

La cosa es que el toro de Cieza tenía apariencia de novillo y el novillo de Madrid parecía toro. Y a partir de ahí se van encadenando los errores. Una figura, que cobra cuatro veces más que el novillero, torea un toro que parece novillo. Un novillero que va por los mínimos y gracias, tiene delante un animal cuyas defensas están integras, al contrario que el toro de Cieza. Lo fácil para el experto y lo difícil para el amateur. Así esta este mundo del toro.

Si no queremos salir en las páginas de Nacional, el mundo del toro debe dejarse de pasatiempos. La verdad y la emoción con la que se vivió la primera novillada en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, contrarresta con el espectáculo orquestado y anodino de las figuras.

No quiero un toro zambombo en Cieza, pero si un rival que este al nivel de la categoría que tienen los toreros cuando se les llama “figuras”. ¿Es tan difícil respetar a los públicos? ¿Tiene el espectador de Madrid más derecho de ver un espectáculo real que el de Cieza, si en los pueblos los toros son más caros?

Vamos a decirlo que se sepa. Si un empresario organiza una corrida de figuras en un pueblo tiene que pasar por el aro o no la organiza. Y el aro es llevar el toro que quieren las figuras. Y si alguno se sale de madre se queda en la finca, y si alguno tiene alguna punta por error, no se queda ni de sobrero y de vuelta a la finca.

No me gustaría nunca abrir el periódico por delante, y ver una foto fea, y en portada, y que además, el titular ponga algo de “la estafa a la afición a los toros”

Y eso no lo habrá conseguido ningún mal fotógrafo, ni ningún jefe de redacción anti, ni ningún niñato con un bote de pintura roja, eso será obra del sector taurino.

Que no busquen culpables y se miren al espejo.

Fran Pérez @frantrapiotoros

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