TÚ SOLO

marcial opinionCon un título como este, en un portal taurino, ustedes son muy libres de pensar que me dispongo a realizar una reseña por esa maravillosa película de igual título que, allá por 1984, realizó Teo Escamilla sobre la soledad del torero. Y no van muy desencaminados en su pensamiento.

            A veces, quizás que demasiadas veces, en nuestro afán de querer ayudar, en el confundir nuestras aspiraciones con las de los demás, damos consejos que sería mejor callarlos. Pero el corazón, de todos es sabido, poco sabe de razones y con la sinrazón más pura y altruista puede causar desasosiego. El efecto contrario de lo que se buscaba.

            Tengo algunos amigos toreros.

            Unos en la cima del arte y la madurez, otros que, aunque presagian metas elevadas, se encuentran en el agraz de la uva de julio.

            Algunos, por proximidad en el afecto, han sufrido mis afanes de centauro Quirón con el Heracles joven. Y claro, en mi desmedido deseo pedagógico, he hablado de metas y sacrificios, de euritmias en el arte y de filosofía en el sacrificio.

            Pero a veces, las palabras se elevan demasiado y se pierde la noción de lo real y se aproxima a lo onírico inseguro.

            Quizás que debiera callar, que uno se juega la vida a su manera; que las metas las marca quien corre y suda el trazado. Pero es demasiado fuerte el afán de ayudar a quien se quiere y admira, creyendo que se tiene la clave del recto camino, el viático hacia el empíreo deseado. Pero quizás debiera callar.

            Sin embargo, antes de sellar con el silencio cauto mis labios, quiero dejar esta reflexión, deducida con el paso de los años, mientras sufría por el destino y el estado emocional del héroe que velaba sus armas y sus sueños.

            Quizás demasiado escuetas y duras. Pero desnudas de retórica y terriblemente verdaderas. Aquí están.

            Tú solo, como un día, en tu decidida soledad infantil, decidiste seguir este delirante camino de sueños, tú estarás solo. Solo ante ti y tus miedos y tus sueños. Solo ante la terrible soledad que quema. Solo ante la duda y ante el triunfo. Solo ante el destino que tiene facas de luna. Solo ante el éxito que embriaga o el fracaso que hunde. Solo. Siempre solo.

            Tu cuerpo, de bronce y calentura, protestará. Tu mente, caballo desbocado, cabalgará por caminos impensados… Y, solo, notarás el sudor frío que recorre, como regato helador, el valle marmóreo de tu espalda. Y tú estarás solo.

            Vestirán tus carnes modeladas con sedas y dorados, para entrar glorioso en el introito de la liturgia. Palmearán tus espaldas, halagarán tus oídos con deseos de suerte y con venturas. Pero en el túnel oscuro del tumulto bullanguero, estarás solo. Tú y tu voluntad, que son una misma cosa.

            Y luego, después del latigazo del clarín, tú solo, en la arena, solo ante el toro; solo ante el destino. Y tú solo, solo tú, tendrás la clave del futuro entre tus manos.

            Desde mi soledad, pediré al que es Único y Solo. Y Él, solo Él, sabrá el tenor de mi plegaria.la-soledad-del-torero

Por Marcial García

 

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