TRES ENCERRONAS TRES

marcial opinion(Por una vez, y sin que sirva de precedente, esta sección va sobre lo bien que se siente el escribiente)

            Antes, cuando las cosas del toro aún eran presentables; cuando los toreros eran eso y no productos del marketing, el que se sentía figura reclamaba una encerrona con una de Miura para finalizar temporada.

            Uno se siente torero aunque no figura, por lo que no esperaba que esta situación le sucediera. Hasta tres encerronas y la que, de forma institucional, aún queda, lleva uno para terminar su jornada-vida laboral. Y, la verdad, es que no estoy preparado para tanta emoción.

            Un poquito más de cuatro décadas, dedicadas a mi ilusión vocacional han tenido la culpa. Y claro, uno no quiere dejar de airear el evento, aunque sea contrario a mis normas habituales, que dejan estos asuntos para la intimidad. Veamos:

 

-La primera, el día mismo de mi cesantía, la organizaron mis amigos de la Vega Baja. Aprovechando una oferta de hace más de un año, para probar las pelotas de Faustina, ésta, con la complicidad de su marido, Gil, y la ayuda de Loli e Ignacio, me prepararon la encerrona en Benferri. Utilizaron la excusa de la visita a Santo Domingo de Orihuela y a la casa de Miguel Hernández, para dar tiempo a que llegaran los conjurados. Cuando llegamos, en el saloncito-museo, había muchas sorpresas: Concha y Manolo, Loli e Ignacio, Juanvi y Mariajosé, Paco y Maricarmen… Además, la familia de Gil y Faustina. Para ayudarme a la faena, un torero: Mi querido amigo Iván Pérez… Lágrimas de contento, sorpresa y agradecimiento. Además, las pelotas de Faustina, las manitas de Loli y el arroz ¡para chuparse los dedos! Regalitos y detalles de mi gente.

 

-La segunda, el 19-feb. La excusa, una invitación de mi hermano. Sin la menor noción de lo que se tramaba, en el restaurante de Josepascual, en La Puerta, con la complicidad de González, mi hermano Javier y mi cuñada Francis habían preparado otra encerrona. Con más inocencia que un 28-dic, abrí la puerta  y ¡zas!: González; mi letrado de guardia, Antonio; Pepe y Loreto; Pamelas y su hija Daniela; Mari y Cobos; Faustina, Loli e Ignacio; Manolo y Josefina; Nuria y Joseluís; mi colega Juanmi… y ¿cómo no? otro torero en nómina: Filiberto, amigo entrañable y esperanza fundamentada… Los detalles en forma de regalo, las “trolas” indirgadas por mi cuñada para conseguir material para el álbum del recuerdo, el recitado de Joseluís, el toque de Pepito, el cante de Nuria… hasta un servidor se permitió cantiñear. Regalos varios, pero para mí el mejor: tanto cariño recibido.

 

-Y la tercera, el pasado viernes 10-mar. La excusa, asistir a la asamblea del Club Taurino de Calasparra y, después, compartir unas cervezas. Sorpresa total. Hasta, como apuntaba alguien, asistí con mi torpe aliño indumentario: chándal y bambos blancos. Eso sí: la camiseta negra era Chanel número 5. Paco, el presidente, y la junta directiva se habían ido encargando de hacer la convocatoria secreta. Casi todos presentes. Algunos excusaron por imponderables e imprevistos. Otros –Ángel Moya, abuelo Vidal o tito Pedro- porque nos miraban desde arriba… otros… mejor no decir nada. Y, por supuesto, otro torero para el apoyo: Ángel de la Rosa, quien fuera mi poderdante y es tan querido amigo. No nombro por miedo a quedar mal, pero hasta familias enteras estuvieron presentes. Recuerdos, palabras inmerecidas y exaltantes del presidente y Teresa Salinas, congoja en el recuerdo, alegría en el presente y los detalles (gracias, Capachetas), regalos de alto copete, como los entregados a invitados de lujo, álbum de firmas…

            Os juro que no tengo modo ni expresión para poder manifestar mis sentimientos. Aprovechando estas páginas cómplices quiero lanzar a los cuatro vientos mis rendidos y sinceros agradecimientos y decir que merece la pena seguir en el camino con acompañantes como vosotros. Que la mayor parte nos hemos conocido gracias a la común pasión por el toro. Gracias, amigos. Os quiero con toda el alma.

 

Marcial García

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