TRES CLAVES

9a7570b5a04bb070e731d2f66bdc7c6c_xlEl mes del calor se tiñó de negro en su última semana. El cielo se cubrió de humo de Malboro apenado con rayos de rabia e impotencia y agua como el lloro por la partida de un hombre bueno. Es agosto el mes caprichoso que en forma de panteón lleva la marcha y el recuerdo de tres sangres azules del toreo que han marcado palabras claves en la tauromaquia.

Fue por San Agustín, en Linares, cuando el destino vistió a Islero de tragedia y la condensó en un plasma noruego del botiquín de Jiménez Guinea que acabó con la vida del que había puesto otra vez la tauromaquia de moda después del episodio más lamentable de la historia de España. La quietud de Manolete llenaba plazas y fundía transistores de la emoción. Tal fue su reinado que no se entendería el devenir de este país sin hablar del monstruo de Córdoba, Califa y Rey de Reyes de la fiesta de los toros con permiso de los que quisieron ser como él y no le llegaron a la suela del zapato.

Quien iba a decir, que 70 años después, las imágenes del duelo cordobés se extrapolaran a las calles de Albacete. En silencio, el Rey del Temple, la modestia coronada, afrontó la lidia del toro más difícil de su vida. Y lo que el de los rizos no fue capaz de hacer, lo hizo la maldita enfermedad de moda. Tuve la enorme suerte de estar unos meses antes con el gran Dámaso. De verlo bajarse del coche y que el aura que envuelve a la gente con ángel me cegara de tanta grandeza. De hablar de tú a tú lo grande que era aquel toro de Samuel el día que Las Ventas se le rindió, tarde, demasiado tarde. De que me ofreciera tabaco y que eso fuera la nicotina para apreciarlo toda la vida. De su empeño en que comiera en una cena en la que mi alimento era poder escucharlo. Del miedo que se pasa siendo ganadero. Él lo que prefería era estar delante del toro.

Sus ojos eran amor. Su voz, como su toreo. Hablando sobre las lidias que se les dan a los toros ahora, de reojo vio el torero un capote apoyado. No se pudo resistir. La querencia del amor le hizo coger la pañosa. Y con la sutileza del que mece a su hijo recién nacido para que se duerma dibujó lo que el había visto pocas veces en los subalternos antiguos pero que recordaba todos los días. Ese día, su magia de sinceridad hizo que los presentes en ese hechizo de torería herráramos ese momento a nuestra mente como un elemento único que la foto no es capaz de reproducir.IMG_0401

Abierto, con los pies en la tierra, Curro de Alba se hizo con el cariño de todos. Un ejemplo que deben seguir los toreros de ahora. Estar de espaldas a la afición, creyéndose en un trono irreal al que es muy difícil acceder, o poniendo palos en las ruedas por egos injustificados, no crea la magia reproducida antes, crea rechazo y decepción. Alguno todavía está a tiempo de unirse a la filosofía Dámaso.

Sería injusto cerrar este capítulo sin hablar del tercer nombre que reluce en el recuerdo un final de agosto. A veces hay amores que te parten el corazón. Era José, “El Yiyo”, el elegido por la fiesta para enamorarse. Un príncipe a su medida al que abrazó entre los pitones de Burlero en Colmenar para hacerlo inmortal en los aledaños de Las Ventas y que su guapeza torera no se olvidara nunca a pesar de la dureza de la decisión.

Misterio, Humildad y Muerte. Tres claves, tres. Si se cae alguna, esto de los toros ya no será igual.fran perez opinion

Fran Pérez @frantrapiotoros