QUERIDO ANTONIO PUERTA

valdés opinionEsta feria de Murcia que concluye nos ha deparado algunos momentos inolvidables a los aficionados. Aparte de la extraordinaria faena de Ponce, no tan “extra-ordinaria” según nos tiene acostumbrados, yo me quedo con otras dos faenas realizada en otros “ruedos” de la feria. En primer lugar, en el ruedo del auditorio Víctor Villegas, el propio maestro Ponce dictó un magnífico pregón repleto de frases para la historia como ésta: “Ser torero es una forma de entender la vida y de afrontar la muerte. Y esto no es nada fácil de llevar…” Magnífica definición que debería hacernos reflexionar a todos. Y un aviso a tantos navegantes desnortados.

 También nos recordó unas palabras cargadas de sabiduría que le decía su añorado abuelo Leandro: “Enrique, hay que ser torero en la plaza y fuera de ella… ¡y también parecerlo!”. Yo ya se las había escuchado a mi propio abuelo porque ésta es una sentencia torera universal que debería ser de obligado cumplimiento para todo el que aspire a vestirse de luces; también para aquél que alguna vez tuvo el privilegio de hacerlo. Les propongo que las retengan pues es otro aviso a la marinería. ¡Grabadlas bien en vuestro cerebro, grumetes de la escuela taurina!

 La segunda faena nos la brindó Antonio Puerta en nuestro Real Club Taurino de Murcia al recoger sus premios como triunfador de la feria del año pasado. Yo le recordé otras palabras del maestro José Antonio Campuzano en ese mismo escenario el día anterior. Afirmaba el torero ecijano que el triunfo llega cuando tiene que llegar y que cada torero tiene su momento. A algunos, como Roca Rey, les llega pronto; a otros, como nuestro querido y admirado Paco Ureña, les ha llegado más tarde. Y es verdad, pues son muchos y distintos los caminos que conducen al éxito. Y, aunque todos son duros, por fortuna no todos pasan inexorablemente por Murcia. Eso también se lo puede explicar Rafaelillo.

 Ojalá cambien las “circunstancias” -ésas que muchos conocen pero muy poquitos se atreven a señalar- y pronto podamos ver a Antonio Puerta de nuevo en esta plaza. De momento le toca reponerse de la decepción de no verse anunciado en la feria de sus triunfos, recomponer la moral y venirse arriba para seguir trabajando y viviendo en torero, dentro y fuera de la plaza, hasta que llegue su momento, que le habrá de llegar.

 En contraposición, la misma noche de la romería, cuando yo abandonaba el patio de caballos del coso de La Condomina, tan contento después de disfrutar de la gran corrida que nos trajo Victoriano del Río, descubrí que unos metros por delante caminaba otro torero ya retirado del que no voy a pronunciar su nombre, un nombre que reconozco que veneré en otro tiempo. Y si no lo pronuncio ahora no es por miedo, no, sino por misericordia. Y también porque no me da la real gana, porque con los años uno se va volviendo cada vez más escrupuloso. Algunos aficionados lo reconocieron por la calle…

 -¡Maestro, eres el más grande! ¡Maestro, eres el más valiente! –le jaleaban.

 -¡Y qué ágil estás…! –añadió otro, y en mala hora lo hiciera.

 Disculpen que reproduzca su respuesta tan zafia a continuación. Si lo hago textualmente es porque esto lo dijo en un lugar público -delante de esa mismísima puerta sagrada por la que salen a hombros los toreros en las tardes de gloria- y alzando tanto la voz en medio de la calzada que se le pudo escuchar de un extremo a otro de Ronda de Garay:

 -“¡Es que quiero que todas las mujeres a las que me he follao (sic) comprueben que aún estoy fuerte!”

 Hacía mucho tiempo que no sufría tanta vergüenza ajena. Juraría que hasta la centenaria plaza condominera se sonrojó conmigo. Y vino a mi memoria otro desagradable incidente con unas señoras en un reciente concierto y con el mismo tenorio como bochornoso protagonista. Que ya llueve sobre mojado. Entonces recordé amargamente las sabias palabras de Ponce -¡Dios mío, qué diferencia de señorío!- y sentí tanta tristeza…, tanta pena… ¿A que no se imaginan ustedes, por ejemplo, a nuestro Paco Ureña soltando tamaño rebuzno? ¡Ni a Pepín Jiménez!

 Por eso, querido Antonio Puerta, aunque tú no lo entiendas ahora, quizás Dios te haya hecho un grandísimo favor despejando tu camino de malas hierbas, a pesar de que éste pueda resultarte así algo más largo y fatigoso. Ojalá algún día Dios ilumine también a Angel Bernal y se libre por fin de ese “ágil” consejero, muy educadamente, eso sí, que para eso también él es otro caballero.

José Luis Valdés

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