No es eso

marcial opinionCuando uno de los propiciadores de la II República, don José Ortega y Gasset, dejó escapar el célebre lamento: “-¡No es eso… No es eso!”, la República ya estaba herida de muerte. No pretendo ser profeta ni agorero, pero el titular de esta opinión nace de un sentimiento similar –salvando todos los abismos- que el que embargaba al celebérrimo filósofo.

            Lo acontecido en Valencia en este ciclo de Fallas, además de denunciable, es altamente preocupante. Ganado, toreadores y público –que no aficionados- están danzando al ritmo que impone ese gran charlatán de mercado que es Ramonet, perdón, Simonet Casas. Es preocupante porque en su astuto planteamiento mercantilista, el mago francés está convenciendo de sus artimañas hasta a las presidencias.

            No me vale aquí ese argumento de paniaguados que cada plaza tiene su personalidad. Que los valencianos son alegres y que les gusta la traca, no es secreto para nadie; que los espectadores que sientan sus posaderas en los tendidos y nayas del coso del carrer de Xàtiva son fundamentalmente toreristas, está comprobado históricamente. Pero, de ahí a los despropósitos encadenados que se han podido ver, hay un espacio de tolerancia que no se debía haber cruzado nunca.

            ¿Es permisible o tolerable que salga un remedo de animal bravo en una plaza de primera? Pues, denle un repaso a la videoteca y díganme cuál de los encierros cumple los más elementales principios para considerarse ganado bravo; cuál no es sospechoso de haber visitado, seguro que muy a su pesar, a los discípulos de Fígaro; cuál ha sido medianamente respetuoso con el tipo y el trapío, las dos señas de identidad que debe tener cualquier animal de lidia, desde las plazas de talanqueras a Las Ventas… Pues nada, el gran mago ha logrado que todos reciban el visto bueno de los equipos veterinarios, de los presidentes (miembros del cuerpo de policía) y –lo que es más penoso- de los espectadores, que, incluso, llegaron a jalear alguna de las citadas alhajitas. Eso sí: todas de “cara muy bonita”, “mu bien presentaos” y demás formalidades de esa pesadilla del mal llamado “taurinismo”. Y, por si faltaba algo: el palco. De pesadilla.Sancionando con su “placet” asuntos de juzgado de guardia; dejando deambular a tullidos e inválidos; tolerando un simulacro de suerte de varas, que aquí va a lograr renombrarse como “desgracia de varas”; regalando orejas y vueltas al ruedo; haciendo caso a peticiones minoritarias de vocingleros de capaza y bota…

            No voy a entrar a juzgar a los que se visten de luces, porque entonces tendría que exiliarme y no quiero dejar mi tierra por ninguna causa o sinrazón. Si tuviera que calificar a diestros alternativados y de relumbrón, me faltaría vocabulario… y, claro, correría el grave riesgo de ser descalabrado por alguno de sus seguidores.

            Por eso, reitero:

-No es eso, no es eso…

            Menos mal que queda Francia, la patria del nuevo Ramonet –perdón, de Simonet- que ha logrado este estropicio, que es ejemplo de compromiso con la verdad de esta milenaria liturgia. Imagino que también pesará en el ánimo del tal, la categoría de la afición venteña, el recuerdo de aquel 2 de Mayo de 1808 y el verso de La Marsellesa –su himno patrio- que llama a los ciudadanos a las armas para acabar con la tiranía. Y lleva muchos números para que le caigan encima todos los números de la lotería. Con alevosías como ésta, con la complicidad de paniaguados explícitos, hay razones más que suficientes para confirmar que la tauromaquia no morirá a manos de los antitaurinos sino por bajonazos continuos como los aquí opinados.

            ¡Que el Gran Poder nos ampare!

Por Marcial García