¡ME PARECE QUE FUE AYER!

marcial opinionEn tal festividad como la de la –Virgen de la Caridad- y un día antes -6 de abril-, debutaba con caballos unos de los toreros de más personalidad y arte que ha dado el viejo Reino de Murcia. Se llama José Jiménez Alcázar y se anunció en los carteles como “Pepín Jiménez”.

           

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Principios de Novillero de Pepín Jiménez


Como este servidor de vuecencias vive la tauromaquia como una pasión -muy al contrario de la zaragata que dice que el mejor aficionado es el que más toreros y toros le caben ¿?-, tiene sus preferencias entre los toreros a los que se entrega y a los demás, que respeta, haciendo sus distingos entre individuos vestidos de luces y toreros.

            Sé que a muchos no les parece bien estos apartados míos, pero me da igual. Soy dueño de mis sentimientos y consecuente con mis fidelidades. Respeto y admiración a todos los que hacen de esta profesión de locos una vocación y un sueño. Mi desprecio a los que se mofan de algo tan sagrado, prestándose a las pantomimas y a los escaparates de vanidades, ya sean platós de la telemierda de turno o las páginas “couchés” de las revistas de entresijos y sentinas, con tal de estar en candelero.

            Dicho esto, quiero contarles un poco mi devoción par el artista del que les hablo. Supe de él por mi colega de profesión y Academia –tío suyo- José Luis Molina, yendo a verlo por primera vez a Cartagena, tal día como hoy, hace TREINTA Y OCHO AÑOS. No voy a aburrirles contando la gacetilla del festejo. Sí les diré, por una vez, que alternaba con “Espartaco” y “Mangui” y que era su debut con caballos. También les diré que aún conservo como una reliquia la crónica que le escribió “Margarito” en el diario “Línea”, que era lo único que hacía un poco de justicia –según mi particular criterio- a lo que había visto aquella tarde en la arena del viejo anfiteatro cartaginense camuflado.

            Ni que decir tiene, que inmediatamente ocupó el lugar preferente en mis debilidades y me dedique a profetizar sobre su eximio concepto de la liturgia a los cuatro vientos, ganándome algunas chuflas de “aficionados” y puyitas malintencionadas de otros. El primer contacto personal, fue por teléfono y viniendo la iniciativa de su parte, manifestando su deseo de que nos conociéramos personalmente. Así lo hice en el siguiente festejo, en la puerta de cuadrillas, algo que no suelo hacer por respeto. Desde entonces, además de mi devoción confirmada, tuve la suerte de disfrutar de su amistad y entrar en el círculo de su familia, gozando del cariño de todos ellos, especialmente de Narda, su madre y también colega de profesión… Pero estos aspectos de intimidad, como no puede ser de otra manera, me los reservo.

            De su arte, tampoco voy a hablar, ni de su especialísima personalidad torera, que tantas opiniones encontradas ha suscitado. Pero sí afirmaré que su estética, su tauromaquia, su sentimiento y su elegancia son únicos e intransferibles, elevándose su figura a la categoría de mito de culto. Por esta devoción, mi nómina, como afirmaba mi amigo Gustavo, siempre estaba en los ruedos. No me arrepiento. Si hubiesen sido más sus encartelamientos, no habría dudado en endeudarme para seguirlo hasta el fin del mundo taurino. Pero sus apariciones no se prodigaban. No sé por qué… pero mucho me temo que era por ser un compañero de cartel al que se le temía. No por sus modales, siempre delicados y correctos, sino porque era difícil parangonarse con él, creando ese desasosiego que tanto se teme al contemplarse en espejo ajeno.

            He sido fiel hasta el final de su carrera. Haciendo piña con Ginés Blesa, Fernando Peña –el ganadero del día- y los Vidal estaba la tarde aciaga en el real coso de Aranjuez en que una racha de viento volteo su muleta al entrar a matar, propiciando que el morlaco hiciera de él un haz de cañas, que como tal sonó al caer a la arena… Su discreción hizo que ni siquiera se supiera la causa de su ausencia de los ruedos en una temporada en que Víctor López Caparrós le tenía apalabrados más festejos que en ninguna otra temporada. Pero los designios del destino son así: inapelables.

            Pero este escribidor hoy, recordando la efeméride de su debut con caballos, solo tiene hermosos recuerdos. Muy hermosos, aunque truncados. Y parece que fue ayer…

Por Marcial García

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La Esperanza de Almería luce terno confeccionado con el traje de luces que Pepín Jiménez, hermano de la cofradía, le regaló