MAGNÍFICA VELADA

marcial opinion

Buena. Muy buena, la que vivimos en Hellín el 27-sep.

            Organizadas por el Hotel Reina Victoria de la acogedora ciudad vecina, se están celebrando las XXV Jornadas Taurinas, siempre con el recuerdo a Marisa, que fuera su alma mater. Este escribidor tuvo la suerte de participar el año pasado y tenía la cita para éste, pero, seguramente, Emilio ya tenía cerrados los carteles. Este año el eje central de las mismas ha sido la mítica figura de Manolete, por la efemérides que se recuerda.

            Con la ilusión de acompañar a mi amigo Filiberto, nos hemos presentado en el lugar precitado, saludando a los varios y buenos amigos que acudían a la cita, entre ellos a Mariajosé Barrera y Daniel, su esposo, y algunos calasparreños.

            La mesa de esta noche estaba compuesta, como pueden comprobar por la fotografía, por:

-Emilio Sánchez, corresponsal de prensa y aficionado  en su calidad de coordinador.

-El doctor José Hernández, aficionado y colaborador del evento.

-Doña María Jesús Gualda, ganadera de “El Añadío”, y

-Filiberto Martínez, matador de toros.

            Presentado el acto por Emilio, con palabras de gracias y reconocimiento, tomó la palabra el doctor Hernández -Tito Pepe, para este cronista-, que disertó largo y tendido sobre la mítica figura de Manuel Rodríguez, dando cifras y opiniones muy acertadas sobre cómo, en tan poco tiempo y con tan relativamente pocos festejos toreados, el califa de orígenes albaceteños revolucionó el mundo de los toros, siendo indiscutible mandón del escalafón e instaurando un nuevo sentido a la tauromaquia, todo ello salpicado de anécdotas, algunas de ellas familiares o personales, siendo muy aplaudido por la concurrencia.

            Doña María Jesús, la ganadera, la Señora –en palabras de Tito Pepe- hizo un largo e interesantísimo historial de su ganadería, reservorio de los míticos “coquillas”, explicando, con emoción y pasión, su personal apuesta y empeño, no solo en la conservación y el encaste, sino en la novedosa manera de “evangelizar” la afición desde su establecimiento hotelero, donde se vive, de manera viva y real, lo que es una ganadería, su papel en la conservación del medio ambiente y la iniciación en las labores camperas. Comentó lo difícil que resulta mantener las características de un encaste minoritario, debido a la presión del entorno de los monopolizadores del escalafón. Muy acertadamente señaló el peligro que supone la homogeneización de tipos y, sobre todo, conductas, para poder subsistir en estos tiempos difíciles. Los presentes, aplaudieron entusiasmados y apuntaron que preguntarían en el coloquio.

            Nuestro torero, Filiberto, que fue presentado con respeto y cariño, resaltando la actual situación de su ruptura de apoderamiento, intervino con una detallada, calmosa y profunda analítica de su temporada, manifestando su cordura, inteligencia y férrea voluntad de cara a los nuevos horizontes de su carrera. En esta vivisección de su personal empeño, desgranó cuáles son sus aspiraciones, sus sueños y sus condicionantes. Todo ello con la lucidez y sencillez que le caracteriza, que le hace señor y torero, dentro y fuera de la plaza. Dio a entender que el toreo, además de profesión, es una personal forma de vida, donde, si no hay sello personal y sentimiento, se queda en algo vacío, en un escaparate de vanidades, que no hacen bien alguno a la fiesta. También levantó aplausos encendidos y el orgullo emocionado a los que vimos en sus ojos y en sus palabras la entrega apasionada e irreductible que da sentido a su lucha vital.

            Terminadas las intervenciones, se produjo un animado coloquio en el que se participó apasionadamente. Este improvisado cronista, al hilo de la intervención de la ganadera, apuntó que esa homogeneización de “torito artista” que se va buscando, seguramente es porque las “figuritas” también han hecho un calco de parodia en sus actuaciones, vaciando la liturgia en favor de la teatralidad. En una palabra, se ha perdido la verdad de la faena única ante el toro distinto, que es la ausencia que se padece hoy en las plazas, incluidas las de relumbrón.

            Una generosa mesa, ofrecida por Vicente -el dueño- y su familia, dio ocasión a compartir con más distensión esta pasión que nos domina y da sentido a nuestra irreprimible afición.

            Lo dicho: Buena velada: Muy buena. Para este cronista, además, la ocasión de confirmar devociones y compartir el pan de la amistad con un amigo al que admira y quiere, que ha reorientado el rumbo de su Ítaca personal. Gracias, torero.

filihellin

Por Marcial García

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