LOS TRES ETCÉTERAS DE DON SIMÓN

marcial opinionSeguramente alguien se estará preguntando si “El Muletazo” ha iniciado una sección de crítica literaria, cuando lea el titular que encabeza. No estaría mal que nuestro digital tuviera o tuviese dicha sección, sobre todo de literatura taurina, pero, por ahora, no es así. Si tienen la paciencia de leer hasta el final, seguramente entenderán la razón de su colocación.

            No. No voy a hablar de la obra de Pemán del mismo título, entre otras cosas, porque no entra en el listado de mis autores más o menos “familiares”. El título de su más conocida obra de teatro me viene como anillo al dedo para, visto lo ocurrido el Domingo de Gloria en Las Ventas, escuchando las chácharas del gestor de dicho coso y leyendo lo pactado en su contrato, para permitirme hacer de augur sobre el sombrío panorama que espera –eso parece- al coso capitalino.

            Los famosos tres etcéteras de don Simón Belalcázar, protagonista de la obra pemaniana, ficticio gobernador general del santo reino de Jaén durante la francesada, se han hecho famosos por un malentendido de Lucas, alcalde de La Fernandina, algo obtuso e inculto,  que se convierten en la clave truculenta de la obra. La razón estriba en que el bueno del alcalde, en lugar de “y otras cosas”, que es el significado del latinismo, entiende que es un eufemismo de puta, “mujer pública” para los oídos más castos.

            Pues miren ustedes las coincidencias entre la obra de Pemán y el empresario galo: francesada y de la “buena” ha organizado el polifacético y controvertido empresario; Francia es la tierra que le vio nacer, hoy por hoy reservorio de la esencia de la tauromaquia; y, Simón es su alias, ya que su auténtico nombre es el de Bernard Domb.

            Pues bien, don Simón (Casas, también alias por apellido), ese taurino con aspiraciones de sumo charlatán, vamos, con ganas de suplantar a “Ramonet”, (el famoso vendedor de mantas, cuyo verdadero nombre era Ramón Gambín Martínez), parece que ha hecho un buen “lote” de ofertas y ha conseguido hacerse con buena parte de los hilos que mueven la gran marioneta que es el “taurinismo” hispano, corrupto, manipulador y con patente de corso para campar a sus anchas por el proceloso piélago que son despachos y antedespachos que controlan las principales ferias de la Piel de Toro.

            Este escribidor, cuando escuchaba sus peroratas ante tele-monopolio-taurino, estuvo a punto de creerse algunas de sus afirmaciones. Y lo estuvo, porque pensaba que algo de sensatez francesa traería en el portafolios y habría comprendido que los asaltacarteles estaban consiguiendo lo que no podía la gran trama seudoanimalista de los antitaurinos de charanga. Pero, visto lo visto en mi desplazamiento a la capital, siguiendo el dictado de mi fidelidad currista, estas peroratas eran eso: falsas promesas, argumentos fatuos,  humo. Y las esperanzas en su gestión, papel mojado.

            ¿Se puede tener esperanza viendo la mansada acochinada que pisó la arena jarameña de Las Ventas del Espíritu Santo el pasado domingo? ¿Es ése el sendero que se ha de seguir para atraer los huidos de los tendidos? ¿Es ésa la nueva esencia con que limpiar el deslustrado mundo de los despachos?

            Seguramente la respuesta a estas tres preguntas, serán las tres “etcéteras” –las tres señoritas putas- de la truculenta trama de Pemán.

            Uno, que es muy creyente y devoto, suplica a San Isidro, a la Virgen de la Paloma, a la de la Almudena, a San Pedro Regalado y hasta a Santiago Matamoros, que nos proteja de la que parece que se avecina con las tres “etcéteras”: doña Cambalachita, doña Mentira y doña Farfullas. Esperaremos a ver qué opinan los que “saben” de esto.

            Mientras tanto me quedo con el regusto de haber vuelto a pisar las gradas berroqueñas, de haber saludado tantos buenos amigos y haber merecido la compañía de ese querido amigo que es Iván Pérez.

            Amén, amén y amén.

Marcial García

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