LO QUE ME CONTÓ PALOMO

pedro mellinas opinionAquel 15 de septiembre de 2014 el calor era sofocante en Murcia. Comparecían Rafael Rubio “Rafaelillo”, por última vez en La Condomina hasta la fecha, Sebastian Castella y el lorquino Paco Ureña, que entró sustituyendo a Perera y que a la postre fue el triunfador de una tediosa corrida con el hierro de Parladé.

IMG_20170424_204203Allí estaba él, hecho un pincel, con su traje blanco, gafas de sol, bronceado…Lo vi caminando con elegancia por el callejón y lo último que esperaba es que fuese a sentarse a mi lado, en el privilegiado lugar que me cedió esa tarde mi querido y admirado maestro Antonio González Barnés. Junto a nosotros Manuel Cascales, Alberto Castillo y Miguel Massotti entre otros.

Palomo venía de un día ajetreado en el que había sido homenajeado en el Club Taurino de Murcia. Acostumbrado como estaba, no mostró en absoluto cansancio y derrochó amabilidad con quienes le saludaban o pedían una fotografía. Me llamó la atención su humildad, incluso me atrevería a decir que advertí cierta timidez. Yo tuve el privilegio de comentar lo que ocurría en el ruedo con él, centrando mi interés en lo que opinaba una leyenda del toreo de los dos toreros murcianos que actuaban aquella tarde.

Poco pudimos hablar de Rafaelillo, que tuvo un lote infumable, teniendo incluso que apuntillar en el ruedo al segundo de su lote. Mejor le fueron las cosas a Paco Ureña, que tuvo más suerte en el sorteo y se jugó literalmente la vida ante la acuciante necesidad de triunfar que tenía, tras algunas tardes en las que no había estado demasiado acertado, especialmente con la espada. Le sorprendió a Palomo Linares el corte de torero del de Lorca, acuñando varias veces la palabra “pureza”, hoy tan extendida al hablar de Paco Ureña.

Pero lo que más sorprendió fue lo que me dijo cuándo nos despedíamos. Al presentarnos le dije que era de Calasparra, de la que tan orgullo me siento siempre y especialmente cuando hablo de toros. Sin preguntarle por él ni saber lo que yo opinaba, me dijo que le gustaba el torero de mi pueblo. Le conocía desde niño y le siguió en el concurso de Castilla la Mancha Tv que le dio a conocer. Lo había visto torear en varias novilladas por pueblos manchegos durante ese verano en las que arrasó. Le comenté que a final de la temporada siguiente sería quizá buen momento para tomar la alternativa. “Filiberto está preparado para tomar la alternativa y triunfar y debería hacerlo a principio de temporada”. ¿Sin pasar por Madrid maestro? Le pregunté. “Ojalá tuviera suficiente fuerza para hacerlo. Filiberto tiene algo distinto que ofrecer y es muy difícil ver esa madurez en un novillero. Tiene madera de figura del toreo y le funciona la cabeza como pocos he visto”.

Un mito, una leyenda, un gran torero y un gran hombre se nos ha ido demasiado pronto. Ojalá su vaticinio se cumpla y que él pueda verlo desde el cielo.  Descanse En Paz maestro.

Pedro M. Mellinas @PedroMMellinas

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