La ley del Talión

fran perez opinionDesde México, una carta llena de dolor e indignación sacude el cuerpo. Ricardo Frausto se retira del toreo porque su “gente” no lo llama. El sector taurino se ha olvidado de él. Su sueño, ese bonito y apasionante sueño de ser torero y vestirse de luces para cautivar corazones que aplauden por la conjunción sublime de la bravura animal y el valor humano que se juega la vida, se desvanece. Una lucha de años que los despachos, o los celos, olvidan y que hacen que las ilusiones se conviertan en tormentos y que el valor buscado se transforme tristemente en asco profundo.

Lamentablemente triunfar en los ruedos no significa que la carrera del torero vaya a evolucionar. Triunfar, en esto del toro, es sinónimo de prepárate que los de arriba te apartan. Y como se te ocurra pegar un mínimo resbalón la omisión queda herrada en tu carrera para siempre. O se tiene un patrón con poder e intereses en el empresariado y que maneje el cotarro o el sofá de casa va a ser la plaza que más vas a pisar. No sólo Frausto es víctima de esta corriente anti taurina. Leen bien, los intereses, el todo por la pasta y la utilización de los sueños de personas que quieren ser toreros por los que quieren engrandar su bolsillo a costa de ello es más dañino que esa pancarta que el ni-ni nos saca a la salida o entrada de un festejo taurino. Pero eso parece importar poco. El centro de atención es para esos bichos raros que se pintan de rojo o manchan monumentos en lugar de poner el grito en el cielo y sacar a la luz de una vez las tropelías de un sector taurino que está podrido hasta el hueso.

Hace unos días, un torero con todas las de la ley como es Sergio Aguilar tuvo que cambiar el oro por la plata para poder ver un pitón. Un gran torero que tenía el pecado de torear bien.

En toda empresa que se precie, los puestos de trabajo y los ascensos son para los que hacen bien el trabajo, los que ejecutan los proyectos con solvencia y los que tienen detrás un currículo intachable lleno de retos y superaciones. Pero la empresa taurina parece ser de esas que el ascenso se gana por los bajos, por el enchufe o por la cara bonita. No se entiende que por los primeros puestos del escalafón se cuelen parásitos cuyo trabajo más destacable ha sido dejarse un lote de cuatro orejas sin torear en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid o que tenga unos ojos que derriten cavidades delante de toros con las puntas en los carteles de “Wanted” del lejano Oeste. Sin embargo, ni Dios que baje del cielo se acuerda de Fernando Cruz, por poner un ejemplo, un torero de Madrid con muchas orejas cortadas en la plaza más difícil del mundo y con una cornada gigantesca en sus carnes que le infirió un toro de Gavira un 15 de Agosto por la Paloma, o de Juan Luis Rodríguez, que se fue porque se dio cuenta de cómo se las gastan en este mundo, o de Sergio Serrano, que digo yo que lo tendrán que poner en Albacete, una feria en la que siempre da la cara.

Para dar la cara Antonio Puerta en Murcia y durante dos años sin contar los de novillero. Sin estar anunciado, va y se queda triunfador. Pero aun así, sigue sin contar para una empresa que prefiere hacer carteles con la cabeza que con el corazón. A lo mejor ese día, le dolía la cabeza de la monserga del que le estaba diciendo que tienes que poner a este, al otro y al de más allá y no tienes que llamar ni a fulanito, ni menganito ni a Perico de los palotes no vaya a ser que triunfen.

Hace unos días un torero me decía que su poder en el toreo va a ser para dar a los que empiezan el sueño, o la pesadilla, por ser torero, las oportunidades que a él no le habían dado. Que en tiempos donde la puerta siempre está cerrada va a abrirla para el futuro, para el que la cruce se lleve lo que él quería encontrar cuando se la cerraban. Si esto fuera una ley no escrita la tauromaquia funcionaría de otra forma y no tendríamos que hablar de cartas de despedida, o de incubaciones de la ilusión en cualquier silla de casa.

Es tiempo para la libertad, la regeneración y la ilusión. Para ofrecer un espectáculo real con gente válida que lo merezca. Hay que mirarse al espejo y ver que queremos ser. Si seguir siendo gusanos que pudran la fruta y cargarnos la cosecha o apostar por la limpieza de un espectáculo único cuya única supervivencia es la verdad. Es la pura Ley del Talión. Dar verdad es recibir verdad. Dar ilusión, es llenar las plazas.

Vosotros veréis

Fran Pérez @frantrapiotoros

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Iván Vicente el pasado domingo en Las Ventas

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