Genios y farsantes

fran perez opinionQuerido maestro. No sé lo que pensará desde ahí arriba. Usted, que siempre trataba de darlo todo en la plaza. Que hacía levantar a los públicos de sus asientos como todavía nadie ha conseguido que se levanten. Que exponía igual en Murcia que en Madrid. En esta mi querida tierra, y en la plaza donde ahora sale mojigato por toro a precio de caviar del bueno, le marcó la cara un toro de la hija de Don Fernando de la Concha y Sierra. ¡Caramba Manolo! Si supiera. Ahora estos toros pastan en Francia porque nadie quería torearlos en España. Menos mal que un alma caritativa de ese país se ha empeñado en conservarlos. ¿Qué cosas no? Sí, sé que se extraña igual que yo. A mí ya me duele la boca de decirlo. Qué ¿qué le pasa al sector taurino? Que se ha olvidado del que verdaderamente hace que todo funcione, la emoción, el toro y la variedad de encastes. Y sobre todo, se ha olvidado del que paga. Ahora todo es una monotonía, feria a feria, siempre igual.

Que le voy a contar yo si usted lo vivió en sus propias carnes. Conchas y Sierras, Saltillos, como el de Madrid el día que le regaló a Lupe las medias de astracán, Pintos Barreiros como aquel “Ratón” remiendo en Madrid, con el que hizo la obra cumbre de su carrera. Y Murubes, y Villamartas, en Sevilla y en los pueblos, con la verdad por delante.  De hecho, le mató un toro en Linares, y no un toro de una ganadería cualquiera. Era un Miura, una ganadería que ahora, esos mal llamados figuras, no la quieren oír nombrar.

Ahora, admirado Manuel, la cosa ha cambiado. En el año en que su grandeza se hace centenaria, la tauromaquia está perdiendo su condición de espectáculo de la verdad para convertirse en el circo de los modelos indultadores de toros coceadores, o del reencuentro de hermanastros con sabor a ancas de rana. Mire, le explico. El pasado sábado, un hijo de un torero que está sentado a su derecha, indultó un toro con apariencia de novillo en una plaza de tercera. Un toro manso, que pegaba coces, pero que al torero le resultó ser el mejor toro de la historia. Seria por la comodidad de sus pitones aplatanados ¿digo yo? Y el “figura” dice que le daba pena matarlo, así sin anestesia. El que caso es que en lugar de denunciar el fraude, ahora la prensa, esa que a usted le atizaba porque se iba de vacaciones a curarse de tanta verdad demostrada, encumbra y le da vaselina a un hecho delictivo para la razón de ser de la fiesta de los toros.

Y es que así nos va. Una feria como la de Valencia, que se supone que es de primera, esta tirando por tierra la dignidad del toro bravo para convertirlo en un peluche dócil y suave, que no le dé quebraderos  de cabeza a los que van los días buenos de la feria. Un toro que suele ir como la niña de los amores. Con la cara lavada y recién peina…….

Afortunadamente, todavía hay “toreros” que tratan de torear todo tipo de encastes o que los torean porque no tienen más remedio que hacerlo. Son los grandes escondidos, pero son los que todavía mantienen la esencia de la fiesta y los que saben de verdad lo que es pasar miedo delante de dos leznas.

También los novilleros, que han de ver como su inexperiencia juega con animales con más entidad que los que matan los “Massimo Dutti” del toreo. ¿Y a cambio? El silencio.

Sabe maestro, el sobrino de un Rey, el otro día, manteo a una becerrota y ha sido centro de atención y portada de los diarios taurinos. Mientras, románticos de luces, que buscan su oportunidad y que luchan incansables para conseguir ser alguien, están en el olvido.

Y hartos del olvido muchos han dejado de soñar. No hay nada más lamentable que matar soñadores. Da muestra del estado actual de la fiesta.

Le confieso señor Rodríguez, que lo más bonito es ver a un valiente imaginativo cumplir sus fantasías en el ruedo. Que cuaje al toro de capote, haciendo que el lance no sea sólo un movimiento, sino una expresión que contagie y produzca sentimientos con la conjunción de la embestida del toro. Usted ya lo sabe, es impagable esa sensación que se produce en el tendido cuando el toro se arranca de largo, con alegría, mete los riñones en el caballo y da respeto. Luego llega la magia, cuando el sueño y la emoción se mezclan para dejar paso a eso que llaman, toreo.

Y es que entre tanto montaje y falsedad, la medicina es la ilusión y la emoción con unas gotas de bohemia.

Solo así, saldrán genios.

Como usted, Manolete.

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Herido en el rostro, como consecuencia de la cogida que le infirió un toro de Concha y Sierra en Murcia el 8/09/1941

(Al centenario del nacimiento del cuarto califa del toreo, Manuel Rodríguez “Manolete”)

Fran Pérez @frantrapiotoros