CUMPLIENDO SUEÑOS

marcial opinionEl pasado domingo puse los cuernos a mi amigo Curro Díaz, admirado y seguido desde hace tanto. El sábado no había podido, por razones de servicio a la que me parió, y Pedro, que padece la misma “curritis” que yo, me dijo que seguramente lo repetirían el domingo, cubriendo baja, dado el recital de toreo caro -el suyo- que había dejado el sábado.

            La razón de mi infidelidad transitoria estaba más que justificada: un amigo, hijo de otro gran amigo, iba a vivir momentos únicos y quería acompañarlo, como es de ley. Uno aún sigue llevando en un altar a sus amigos y a sus devociones, aunque de vez en cuando sufra el desdén o el olvido, que de todo hay en los prados y dehesas del Señor.

            Antonio se llama el culpable. Antonio “Cama” en los carteles, hijo de ese espejo de persona y aficionado que responde al alias y a la verdad palpable de “El Sano”.

            El niño trae reata. Su padre, como digo, aficionado de pro, fue uno de los más fieles seguidores enfervorecidos de un rubio torero lorquino. Con toda su ilusión, le ofreció el ser compadre de la criatura, también rubianco como él. El niño creció entre la afición desmedida del padre y la contenida y fina de la madre.

            No lo sé, pero apostaría con ventaja a que Antoñito comenzaría a dar pases con el babero antes que pasos con sus piernas gordezuelas. Estoy por apostar que aprendió a decir “¡Éje, toro!” al tiempo de “mamma” o “pappa”.

            Pronto acompañó a sus progenitores a los tendidos y patios de cuadrillas, con sus hermosos y profundos ojos glaucos, abiertos como platos, sumidero de sensaciones y emociones, que luego rumiaba lentamente, en su mundo de sueños venideros.

            Tampoco sé qué día se plantaría ante “El Sano” y le diría lo que ya era toda una declaración de vida, temida, ansiada y esperada:

-¡Quiero ser torero!

            Pero si tengo nítida, en la retina y en el corazón, el día que me llamó para decirme que su hijo iba a torear una becerra en “La Deseada”. Había ilusión y carga emotiva desbordante en su invitación. Lógicamente, no falté a la cita. Allí estaba el debutante: seriecito y cariacontecido, entre tímido y altivo, enfundado su cuepecito de niño torero en el traje corto, respondiendo concentrado a los saludos. Luego, en el ruedo, se dedicó a mostrar sus bien adquiridos conocimientos, dejando fluir un fino y delicado sentido de esta vieja y hermosa liturgia.

            Las circunstancias del toro nunca han sido fáciles. “Cama”, como comenzaba a figurar en los carteles, lo sabía. Por eso, ante la falta de expectativas y dado el buen cartel que comenzaba a tener por su concepto global de la lidia, pasó al escalafón de plata, asegurando continuidad a su pasión. Pero, agazapado en su pecho, cumpliendo con seriedad y eficacia su papel de subalterno, se removía inquieto un sueño.

            Ese acariciado anhelo comenzó a tomar cuerpo, con un planteamiento realista e ilusionado: tomaría la alternativa y sería matador alternativado, aunque fuese un solo día.

            El pasado domingo, apadrinado por el Ciclón de Jerez, Juan José Padilla, y testificado por Fortes, su plaza y sus amigos, tuvimos la suerte de ver cumplirse un sueño.

            Acompañando a mi querido José Manuel Rodríguez, que siempre le acompaño en su etapa novilleril, nos desplazamos a la localidad vecina, llenos de emoción e ilusión, que, como diría Victorino, son dos palabras que siempre deben ir encarriladas. No hemos perdido detalle, pues ambos conocemos el sueño del toricantano. La respuesta de la plaza, ejemplar. La emoción de amigos, familia y conocidos, mucha…

            No entro en reseña gacetillera, que ya la han recibido ustedes puntual, como siempre, en EL MULETAZO. Solo quiero decirles que el hijo de “El Sano”, Antonio “Cama”, ha cumplido su sueño. Y lo sé, porque en el abrazo prolongado que le di al llegar a su hotel, sentí su corazón saltar de gozo en su pecho cuando lo tenía apretado contra el mío. Si hubiere atisbo de duda, el brillo encendido de sus ojos lo corroboraba. Solo lamento la ausencia de quien debió estar y no estuvo. Pero el gozo de sus íntimos habrá colmado la ausencia.

            Grande, TORERO. Larga y fructuosa vida. Disfruta de tu sueño cumplido, como lo hacemos nosotros, los que te apreciamos y queremos.

            ¡Por muchos años!000 - redu - 22928002

Por Marcial García