CAPOTES DE EXIGENCIA

fran perez opinionGuarda miedos del torero en el último paso hacía su inevitable camino hacía el toro, el capote de paseo es una joya ornamental de la tauromaquia que se fusiona con lo religioso, con imágenes de santos o vírgenes a los que los valientes confían su suerte en el ruedo o con lentejuelas y rosas que hacen primavera esos pasos que van desde el patio de cuadrillas a la barrera presidencial que son puro invierno.

Al finalizar el paseíllo, ya con el capote embebido en aprensión, el torero lo confía en barrera y libre de toda turbación se dispone a que el bordado de la tarde sea sólo su manera de torear. El caso es que el capote de paseo no es milagroso. Condensa el miedo hasta que sale el toro. Luego, es la preparación física y mental la que hace, que con el de los rizos delante, no vuelva el mosquito con su picotazo de pavor. De ejemplos esta la historia del toreo llena. De toreros a los que nunca se les vio el susto y de maestros que forjaron su carrera con él.

Estos días en Lorca, en el Museo del Paso Azul de la Semana Santa se pueden observar treinta y cinco lámparas de Aladino en forma de capotes bordados en sedas que guardan la incertidumbre de quien los ha llevado colocados. Desde Joselito “El Gallo” hasta el malogrado Víctor Barrio. Una “bonica” exposición coordinada por María Verónica de Haro que fue inaugurada el pasado viernes 29 de septiembre con una conferencia de la misma comisaria con posterior vino español para regar gargantas después de contemplar las obras.

Resulta paradójico que este medio desde el que les escribo no fuera invitado. Me imagino a mi maestro Antonio enterándose de esto por el telediario de Ribagorda y a muchos capotes le hubieran saltado las lentejuelas de tanta presión. Lo lamento por la difusión del evento y porque se han perdido al medio taurino más leído en Lorca y en la Región de Murcia. Pese a no ser convidados, ElMuletazo.com, y yo personalmente, nos tomamos la licencia de informar de la misma y empujar a todos los aficionados taurinos del Valle del Guadalentín y sus alrededores a que visiten tal muestra de bordados en la Capital del Bordado, que demanda para él ser Patrimonio de la Humanidad.

Si el bordado de Lorca merece tal calificación, el toreo de dos lorquinos esta ya catalogado como patrimonio de la fiesta de los toros. El pasado fin de semana pude comprobar como Madrid se vuelve loca con la sinceridad torera de Paco Ureña. Lo mejor de todo es que al lorquino no le están poniendo fácil la coronación. Y valga coronación como salida a hombros por la Puerta Grande. Los aficionados de Las Ventas quieren que tal premio vaya acompañado de la suficiente consistencia en la plaza. No quieren un triunfo medido. Quieren emoción desbordada a la que no se le pueda poner peros. Y si Madrid quiere eso, que así sea. En contra de lo que se pueda pensar, la exigencia está encuadrada con el amor. Y el amor verdadero es necesariamente exigente. Ya lo decía el poeta Pedro Salinas:

Perdóname por ir así buscándote

tan torpemente, dentro

de ti.

Perdóname el dolor alguna vez.

Es que quiero sacar

de ti tu mejor tú.

Ese que no te viste y que yo veo,

nadador por tu fondo, preciosísimo.

Y cogerlo

y tenerlo yo en lo alto como tiene

el árbol la luz última

que le ha encontrado al sol.

Y entonces tú

en su busca vendrías, a lo alto.

Para llegar a él

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies,

en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo

de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces le conteste

la nueva criatura que tú eres.

A Pepín le exigieron tanto que nunca salió a hombros. Pero creo que da igual. El rubio torero de Lorca sigue haciendo soñar a los aficionados de la catedral del toreo. Decir su nombre en Madrid es mentar al sumo sacerdote. A mí hasta se me arrodillaron delante y se me santiguaron como señal de su añoranza.

Porque en el ruedo venteño sigue su sombra dando puntada a puntada, como esa mujer que borda el arte de la Semana Santa lorquina, pases de frente al natural.

Fran Pérez @frantrapiotoros