Apuesta valiente

marcial-opinionDespués de la pausa provocada por los desgraciados acontecimientos que vivimos en directo, me es muy grato unirme a los que acudimos a estas páginas con el estimulante objetivo de defender la tauromaquia y lo a ella anejo. A ello, con la ayuda de Dios, en forma de salud y empuje, nos dedicaremos, manifestando nuestra personal opinión.

 Que los viejos vicios siguen llevando hacia la escollera la fiesta, no es ningún secreto. Que esa fijación suicida es más evidente en las tierras murcianas, patente. Que los vetos y argucias de algunas manos que mecen la cuna siguen “manipulando” a sus anchas, palpable y notorio.

 Por eso, el motivo que me impele a este desahogo, me llena de entusiasmo, porque apunta y confirma los aires de renovación de un romántico del toro, de esos que ahora son tan raros como el mirlo blanco o el aficionado ecuánime.

 Conozco al protagonista, no de ser su paniaguado ni tiralevitas, sino de habernos encontrado en muchas ocasiones en eventos taurinos o en plazas de toros. Me gustó su manera de plantear los carteles y su valentía en las apuestas. Lo ha demostrado largamente y, desde luego, cuenta con toda mi simpatía. 

 Su manera de actuar es contraria a la del monopolio imperante, ése que, a base de amiguismo, rutina y componendas, ha convertido algo tan noble como la tauromaquia, en un remedo lastimoso, que es el hazmerreír de cualquier foro taurino. Él ha sido el valiente que ha apostado sin dudar por los marginados por el oficialismo, tal como ocurrió la temporada pasada en varias ocasiones, pero que este escribidor recuerda con especial cariño la de Lorca.

 Ahora nos sorprende con el cartel de Blanca. Un cartel valiente, ilusionante, oportuno y al modo antiguo, cuando las disparidades se discernían en el ruedo, como los toreros machos, no desde la oscuridad de los despachos.

 Después de la “faena” del festival a beneficio de la lucha contra el cáncer, me parece una oportuna idea el acartelar juntos a dos jóvenes toreros de la tierra que prometen.

 Lo de Puerta, no es muy entendible. O sí, si uno hace caso a las murmuraciones de corrillos no afines a la corte laudatoria, pasó en un plis-plás de protegido a rechazado. Me fastidia mucho, porque desde sus inicios vi en su personal interpretación del toreo, unas formas nuevas, elegantes y distintas de los agarrotamientos y contorsiones espasmódicas que tanto jalea la desafición de capaza y bota. Espero que, tras el calvario personal, el torero reemprenda esas formas personales que tantas esperanzas nos hicieron albergar a los que no seguimos el rebaño. Antonio lo merece, por su personal empeño y su lucha.

 No voy a repetir porque soy un devoto de san Filiberto de Tournus, ni un apasionado del arte de su homónimo calasparreño. Yo soy así: de entrega apasionada y sin fisura. Pero mi apasionamiento no es ciego. Como creo en Dios, porque creo en las Matemáticas, creo en Filiberto, porque creo en la decisión, el arte y la entrega. Lo intuí desde la primera vez que le vi ponerse ante una becerra en casa de mi tito Pedro Merenciano, de permanente memoria. Y, conforme lo iba siguiendo en los ruedos y, gracias a su generosidad, lo iba conociendo personalmente, mi fe en su inequívoco destino, se hizo inquebrantable. Después de un despegue fulgurante, los percances le gastaron malas pasadas. Muchas devociones se apagaron, pero la mía crecía, conforme veía su obstinado luchar de cada día, cómo se había marcado, entre ceja y ceja, su meta a fuego. El fuego de la entrega, el sacrificio y el mandato divino.

 El coso blanqueño será la palestra donde se dirimirán y complementarán dos formas de interpretar el toreo y dos maneras distintas de planificar los espectáculos. Creo que el lleno será total. Pero, antes de que esto ocurra, levanto desde aquí mi copa por la apuesta valiente de un empresario distinto. ¡Suerte para todos!

Marcial García

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