Amor

fran-perez-opinionDonde la frontera se hizo barroco y el sabio puso la realeza a las huertas. Donde el sol creó su residencia y la naturaleza quiso comprobar su resistencia. Donde el azul es más que un color y el blanco más que la pureza. Donde la amargura y el dolor se funden para hacer por primavera alegre grandeza. Donde el río no lleva agua porque la bravura se lleva por las venas. Donde por febrero, un rey y un sultán se juntaron para parar el tiempo y hacernos querer más nuestra querida fiesta.

Lorca se vistió este mes de grandeza torera. No podía ser de otra manera. Un mes de lujo para un aniversario que así lo merecía. Y es que no todas las ciudades pueden presumir de tener una plaza de toros con 125 años alimentando a la historia. Y herida, mi querida Sutullena, sigue dando momentos únicos. Situaciones que hacen que los relojes pierdan el sentido. Eso sólo ocurre cuando estás cerca de los que quieres. Y pasan las horas y no te das cuenta. Cada día estoy más seguro, llámenme loco por ello. Pero desde hace algún tiempo, las alamedas de Lorca huelen a amor, ese que la que mira a la estación, no encontró ni en su propiedad ni en sus gobernantes, pero que ahora, visto el camino, lo ha descubierto en un Club Taurino.

Y es que, parece mentira, que el Ayuntamiento de Lorca no haya preparado nada para celebrar el aniversario de uno de sus monumentos más carismáticos y lleno de vivencias de gentes de su pueblo en el interior ¿Raro verdad?

Mientras, otras plazas de la edad de Sutullena disfrutan del reconocimiento de los poderes políticos de su pueblo. Véase Baeza, que hasta en Fitur promocionó la efeméride que se cumple este año, o la vecina Condomina, también privada, pero a la que Murcia supo rendirle pleitesía cuando por ella pasó un aniversario con número redondo.

En esto del amor, el mejor regalo llega sin esperarlo. Y el pasado viernes, dos joyas de la torería, salieron de la mano del Club Taurino de Lorca para que el coso de Sutullena volviera a embriagarse de emoción, gracia y sentimiento.

Porque el rey del temple llego de Albacete vestido de un tal Dámaso. Y cuajó otra faena de aquellas de orejas en la plaza, con la palabra. Y se vieron pañuelos blancos, pero de secar lágrimas. De esas de alegría, que reconfortan y dan vida. Pero cuando cogió el capote, en tres lances al viento, todo fue como ese beso eterno en la memoria que jamás se olvida y que se lleva herrado en el corazón.

No hay amor sin alegría. Ni superación sin esfuerzo. Alegría fue la que trajo el sultán del carisma. De Valencia a Lorca para recordar a “Almendrito”. Ese toro que lo tenía todo para quitarle el trono, pero que yo adoro, como lo cuenta, sin tapujos, Vicente Ruiz “El Soro”. Molinete de esfuerzo en la vida, cuando la casualidad te rompe la rutina y amenaza con no poder recuperarla. 

No fue necesario que se recordaran sus hitos en el toreo, qué más da, no hace falta. Que vaya aprendiendo alguno. Fue la noche del temple y el esfuerzo, y de llenar los depósitos de afición para que lleguen otros y nos la quiten.

Lo que no nos van a quitar es el recuerdo. Ni las ganas de felicitar al Club Taurino de Lorca por estar enamorado de su plaza y defender la fiesta de los toros como lo está haciendo.

Un rotundo éxito su ciclo cultural.

Por cierto, se me olvidaba. Dilo conmigo

 #SutullenaYa, que es como decir ¡Te quiero!

Fran Pérez @frantrapiotoros