ALTA MIRA

fran perez opinionHay momentos que destapan realidades y que hacen conocer mejor la historia de la gente. Quién le iba a decir aquel día a la niña María, que en el viaje a Altamira con su padre,  Marcelino Sanz de Sautuola, iba a ser la descubridora de la joya del Paleolítico Superior. Y que esa frase infantil “Mira, papá bueyes”  se haya convertido en el prólogo de la historia de la capilla Sixtina del arte rupestre.

Antes de todo eso, Modesto Cubillas, tejero asturiano, ya avisó a Don Marcelino la existencia de esta cueva sin que el rico propietario local le hiciera caso, hasta que la casualidad le llegó intentando encontrar restos de huesos y sílex por su necesidad imperiosa de tener objetos como los que vio en la exposición Universal de París en 1878.

Miro la historia de Altamira y veo a su vez la de un torero marcado por la contingencia.

Padilla, curtido en mil batallas, torero capaz de enfrentarse a los animales de encastes y ganaderías que las figuras del momento eran incapaces a matar, pasaba desapercibido por el escalafón sin que a su heroico valor se le echaran cuentas. Muy pocos sabían que el jerezano estuvo a punto de morir en Pamplona por la cornada asestada en el cuello por el toro Sureño de Miura, que jugó con las arterias del torero como si de una partida de póker se tratase. Pero además de entrega, la trayectoria del “Ciclón de Jerez” era de triunfo. Y todo delante de la integridad y astas del toro bravo. Y de ejemplo, el indulto de Muroalto, un gran toro de Victorino Martín lidiado en San Sebastián en 2005 o de su gesta de torear seis Miuras en Bilbao con el cuello todavía en carne viva de la cornada de Pamplona.

Lo comentado parece que se le olvida a los que lo han increpado por su manera de decir adiós. Entiendo que no pasa por su mejor momento. Que el anuncio de retirada debió llegar antes o que su toreo no sea el más ortodoxo.  Pero hay que fijarse de donde viene.

La casualidad de una tarde maña revestida de cartel maldito pozoalbense entre el cárdeno de Ana Romero hizo descubrir la superación de un torero y a la vez llenarlo del mayor de los respetos.

Esa superación ha tenido la recompensa de recoger el cariño del público por las plazas y de encontrar contratos donde antes estaban las puertas cerradas. El toro le quitó mucho, pero ahora, con cara de pirata bueno, le ha devuelto lo que debió darle antes de que aquel octubre por el Pilar nos dejara a todos los aficionados sin habla. Aunque lo mejor que tiene en sus manos, es el bien más preciado, la vida.

Esa que le hará pasear por la playa de Sanlúcar agarrado de la mano de su mujer mientras  sus hijos corren delante, y las olas del mar rompen el silencio del momento como la música de la victoria del guerrero mientras del pensamiento, bajo la verdad de una alta mirada sale eso de ¡Mereció la pena llegar hasta aquí!

Fran Pérez @frantrapiotoros

para portada
Padilla el pasado 30 de julio en Calasparra