pedro-mellinas-opinionNuestras vidas se cruzaron una sofocante tarde de junio de 2012. Mi amigo, primo y hermano Pascual Mellinas, organizaba una novillada en las fiestas de Valentín que a la postre fue un éxito y que no se ha vuelto a celebrar por circunstancias que otro día les contaré. De carácter enormemente amable, educado, cariñoso y humilde, Don Joaquín López Ríos seguía atento como siempre a su torero David Fernández, que aquella tarde abría un cartel que completaban Filiberto y Fernández de la Torre. 

Es difícil encontrar a personas que hablen mal de él, y les puedo asegurar que en este mundo del toro es casi una tradición que se ponga a caer de un burro a apoderados y empresarios taurinos, confluyendo en él ambas condiciones.

Enamorado de la tauromaquia, pero sobre todo de la vida, ha sido noticia estos días por haber finalizado la relación de apoderamiento que le unía a David Fernández. El novillero de Cehegín, continuará su camino de momento en solitario, tras haber toreado casi 100 novilladas de la mano del empresario murciano, 50 de ellas con caballos. Números de otros tiempos.

Pero la relación del apoderado y el novillero iba mucho más allá. Para Joaquín, que ha dirigido con anterioridad la carrera de otros toreros, David no era uno más. Por eso, cuando está atravesando un momento complicado por circunstancias que quienes lo apreciamos sabemos, debe ser especialmente duro apartarse temporalmente del mundo de los toros, y sobre todo de quién quería como el hijo que nunca tuvo.

Estoy seguro que un señor como Joaquín López Ríos no dirá públicamente cómo le ha sentado de mal la desafortunada nota de prensa, en la que el torero unilateralmente afirma que “ha decido romper” y a la vez que “ha sido de mutuo acuerdo”. Y no lo hará porque él es el primero que quiere lo mejor para David Fernández. Como nosotros.

Deseo que el buen novillero y mejor persona, encuentre pronto un buen mentor que le ayude a seguir creciendo. El valor y la afición que atesora son la mejor materia prima. Este debe ser su año. Me consta el interés que tenía Tauroemoción para que pudiese volver a hacer el paseíllo en la plaza de toros de su pueblo, quizá el 9 de junio, y haber podido tomar la alternativa ante sus paisanos. Su deseo es doctorarse en la plaza de toros de la capital, lo cual, vistos los antecedentes, se nos antoja complicado. Ojalá pueda ser así y que llegue con la fuerza necesaria para que la alternativa sea un punto y seguido, y no el sinónimo del paro, como desgraciadamente ocurre con demasiada frecuencia.

Seguro que ese día Joaquín López Ríos será el primero que acudirá a la plaza para desearle lo mejor al que siempre será su torero. Y es que los hijos son así, y por muchos disgustos que den, un padre siempre es un padre. Y este padre además es un señor de los pies a la cabeza.

 

Pedro M. Mellinas @PedroMMellinas