El aficionado que acude al coso de Calasparra es el primero en agradecer la presencia de los novilleros que vienen cada tarde a enfrentarse al “novillo de Calasparra”. Por eso, es tradicional que les reciban con una clamorosa ovación al romper el paseíllo. Después, durante la lidia, se les respeta, se escuchan los silencios, se les agradece el esfuerzo, resultando extraño que a algún novillero se le pite o se le abronque, salvo desentendimiento, aplaudiendo el esfuerzo que hacen engrandeciendo su profesión anunciándose en esta gran feria de novilladas. Por eso, hoy comenzamos la presentación de la novillada de Galache con este particular homenaje a José María Trigueros, Lalo de María y Diego Bastos, que lidiarán este esperado hierro el 8 de septiembre, cerrando la feria, día en el que se celebra la festividad de la Virgen de la Esperanza.
Para Galache, Calasparra es un compromiso importante para seguir cogiendo confianza, esa que no le dieron las figuras que apartaron o vetaron a un hierro que reinó en los años 50 y 60. Morante de la Puebla, un fanático de esta ganadería de encaste Vega Villar, pero con una línea muy particular, la de Encinas, ha conseguido que a esta vacada salga de esa injusta indiferencia a la que estaba sometida.
Sus reses pastan en la finca “Hernadinos”, en Villavieja de Yeltes (Salamanca). Durante décadas, la familia Galache ha sido la guardiana de esta línea única y singular con un prototipo morfológico reconocible a simple vista.
El encaste Vega-Villar nace en 1910 tras el cruce genial llevado a cabo por José Vega: Vacas de Veragua con simiente del trascendental semental «Cuchareto» del Conde de Santa Coloma.
Sin saber qué porcentaje de sangre Ibarra o Saltillo disponían los sementales que formaron el encaste Vega-Villar como tal, en 1922 se forman las dos ramas del encaste, Cobaledas (carga Saltillo) y Encinas (carga Ibarreña).






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