Calasparra, además de ser población lanzadera para los novilleros con picadores con su Feria Taurina del Arroz, también lo es para los novilleros sin picadores con su certamen “Espiga de Plata”. Si hay un sitio donde se apuesta por el futuro de la tauromaquia en la Región, alejado de esos carteles donde los toreros suman más de 65 años de alternativa, es este. Un feudo que todo aficionado que se precie está llamado a conservar, con su asistencia a la plaza, para que, cada año, se pueda ver en nuestra comunidad “algo diferente” entre tanta monotonía.
Ayer, la madrileña Olga Casado, flamante ganadora de la Espiga de Plata, dejó claro, para los que todavía andan en el siglo pasado, que el mundo del toro debe alejarse de los complejos y las cosas prestablecidas, y que la magia del toreo no entiende de sexos, creencias ni razas. La buena noticia es que, además de ella, se descubrieron un buen manojo de novilleros que están llamados a renovar a ese escalafón al que le hace falta, como el comer, savia nueva. Otra cosa es que los de arriba dejen crecer los brotes verdes.
Testigos de las ilusiones de los novilleros, en los tendidos de la monumental metálica de Calasparra, fueron muchos aficionados que acudieron hasta la Villa del Arroz el 27 y el 30 de julio con la intención de descubrir como se presenta el futuro de la fiesta de los toros.
Nuestro compañero Pedro Laforet no se perdió ni un detalle, ni del ruedo (pueden ver las fotogalerías en las crónicas), ni de los tendidos. Por eso abrimos nuestra particular sección “Lo que el toro no ve”. ¿Estuvo usted en los toros en Calasparra? Búsquese y, si quieren, que ahora está muy de moda, presuman de ello.



































































@elmuletazo / FOTOS: Pedro Laforet
