Opinión: «EL MILAGRO DE SUTULLENA» por Antonio José Candel

A lo largo de la historia se han sucedido decenas de movimientos sociales que han influido no sólo en un determinado ciclo político, sino en un contexto caracterizado por nuevas comprensiones de la sociedad. Procesos –en ocasiones— de un complejísimo aparataje entre iguales que trascienden holgadamente por el anhelo reflexivo del fin perseguido.

Efectivamente, no todos estos fenómenos han cuajado con la misma firmeza, consecuencia inevitable de una estafa de la que el tiempo es el mejor juez. El 15M, ciertas tribus urbanas y movimientos ecolojetas. Los nuevos feminismos secuestrados ideológicamente por la izquierda. Movimientos proféticos de una nueva antropología. Todo esto no deja de ser ejemplo de una peyorativa imagen social.

Otra de esas iniciativas que vemos volatilizarse es el llamado Pacto Verde Europeo, que condena a nuestro campo y a nuestros ganaderos (también a los de bravo, claro) a la ruina tras falsos modelos de sostenibilidad. Tenemos que entender que se trata de un ataque generalizado al mundo rural del que la tauromaquia forma parte.

Son escasos los procesos de reivindicación social que han durado con la misma energía tanto tiempo. Muy pocos, para ser exactos, un decenio. Ese es justo el tiempo que ha pasado desde que en Lorca surgiera un movimiento social como nunca antes había conocido la tauromaquia. Y es que, hace diez años, la ‘Ciudad del Sol’ vivió su particular revuelta de los tractores al grito de “¡Sutullena, YA!”.

Si hoy la plaza de toros de Lorca ve inminente su ansiada reapertura y reinauguración tras los devastadores terremotos de 2011, es gracias precisamente a un extraordinario movimiento social. No de los que vienen a servirse, no: de los de verdad, de los que nacen para cambiar las cosas.

El Club Taurino de Lorca, o la familia taurina de Lorca, ha luchado en un contexto no siempre amable para que el coso de Sutullena vuelve a lucir hoy bajo el título de la auténtica Maestranza del Levante español. Obligaron a pronunciarse como nunca a los dos partidos que han gobernado la ciudad durante estos trece años. Con unos se comprobó que el nivel de apoyo responde muchas veces a expectativas nerviosas; con otros que la sociedad civil organizada, como elemento de tensión, sí es capaz de cambiar tendencias.

En su condición de grupo humano, no me cabe la menor duda de que a lo largo de esta decena de años se ha podido producir cierta erosión que no es otra cosa que los peajes de toda organización. Reside en nuestra naturaleza. A pesar de todo, el Club Taurino de Lorca supo articular adecuadamente las reivindicaciones para las que renació, con nítidas aspiraciones culturales y, como todo movimiento social, enfrentando los desafíos políticos propios de tres legislaturas con administraciones distintas.

La razón frente a la desesperada huida; el instinto frente a la cobardía. Como un torero aplica esta lógica en su heroica acción frente a la cara del toro, el Club Taurino de Lorca nos ha regalado un patrón estructural y colectivo en un mundo ansioso por descubrir modelos de éxito.

En efecto, se suele decir que “un camino de mil millas comienza con un solo paso”. El coso de Sutullena y toda la sociedad murciana –todo el sector taurino— deben reconocer que si hoy se va a abrir una nueva plaza de toros en medio de un ecosistema altamente reactivo que destruye todo aquello que huele a tauromaquia, es gracias al compromiso del movimiento social que representa el Club Taurino de Lorca. Porque una cosa es la fantasía que despiertan algunas promesas y otra muy distinta la labor fatigosa de hacerlas reales.

Por Antonio José Candel @AntonioJoCandel

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