FILIBERTO Y MIRANDA: AMISTAD Y ADMIRACIÓN EN «EL CUBO»

José Antonio Miranda es un valiente. Cada día torea, sin barreras, a la vida por naturales con su silla de ruedas. No se viste de luces, pero tampoco lo necesita. En el circuito de la superación corta cada día los máximos trofeos. Es capaz de acabar con el cuadro que componen todos aquellos que sufren por los problemas del primer mundo. Del escalafón de la existencia es primera figura.

Su corazón se alimenta viendo torear a Filiberto, su paisano torero de Calasparra, su amigo, su confidente. José Antonio es un ferviente partidario, su fan número uno. Lamentablemente, como el mundo del toro es tan injusto, no puede verlo con la frecuencia que quisiera y se enfada por ello. No entiende como un torero con esas cualidades tan magníficas para agradar a los públicos está en su casa, sin parar de entrenar, esperando que le llegue una oportunidad, cuando hay sueltos por el escalafón algunos espadas medrosos que no paran de sumar contratos.

Ayer, consciente de que el alma del bueno de «Jose» necesitaba oxígeno, Filiberto se lo llevó hasta Trujillo, concretamente hasta la finca de «El Cubo», para que fuera testigo del tentadero de dos becerras de esta vacada en el que tomó parte.

José Antonio vio de nuevo a su amigo plasmar el toreo clásico, el de verdad, el puro, delante de dos animales de nota del Blas Gómez.

Al final, de nuevo, la misma afirmación: «¡Qué torero nos estamos perdiendo!».

@elmuletazo

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