OPINIÓN: «A LÁGRIMA VIVA» por Fran Pérez

Entre tanta mentirijilla que navega hoy por hoy por el océano de la tauromaquia, la emoción de José María Manzanares en la despedida de los ruedos de Julián López “El Juli” en Sevilla me ha llegado. La fotografía de José A. Ramos (@santanadeyepes) es una verdadera maravilla. Los ojos vidriosos del de Alicante, prácticamente roto al ver a su amigo retirarse en plenitud, hablan por sí solos. Ponen de manifiesto el valor de la amistad verdadera, que en estos tiempos anda en peligro de extinción en beneficio de los intereses particulares que le han comido terreno. Ciertamente le ponen a uno a cavilar: “¿será alguien capaz de emocionarse de esa manera conmigo cuando yo tome una decisión importante en mi vida?” Bienaventurado es quien sepa la respuesta.

No sé si “El Juli” sabía que tenía tantos buenos corazones a su lado, pero si la retirada le ha servido para sentir sus latidos emocionados, ha conseguido una de las cosas más hermosas que se pueden percibir.

Vaya lección que dio también el madrileño, poniéndolo todo hasta el último día. Marchándose a porta gayola en su último toro y después del triunfo de Daniel Luque. Su tauromaquia habrá gustado más o menos, y mira que yo no he sido especialmente partidario de él, pero no se puede discutir su estatus de máxima figura del toreo. “El Juli” ha mandado, ha parado la confección de ferias, ha triunfado rotundamente en las más importantes, ha puesto a los empresarios en un brete, y los más importante, ha llevado mucha gente a las plazas de todo el planeta de los toros. Eso es una certeza que no se puede cambiar, por mucho que sus detractores peguen pataletas de niño chico. La grandeza de una figura, de alguien importante, no se mide por el nivel de sus triunfos, sino por la cantidad de difamadores que tiene y por el poder de atracción del público a la taquilla. Que ya saben, que muchos van por ahí de figuras y no llevan ni al “Tato” a la plaza.

Además, “El Juli” se va en un momento extraordinario, en forma, y con la capacidad de realizar otras 10 temporadas más. Irse en la cumbre, con 25 años de alternativa, le honra. Es todo un ejemplo a seguir, quizá eso también pasaba por la cabeza de Manzanares, de algunos toreros más, o incluso del que les escribe.

Es verdad, eso sí, que Julián ha transitado por la fiesta de los toros en una época donde el fraude en la misma se ha extendido de manera amplia, y donde la gente se ha empezado a dar cuenta. Muchos, por su condición de mandamás del toreo, lo han cogido como cabeza de turco, pero su marcha no va a solucionar los verdaderos problemas que tiene hoy en día el sector taurino.

La tauromaquia ya no es la que era, el toro se ha convertido en un actor secundario en la mayoría de las plazas, son pocos los toreros que tienen verdaderas oportunidades para coger el testigo de las figuras, y de los pocos casi ninguno lo consigue; la exigencia en las plazas de responsabilidad ha bajado hasta el punto de ver Puertas del Príncipe sin rotundidad (véase la de Castella el otro día en la Feria de San Miguel de Sevilla), son los novilleros los que, sin experiencia, tienen que enfrentarse a las ganaderías que no quieren los toreros, el espectáculo ya no es para todas las clases sociales por su elevado coste en taquilla…. y un sinfín de cosas más.

Para colmo, después de la pandemia, el sector taurino ha vuelto, no con la idea de reflotar el espectáculo, sino que se nota que se ha decidido explotar o expoliar lo que queda de la fiesta hasta que dure, incluso con Fundación del Toro de Lidia por en medio.

Ante este panorama, a mí, también me dan ganas de llorar a lágrima viva.

Por Fran Pérez @frantrapiotoros

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