CUANDO PEPE CASTILLO PONÍA BANDERILLAS SALÍA EL SOL

Si hubiera salido de la escuela valenciana, cuna de los mejores banderilleros de la historia del toreo, hoy, la noticia de su fallecimiento engrosaría todas las webs taurinas de ámbito nacional. El caso es que la vida decidió que Pepe Castillo, uno de los más avanzados rehileteros de los años 60, naciera en el barrio del Carmen de Murcia el 4 de diciembre de 1932. Castillo sintió la afición desde muy niño, ya que en su familia se hablaba de toros continuamente. Y es que su abuelo y su padre fueron mozos de espadas, conocidos en el mundo del toro bajo el apodo de “Los Mochila”.

Con la sangre taurina corriéndole por las venas y con el toreo de moda en el país en aquellos años, Pepe Castillo, con algunos ahorros conseguidos trabajando como botones en el sanatorio de los ilustres doctores Clavel Nolla y Pérez Villanueva, decidió probar suerte en la profesión. Vistió por vez primera el traje de luces en Yecla el 9 de septiembre de 1949, destacando ya por su excelente forma de parear y su valentía con la muleta.

Tras varios festejos exitosos en plazas de la Región de Murcia, decidió presentarse con los del castoreño en la plaza de toros de Murcia el 1 de agosto de 1954. Ese día alternó con Manuel Cascales y César Faraco.

Desde el primer día la afición se le entregó en todas las plazas donde actuaba. Y es que Pepe tenía unas grandes condiciones para ser torero. En Cartagena, el 3 de junio de 1956, sufrió una gravísima cornada por parte de un novillo de Antonio Pérez que frenó en seco su carrera. Cuando volvió recuperado a los ruedos, la cosa ya no funcionó como él esperaba. La falta de oportunidades le llevó a cambiar el oro por la plata, y en poco tiempo, se convirtió en un subalterno sensacional. Las crónicas de antaño decían que cuando Pepe Castillo ponía banderillas salía el sol. Su enorme afición la compaginaba trabajando de funcionario en el Ministerio de Información y Turismo, y como profesor de Educación Física en un colegio de la capital del Segura.

Su campaña de 1969 fue brillante. En las filas de “El Levantino” hizo que los públicos le ovacionaran tarde tras tarde. Ese mismo año puso a la plaza de toros de La Condomina en pie banderilleando a una de las corridas más fuertes que se han lidiado en esa plaza. En noviembre de ese año, en fechas nada taurinas, le llegó una llamada desde Almería para actuar en una novillada económica el 7 de diciembre. Tras pensárselo mucho, ya que acaba de pasar la gripe, decidió torear el festejo, en contra de su mujer, que quería que su marido se quedara junto a ella y sus hijos. Y es que el sueldo no era nada alentador. A Castillo lo contrataron por 1412 pesetas, que tras propinas y gastos se quedaban en 1000. Y finalmente, fueron 1000 y casi la muerte…….

Pepe Castillo llamó al novillo de largo para que se arrancara y poder colocarle un enorme par de banderillas. El animal se arranco con presteza y el murciano le colocó un soberano par de banderillas, luciéndose a su salida, pero el bicho se arrancó inesperadamente, nadie le hizo el quite, y lo cazó entre las tablas, propinándole un cornalón tremendo en la pierna.

En la enfermería le operaron de una cornada de 40 centímetros, que causó grandes destrozos, y que necesitó la trasfusión de cinco litros de sangre.

“Me retiro. No necesito torear para vivir. Voy a quemar el traje de la cogida, ese y todos los demás”, repetía en el sanatorio el banderillero.

Los médicos consiguieron salvarle la vida, pero en su pierna derecha había algo que no iba bien. Pepe no tenía sensibilidad y tras muchas intervenciones, el día 30 decidieron que lo mejor era amputársela.

La mala noticia causó que muchos profesionales del toro se volcarán con él. El 21 de febrero de 1970, la plaza de toros de La Condomina se llenó para el festival en su homenaje y beneficio que torearon Diego Puerta, Paco Camino, Manuel Cascales, Vicente Fernández “El Caracol”, Francisco Rivera “Paquirri” y “Utrerita”

Castillo hizo el pasillo con ellos, recibiendo a su finalización una ovación de gala. Todos los diestros abrazaron al banderillero murciano, que no se pudo contener las lágrimas. Esas que desde ayer bañan las cuencas de sus familiares y amigos, entre ellos un emocionadísimo Mariano Molina, compañero de aventuras taurinas.

F.P @elmuletazo

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