Los seres humanos nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida a “situaciones límite”, problemas de los que, según el filósofo alemán Karl Jaspers, tratamos de huir porque nos colocan frente a nuestros miedos, nuestras inquietudes, al no saber qué pasará después o incluso mirando frente a frente a la parca. Esta coyuntura es inevitable, algo esencial y permanente para nuestra existencia. Aunque resulte duro, es parte de nuestra vida.
Las situaciones límite pueden ser una gran oportunidad para la superación. Todo corazón humano está revestido con el escudo de un “gladiador” que hace que nuestra condición humana de huida se trasforme en una lucha sincera donde sacamos toda nuestra energía para la victoria. Frente a la desesperación, según Jaspers, asimilamos quienes somos a través de la transformación de la conciencia de nuestro ser, y eso, nos hace más fuertes.
El tiempo ha querido que uno de los toreros más sinceros y trasparentes del escalafón pase por uno de esos obstáculos que la vida, esa bonita y cruel circunstancia, pone siempre a los que menos lo merecen. Mientras que el abrazo sea caliente, mientras que el latido sea un impulso, siempre habrá lugar para la esperanza.
No hay duda que Paco Ureña pondrá todo de su parte para escalar este Angliru y coronar el puerto más complicado de su vida. En esa subida, va a tener a toda una legión detrás de él, que lo va a empujar cuando las fuerzas le fallen en una pendiente, que le va a dar agua cuando se vea sediento y que no va dejar de aclamar el grito de guerra ¡#FuerzaUreña! hasta que la sonrisa vuelva a iluminar su cara.
Paco Ureña nació para torear, y eso siempre irá ligado a su gesto. Sus naturales son rito, su verdad delante del toro una revelación de un misterio ancestral y mítico y su vivencia un cuerpo a cuerpo entre la vida, con sus sueños y deseos que hacen que el aficionado sienta la inquietud que engrandece la fiesta y el escalofrío a flor de piel.
Como escribiera el poeta García Lorca, en su obra “Así que pasen cinco años”, el murciano, pase lo que pase a partir de ahora, será siempre “Leyenda”, esa que cantó Camarón al tiempo en uno de los mejores pasajes de la historia del flamenco. La superación y pureza sin trampa ni cartón de Ureña ya es parte imprescindible de la historia de la Tauromaquia.
“El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.
El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.
Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.”
A esta leyenda viva, le quedan muchas tardes de gloria por darnos.
Fran Pérez @frantrapiotoros
