SEPTIEMBRE DE RECUERDOS por Fran Pérez

Llega septiembre vestido de luces, un año más, para romper la calma de las plazas de toros de la Región de Murcia y vestirlas de alegría. De esa que decía el filósofo Ortega y Gasset que estaba motivada por ese espectáculo único e inigualable, cultura, rito y juego de vida y muerte que son las corridas de toros.

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Aficionados en la plaza de toros de Lorca

Es tiempo de que el silencio se trasforme en trasiego, de abrir taquillas y limpiar corrales. De desembarcar toros y arreglar ruedos. De hacer en tres días los que no se ha hecho en once meses. Ese huracán previo, ese terremoto hacía el adjetivo del pueblo español se siente en primer lugar en las conserjerías de las plazas de toros. Ese lugar donde se abren las puertas y se guardan recuerdos, donde las vivencias de cada septiembre se conservan como un tesoro de pirata en la isla del corazón.

Murcia, Calasparra, Cehegín, Abarán y Yecla ya sienten que llega una nueva página para su historia, una nueva foto que colgar en la pared. Tradicionalmente, las plazas de toros cual convento franciscano, están custodiadas por un guardián, o en este caso, por una familia por la que los mejores momentos de su vida están tocados con el albero de un escenario que los ha visto nacer.platolo5_g

Aprovechando que se cumplen 73 años desde que aquel 2 de septiembre de 1945 se reinaugurara la plaza de toros de Lorca después de la guerra civil en un día de gloria en el que reapareció Domingo Ortega junto a Luis Miguel Dominguín y Pepín Martín Vázquez para estoquear toros Conde de la Corte y cantaran Lola Flores y Manolo Caracol, vamos a recordar la historia de la familia López cuyas raíces se bañan en la historia de Sutullena y aguardan a que la esperanza de la pronta recuperación del coso por parte del Ayuntamiento de Lorca se conviertan en una realidad.00001816_0001

Alfonso López es el actual conserje de Sutullena, la tercera generación desde que Los Alcántaras, propietarios de la plaza de toros de Lorca en 1937, decidieran que José López Vélez, un humilde labrador a su servicio, fuera guarda del coso. José y su mujer Juana, que los días de festejo ponía a toda la familia firme a las siete de la mañana para barrer la plaza y quitar la hierba del ruedo, se fueron a vivir a la plaza de toros y con ello hicieron que ese anillo girara en la vida de sus descendientes para siempre.

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Domingo Ortega el 2 de septiembre de 1945 en la plaza de toros de Lorca

Desaparecido el primer López, llegó a la conserjería su hijo José López López. Padre del actual conserje. Todo un personaje. En la herida Sutullena se conserva un azulejo en su memoria.  Dicen que era el hombre que susurraba a los toros, que se hacía amigo de ellos, aunque todos no se prestaran a ello, ya que alguno dio sustos a su familia al aparecer por sorpresa en el patio de caballos o hacían que su familia se tuviera que ir a dormir a casa de otros familiares por el miedo a que se escaparan, como los Pablo Romeros de 1951 que lidiaron Rafael Ortega, José María Martorell y Juan Silveti, a los que tuvieron que poner tabiques en las esquinas de los corrales para que no hicieran un estropicio.

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El conserje de la plaza de toros de Lorca con José María Manzanares

Pero José tenía una historia muy particular con un toro que se quedó en los corrales de la plaza de toros tras suspenderse una corrida por lluvia. Estuvo tres meses dándole de comer y se ganó su confianza. “Matalhombro” era la mascota de la familia, su nobleza era tal que permitía a los tres hijos de José; José, Alfonso y Juan Antonio, subirse a él como si fuera un caballo. Pero llegó el día en que el toro amigo tuvo que salir al ruedo. Y cuando lo picaron José no se pudo aguantar y le silbó. “Matalhombro” lo buscó por toda la plaza y cuando lo encontró lo empezó a lamer. Fue toda una conmoción. Los espectadores y la autoridad decidieron indultar al amigo de José, pero José no podía hacerse cargo de él. El Niño de Caravaca le hizo una gran faena y le cortó las dos orejas. José, no pudo verlo y se fue a la conserjería a amasar en la mente lo vívido.

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José López López con “Matalhombro”

Con 41 años, José enviudó y volvió a contraer matrimonio con Trinidad Méndez, que también supo ser una excelente mayordoma de Sutullena.

Trinidad crió a toda la familia López pero también a esos aficionados que se cogían las vacaciones en septiembre para vivir en la plaza de toros. Uno de esos locos que ya casi no quedan era Fernando Pérez. “El Narro de la Vía”, un corazón pegado a la historia taurina de Lorca que dejó de latir con solo 38 años. Fernando vivía literalmente en la plaza, le gustaba hablar con los mayorales y ser partícipe de todo lo que se movía en torno a los toros. Con 16 años creó la peña “Los valientes” con 16 amigos amantes también de la fiesta de los toros, con sede en una taquilla de la plaza de toros. Una peña que organizó festivales benéficos y espectáculos cómicos a beneficio del asilo de San Diego, que conseguían de recaudación hasta setecientas cincuenta mil pesetas de la época. Tanto fue el éxito de Fernando en los festejos cómicos que hasta el Bombero Torero lo quiso contratar.

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“Los valientes” con Pepín Jiménez en la plaza de toros de Lorca

Esa peña “Los Valientes”, forjada en la gran afición de “El Narro”, mutaría más adelante en la primera piedra de lo que hoy es El Club Taurino de Lorca, que a día de hoy trabaja para que la historia de Fernando, de los López, de las grandes tardes de Pepín, de los inicios de Ureña y de todos los recuerdos e historias que han pasado por el ruedo de las alamedas de Lorca sigan muy vivas en la memoria de todos los lorquinos. Y para que sigan vivas, debe volver ese ambiente de toros que van a vivir otras plazas de la Región este mes. Con un éxito en el camino, por la compra y la supuesta rehabilitación de la plaza por parte del consistorio municipal y por la vuelta de la peña a su sede natural, queda trabajar intensamente para que esa alegría que decía Ortega y Gasset se refleje en los tendidos de la Nueva Sutullena, en una época difícil, donde los toros no están de moda. Pero los nuevos valientes lo van a conseguir. Las ilusiones no entienden de modas y pueden con todo.

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Los nuevos “valientes” del Club Taurino de Lorca

Al “Narro” lo llevó Alfonso López a la plaza desde pequeño. Fue su mejor amigo. Ahora, ya de conserje, cada palabra que lleva Sutullena convierte los ojos de Alfonso en piscinas de emoción. Es su vida, el reflejo de su sangre. Hasta en el peor día de Lorca, aquel 11 de mayo de 2011, fue su refugio.

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José, Alfonso y Juan Antonio López, los tres hijos de José López López

En la esperanza de volver a casa, una pieza de los López se ha quedado por el camino. Juan Pedro, sobrino de Alfonso, marchó hace unos días sin poder ver el sueño cumplido y sin ver a la siguiente generación de conserjes, su hermano Jesús, continuar con la dinastía.20170728_122119

Los rayos de sol que pasan por los árboles de la alameda e iluminan el patio de caballos cada mañana deben hacer brillar la placa que debe lucir en esa plaza antes de que suene el primer clarín de su segunda reapertura, recordando a los que quisieron sentarse en Sutullena ese día tan señalado, y que tendrán que verlo desde el palco celestial. Pero con una cosa clara, la distancia, jamás es el olvido. Que suene “Puerta Grande” para ellos.

Fran Pérez @frantrapiotoros