MANOLETE DEJÓ HUELLA EN MURCIA Y MURCIA LE DEJÓ SU MARCA EN EL ROSTRO por Julián Hernández Ibáñez

IGNACIO 1Intentar resumir en unas líneas la grandiosidad del toreo de Manolete, es arduo y no puedo añadir nada que todo el mundo sepa. Diré tan solo que Manolete, por su recia personalidad, buen arte y pundonor, provocó en las masas una atracción magnética que las enardecía, atracción que ascendió en intensidad tras su trágica muerte, hasta llegar al extremo de que su figura, ya desaparecida, se apoderara de una especie de ficción mitológica.

Todo eran elogios hacia la forma que tenía de interpretar la lidia. Manolete fue un revolucionario de la fiesta por su toreo parado de perfil, personalísimo y natural. Con él tras los efectos producidos por la escuela belmontina, logró acortar aún más las distancias entre el hombre y la fiera. Sus estatuarios impasibles en los que a veces, el toro se llevaba la pechera de la camisa y el corbatín por delante. Aquellas ceñidas manoletinas, barriendo a sus enemigos de pitón a rabo, eran de una plasticidad y emoción inigualables. Durante los ocho años que conoció como matador de alternativa, su nombre fue el eje, alrededor del cual giraba toda la actividad taurina nacional y en muchas ocasiones internacional. Fue un consumado estoqueador, virtud que ya poseía desde sus comienzos como novillero hasta el último día de su vida.1-Manolete_patas[1]

Manolete, diestro de mirada melancólica, realzada por el rictus amargo de una marca imborrable, aquel puntazo en la mejilla que le infirió un toro de Concha y Sierra en Murcia, el 8 de septiembre de 1941, alternando en corrida de ocho toros junto a Juanito Belmonte, Pepe Luís y el  torero murciano Perico Barrera.

Era la segunda tarde de Manolete en Murcia, y según la reseña de la época la herida fue tal así:

–La faena estaba siendo un rotundo éxito, hasta que, al salir de un pase de pecho, el toro derribó al matador y los banderilleros no llegaron a tiempo para hacerle el quite. El astado había propinado un puntazo en el rostro a Manolete en el lado derecho de la cara, a la altura de la barbilla. Resultó con una herida contusa en la mejilla derecha, que llega hasta la región cigomática, otra en el auricular, y fuerte contusión torácica. Pronóstico reservado», exponía el parte médico de la enfermería.manolete-cornada-murcia-kE8B--624x371@La Verdad

El doctor Ramón Sánchez Parra, que atendió al diestro, le impidió que volviera a salir a torear su segundo toro. Ya por la noche, el médico se acercó, junto a su hijo, al hotel Victoria para ver cómo se encontraba Manolete después de la fuerte paliza. El hijo del doctor se sorprendió al verle, pues decía que no había visto a Manolete, sino a un hombre con la cara muy hinchada.

Juanito Belmonte cortó las orejas y el rabo del quinto. Pedro Barrera desorejó a sus dos enemigos y Pepe Luis, que toreó como deben torear los ángeles, malogró su actuación por su fallo a espadas.

En la plaza de La Condomina toreo Manolete 12 corridas, de las que obtuvo un balance de 17 orejas y 7 rabos. Dentro del ámbito provincial toreo una corrida en Cartagena, otra en Cehegín y dos en Cieza. La fecha de la segunda corrida celebrada en esta última localidad es histórica: 26 de agosto de 1944. Fue la primera vez que se enfrentaron en los ruedos Manolete y el mexicano Carlos Arruza, con ganado de Rodríguez, y junto a Pepe Bienvenida como compañero de terna.20-Manolete y Arruza

Del festejo en Cartagena referiré algunos datos curiosos y que merecen ser recordados: 8 de abril del año 1944. Sábado de Gloria. Alternaban aquella tarde con el: Juanito Belmonte y Juan Mari Pérez Tabernero. Se lidiaron toros de Ángel Sánchez, de Salamanca. Aquella tarde no obtuvo trofeo alguno a pesar, de ser largamente aplaudido en todas sus intervenciones durante las faenas de sus dos toros. En su primero realizó una labor inteligente y fue cálidamente ovacionado durante toda la lidia, dando la vuelta al ruedo, en el segundo de su lote, quinto de la tarde, fue ovacionado y salió a saludar a los medios, desde donde pidió permiso a la presidencia para que le fuera permitido marchar antes de que finalizara la corrida, pues al día siguiente debía torear en Zaragoza. Fue despedido de la plaza con grandes muestras de simpatía. El almirante Bastárreche, íntimo amigo suyo, dispuso a su servicio dos vehículos para que se trasladarán, el, su apoderado Cámara y la cuadrilla, llegando al coso maño pocos momentos antes de iniciarse el paseíllo. Contaban los viejos aficionados, que aquella tarde de su actuación en Cartagena ganó 60.000 pesetas.

Por  Julián Hernández Ibáñez.    @julianhibanez