LUCIR EL ORO (Bilbao, crónica 23 de Agosto) Oreja para Ureña

 

Era el Victorino tercero como ese riachuelo a penas sin fuerza que guarda dentro de si el elemento más preciado. Cuando nadie lo veía, cuando parecía que solo era agua lo que llevaba, salió un torero con su verdad y su muleta convertida en buscador de oro. Tesón y compromiso mezclado con expresión y pureza, y con la magia de la mano izquierda. Porque su muñeca se movió como cuando los buscones de oro mueven las bateas para sacar esas partículas sacando poco a poco lo bueno del toro, para terminar metiéndolo en el canasto y lucir el pequeño trozo del preciado metal encontrado en el toro al natural. No le hizo falta más. Un estocadon arriba como marcan los cánones. Marcando los tiempos y dejando al burel patas arriba. Y la oreja fue a sus manos como una novia que va al altar iluminada por su belleza. Sin abalorios. Real.

La pena es que el sobrero sexto de Salvador Domecq, no tuviera dentro de sí agua clara. Y por mucho que el lorquino intentó buscar el fondo, sólo encontró barro, descaste y antítesis de bravura. Con el peor lote, Ureña salió victorioso de la tarde.

Sus dos compañeros tuvieron más suerte en el sorteo. Diego Urdiales, que se fajó con el primero, un correoso y alimañoso Victorino, de buena manera, no terminó de ver al cuarto. Fue ese toro un animal claro, con el defecto de la poca humillación pero con la virtud de la nobleza con el que Urdiales estuvo más pinturero que torero. Tuvo la suerte de estar en su feudo para cortar la oreja que en otra plaza no hubiera sido otorgada. Este torero tiene una torería infinita. El recibo a este toro fue de gran ejecución con unas verónicas de gran belleza pero falta todavía verlo estallar del todo y no quedarse en la mitad cuando por sus condiciones puede ser entero. Urdiales puede sacarse más partido, sin duda.

 A Escribano le tocó la joya de la corona de la tarde. Y no es la primera vez que pasa. El quinto de Victorino fue un toro de dos orejas por su clase y humillación en la muleta. Sin ser un “Cobradiezmos” fue el mejor de la tarde. Y como aquel día en Sevilla, Escribano estuvo voluntarioso pero sin llegar a aprovechar las enormes cualidades del toro. Aquí, el de Gerena lució el oro como el “Richal” en lugar de como una suave cadena que cae delicada en el cuello de una mujer. Dicen que no se le pueden pedir peras al olmo. Que el toreo de Escribano es más de garra que de sentimiento. Escribano dio lo que sabe dar y quiso mostrar su mejor versión por ambos pitones. Hubo momentos pero no una historia única que hace partir camisas y entrar en los recuerdos. Le pidieron las dos orejas porque Bilbao anda en niveles de plaza de segunda, Matías le puso cordura y concedió una, la justa, la que verdaderamente se merecía.

Con el segundo, lo mejor fue el tercio de banderillas y verlo más lleno de facultades.

Aleluya para hoy “Por mucho oro que se tenga hay que saber lucirlo”


Ficha:

Plaza de toros de Vista Alegre, Bilbao. Quinta de la Semana Grande. Corrida de toros.

Seis toros de Victorino Martín y uno, el sexto bis, de Salvador Domecq.

Diego Urdiales (azul pavo y oro): palmas y oreja.

Manuel Escribano (nazareno y oro): ovación tras aviso y oreja.

Paco Ureña (caña y oro): oreja y silencio.

Fran Pérez @frantrapiotoros

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