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Si usted hace un edificio con materiales defectuosos, lo más probable, es que tenga problemas a lo largo del tiempo. Pero si a eso le añadimos que los cimientos no son los idóneos lo más seguro es que se venga al suelo. Y algo similar es lo que le está pasando a la ganadería brava en España. Cada vez vemos y leemos más crónicas donde el juego de los toros deja mucho que desear. Flojos, descastados, nobles pero sin fijeza… en fin un cúmulo de defectos que indudablemente afectan al desarrollo de las corridas. Hemos escrito y comentado, en numerosas ocasiones, que los enemigos de la fiesta, a día de hoy, los tenemos dentro de casa.
Este comentario de entrada a la crónica de la primera de feria de Murcia, lidiada en el coso de la Condomina, es para poder explicar de la mejor manera posible que el encierro de Juan Pedro Domecq que lidiaron Perera y Ureña a lo mejor servía para la cocina, no digo que no, pero para la lidia dejaron mucho que desear. Solo se salvaron dos de ellos. Los lidiados precisamente por el lorquino. El cuarto, bis, que al correr turno se hubiera lidiado en sexto lugar y el que cerró plaza, sobrero que sustituía al cuarto y que pertenecía al hierro portugués de “Parladé” aunque todo sea Juan Pedro Domecq.
Casi media entrada, en una tarde agradable, aunque en los primeros compases de la lidia un suave vientecillo hizo acto de presencia. El cartel quedó en un mano a mano entre el extremeño Miguel Ángel Perera y el lorquino Paco Ureña al caerse de cartel, horas antes del festejo, Alejandro Talavante que presentó parte facultativo tras la corrida de Valladolid donde, al parecer, Talavante se resintió de su herida en la muñeca. Actuó de sobresaliente el matador Antonio Caro Gil.
Perera recibió con alegría de capote al toro que abría plaza y también se lució en el quite. Pero el animal, desde los primeros momentos de echar dos carreras por el albero ya llevaba la boca abierta y dos palmos de lengua fuera. Asfixiado. Comenzó la faena con ayudados por alto y el toro mostró su falta de fuerza. Perera, que lo vio enseguida, lo cuidó y llevó a media altura y suavidad al toro de Juan Pedro. Tuvo mucha vista y tacto del diestro extremeño, logrando mantener al toro en pie, pero en esta circunstancia le costó llegar al respetable. Mató de media de rápido efecto. El toro fue pitado en el arrastre y Perera recogió un cariñoso aplauso de la Condomina.
A Ureña le tocó otro similar. El segundo de la tarde fue recibido con una larga cambiada en el saludo. También destacó el quite con el capote a la espalda que fue muy aplaudido. Brindó al público y comenzó la faena en los medios con las dos rodillas en tierra toreando en redondo. Si bien, el lorquino, también se dio cuenta que el toro tenía pocos pases. Al igual que el anterior estaba asfixiado y sin fuerzas. El toro no tomaba bien los engaños. Echaba la cara arriba y “calamocheaba” continuamente. Tras uno de esos lances cogió a Ureña al que volteó afortunadamente con la pala del pitón y sin consecuencias. Lo intentó también al natural, pero al toro le faltaba empuje. Exprimió todas las embestidas y mató de media desprendida. El público, ya empezaba a enfadarse, y el arrastre del animal estuvo acompañado de una seria protesta. Una vez que las mulillas salieron del albero, Ureña, fue obligado a saludar tras una cariñosa ovación de los asistentes.
El tercero, al igual que sus hermanos, fue un toro flojo y sin fijeza. Nada que destacar en los lances de recibo si bien, después, Perera realizó un precioso quite por tafalleras y cordobinas que fueron muy aplaudidas. Antes, el diestro extremeño, estuvo muy atento al picador pues no quiso que se le “pegara muy fuerte” en varas y prácticamente el toro no fue picado. En las dos primeras series templó mucho, bajando la mano en la segunda exigiendo más al toro, pero este no estaba para muchas florituras y salía distraído de la franela. En todo momento, Perera, entendió muy bien lo que tenía delante y realizó el toreo de aproximación donde tanto destaca Miguel Ángel. Ejecutó manoletinas ajustadas y mató de una enorme estocada, logrando la primera oreja de la tarde.
Tras la merienda, y con el público bastante enfadado por el comportamiento de los toros de Juan Pedro Domecq, salió el cuarto que nada más salir mostró su flojera, renqueando de una mano y haciendo caso omiso de los engaños. El enfado del respetable se dejó sentir con más fuerza si cabe y el presidente se vio obligado a sacar el pañuelo verde. El lorquino corrió turno y echó al sexto por delante. Fue este un toro que se mostró molesto al principio, punteando y tirando cornadas a los engaños. Ureña realizó toda la faena de muleta bajándole la mano en dos series preciosas. Al natural se superó en tandas de mano baja y muy largo trazo que fueron lo mejor de su faena. Mató al segundo intento, tras un pinchazo sin soltar, y cortó una oreja.
El quinto y último toro de Perera fue todo un “regalito” para el diestro extremeño. No se dejaba torear de capa y tampoco fue fácil en los primeros compases de la faena de muleta. Toro complicado que, al no tener fuerzas, se defendía buscando con los pitones y no dejando que le dieran un solo pase. Se metió en los terrenos para protegerse, huyendo de la pelea, y lo hacía por dentro y apretando con constantes cambios de ritmo. Perera estuvo muy serio y entregado sin hacer ni una sola concesión. Hay que significar que estuvo muy por encima del toro y acabó con un serio arrimón con el que cortó su segunda oreja de la tarde. Estaba asegurada la puerta grande.
En sexto lugar se lidió el sobrero que pertenecía al hierro portugués de Parladé y que, siendo como son de la misma procedencia Domecq, no tuvo nada que ver con los seis anteriores. Seis porque uno había sido devuelto. Paco Ureña comenzó la faena por alto muy vertical y con mucha fijeza. Fue metiendo al toro poco a poco en la muleta, muy técnico con la derecha y más a gusto al natural con un toro que iba a más. Como digo, nada tenía que ver con lo que habíamos visto hasta ese momento. Y el lorquino se encontró a gusto y entregado con un público que le jaleaba constantemente. Hubo dos series redondas y rematadas por ese lado que fueron la cumbre de la faena. Ureña estaba tan metido en ella y tan acoplado con el toro que terminó la faena con una serie de redondos de rodillas. Mató de gran estocada al segundo intento y cortó dos orejas.
Primera puerta grande abierta en la Feria de Murcia en esta corrida del abono pero que, pese a ello, nos dejó un sabor amargo al comprobar el mal estado de la ganadería brava en estos momentos. Salvo honrosas excepciones naturalmente. Pero estos toros que nada más salir van con la boca abierta, un palmo de lengua fuera, que no toman los engaños, que se caen, que apenas entran al caballo para no “matarlos en el puyazo” o que, como pasó ayer, convierten a los toreros en verdaderos enfermeros para que el juego del animal llegue a los tendidos, es lo menos parecido a la lidia. Como he dicho anteriormente el enemigo de la fiesta no está fuera, en los que gritan o insultan, sino que los tenemos metidos dentro de casa. Una pena.
Alberto Castillo
Fotos: Toromedia
