Juan Vicente Rubio responde a la Escuela por alusiones

Juan Vicente Rubio, profesor, crítico taurino de Popular Televisión, miembro de la directiva del Club Taurino de Calasparra y de la Federación de Peñas y Clubs de la Región… dirigió a nuestro periódico una carta referente a la expulsión de un alumno de la Escuela Taurina, Jorge Martínez, que tuvo respuesta por parte de la misma, abriendo una polémica que anunciamos, y que encima, no iba a valer de nada. A esa carta, y por alusiones, responde Rubio. El Muletazo se queda al margen de esta polémica ya que se ha limitado a informar y no opinar, y da desde este instante por cerrado el tema.

 

La nueva carta de Juan Vicente Rubio, dice textualmente:

 

«Hace unos días, enterado de la expulsión de un alumno de la Escuela Taurina, publiqué una carta en los portales taurinos que quisieron publicarla, pidiendo a la Escuela que volviesen a admitir a un muchacho que quiere ser torero y cuyo único pecado fue dar unos muletazos a una becerra en una fiesta privada. En la carta no faltaba al respeto a nadie y estaba escrita sin acritud, con educación y con respeto. Me movió a escribirla los daños que puede sufrir un adolescente que estudia cuarto de la ESO. Sería triste, como dije, perder a un torero, pero sería peor perder a la persona. Y esto, no sólo lo supongo yo, sino que lo afirma un informe de su Colegio en Totana firmado por el Director, su tutora y la responsable del Departamento de Orientación, tras reunirse y escuchar a todos sus profesores. No dudo de los conocimientos taurinos de los profesores de la Escuela, pero sí de sus formas para tratar con adolescentes.

 

Pasaron los días y, al no tener contestación, sinceramente creí que lo estaban considerando y que pronto readmitirían a Jorge. No me gustan las polémicas pues creo que sólo traen problemas. Mi sorpresa ha sido grande cuando me encuentro con una dura contestación de la Escuela a mi escrito. En ella se dice que: “he pretendido que una decisión de la Junta Directiva, justificada por los hechos probados, se tome por inoportuna y arbitraria”, añadiendo que, “es muy fácil reducir al absurdo tan infundadas y falsas acusaciones”. Pero lo que más me sorprende es que termina diciendo que “sólo desde la mala fe se puede imputar a la Junta Directiva el deseo de perjudicar al alumno”.(sic)

 

Basta ya. No hacía falta buscar un jurista para redactar la contestación. Esto me parece una provocación innecesaria. Repito que no quiero polémicas que dañen a la Fiesta y he estado pensando no responder, pero sí quiero decirles a estos señores, que es difícil, muy difícil para mí, mantener la templanza y quiero refutarles con la educación que ellos no han tenido, al acusarme de tener mala fe y  de ser absurdos mis razonamientos.

 

Yo no discuto las normas de la Escuela que los responsables quieren que se cumplan al pie de la letra; por cierto, me gustaría que todo el Reglamento se cumpliese con la misma pulcritud, y repito que entiendo que un alumno no pueda participar en un festejo taurino sin el consentimiento de sus profesores; pero yo tengo delante el Reglamento de la Escuela y no aparece en él lo que veo entre paréntesis en la contestación. Eso es manipular un Reglamento a conveniencia.

 

Pero no quiero entrar en legalismos. Entiendo que  si a un muchacho que quiere ser torero, con su padre delante, le invitan a dar unos muletazos en una fiesta privada, repito lo de fiesta privada, y no lo hace, me preocuparía  su actitud, su falta de celo y hasta de vocación. No entiendo que los responsables de la Escuela se quejen continuamente de las pocas oportunidades que tienen los alumnos para torear por las pocas ayudas que tienen de las Instituciones y que, cuando uno puede hacerlo, le cueste la expulsión.

 

Respecto a lo que se dice en el punto 5 de que los alumnos están formándose sin desembolso alguno por parte de los padres, tengo mis dudas, pues me han llegado noticias de lo que llevan gastados muchos padres en la formación de los hijos. Como yo no mando en la cartera de nadie, prefiero callarme y que cada uno haga con su dinero lo que quiera. Por eso, es mejor guardar silencio para no abrir un día la caja de los truenos.

 

Quisiera terminar dejando bien claro que con esta carta, por mi parte, termina la polémica. Deseo lo mejor para la Escuela y seré siempre su más firme defensor, pues entiendo que la Escuela es necesaria.  Me da igual que se me acuse de mala fe y de que mis argumentos son absurdos; quienes me conocen saben cómo soy. Siempre he dicho que a las personas se les conoce por lo que hacen y no por lo que dicen. Como dice Machado: “La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se diga al revés”. Que cada uno piense y opine lo que quiera. La libertad para mi es sagrada.

 

Cuando era estudiante en Salamanca, veía todos los días al ir a clase, escrita en la pared de la casa rectoral una frase de Unamuno que decía: Mi divisa es: “Antes la verdad que la paz”, y parafraseando a Don Miguel, termino recordando aquellas palabras pronunciadas en el Paraninfo de la Universidad en al año 36: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis la fuerza, pero no convenceréis porque no tenéis la razón”.

 

Me cuesta mucho creer que se expulse a un chiquillo y se diga que no se le quiere perjudicar. Si así fuese, hubiera sido muy fácil perdonar, ya que el perdón es uno de los actos más nobles del ser humano y es mejor ir por la vida con los brazos abiertos y la mano extendida que con el puño cerrado. Toda mi vida la he dedicado a la docencia y quisiera terminar esta carta compartiendo con los responsables de esa Escuela, una máxima que me ha acompañado siempre y es que, en la vida, hay que dejar huellas, no cicatrices».

 

Juan Vicente Rubio Sánchez

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