Unanimidad en la crítica taurina nacional y en la afición

La historia suele repetirse. Madrid hizo propio a un torero de Lorca: Pepín Jiménez. El diestro rubio cautivó hasta al mismísimo tendido «7». A Jiménez siempre se le esperaba en Las Ventas llevase la temporada que llevara. Su personalidad lo convirtió en un fijo en San Isidro, lo respetaron, querían verlo,  lo aplaudieron y disfrutaron con su tauromaquia.
 

Madrid, en donde está la afición más exigente del toreo; en donde sale el toro-toro, en la que  hay que dar el pecho en cada muletazo, en donde no valen las pamplinas, ni el pasito atrás, ni los gestos en busca de la palma fácil…. se le ha entregado a otro lorquino: Paco Ureña.
 

Unanimidad en toda la crítica taurina; loa a la verdad del toreo; recuerdo de aquello que se ve y resulta distinto a lo de siempre; humildad, ambición, vergüenza, dignidad, hombría…
 

Y es de Lorca. Y triunfa en Sevilla, Bilbao, Pamplona… y no lo hace en el Festival del Cáncer de su tierra en donde no lo ponen, ni en el del Terremoto, lo colocan  en septiembre pasado en una fecha infame…. y él, torea. Indulta un Victorino en Cieza, recibe premios, es respetado y reconocido y sobre todo, y les doy mi palabra de ello, muy buena gente.
 

Para que aquellos que no pudieron verlo ayer, tomen nota de los titulares de los medios informativos nacionales:
 

Aplausos.es (Iñigo Crespo): » Muy importante fue la faena de Paco Ureña al deslucido tercero. El animal embistió con la cara por arriba y el murciano, muy paciente, muy técnico y muy valiente, fue tirando para adelante dentro de una labor que ganó peso específico de mitad en adelante. Ganó siempre la acción al astado, se cruzó bien al pitón contrario, se encajó y atalonó frente a los pitones y se apretó mucho con cada embestida. Una tanda de naturales, ejecutados de uno en uno porque el toro no repetía, tuvo especial entidad. Muy metido de verdad con el toro Paco Ureña, que mató de pinchazo y estocada y saludó la ovación del público.
 

Cerró plaza un buen toro de Toros de El Torero. Feo de hechuras, de tremenda arboladura, el animal sin embargo embistió con clase, movilidad, prontitud, codicia… Ureña realizó ante él una faena de mucha entrega y gran pureza. Tuvo golpes de entidad y, sobre todo, muletazos con la mano zurda soberbios. Faltó una tanda redonda, pero no era fácil conseguir la perfección dadas las condiciones del ruedo y de la tarde. Labor de mucho peso, coronada con un ramillete de trincherillas sensacional. Pinchazo, estocada y oreja de ley. Gran tarde del murciano en Las Ventas. De no ser por los pinchazos, hubiera abierto con toda justicia la puerta grande».
 

El Mundo (Zabala de la Serna): Cerró la tarde otro cinqueño, de tremenda cara. Muy desigual lo aprobado. Paco Ureña, con los colores malvas de Chenel, aplicó su máxima: «Pronto y en la mano». Y por la mano derecha volvió a ponerse, a ofrecer la panza de la muleta y a torear muy templado. Ni barro ni agua. Y Ojibello colocaba inmensa testa en modo avión. Ureña transmite un halo de inocencia que trepa. Y una curvatura en el trazo. Y una verdad muy suya que arrastra la muleta. Alternó la zurda con verticalidad y juntas las zapatillas como bonita opción. Ojibello seguía haciendo el avión. Gran toro. Y buen cierre por bajo, de ayudados y pinceles. Otra vez un pinchazo. Pero esta vez el personal sí respondió a la estocada. Y cayó la oreja que en el otro se ahorró. Paco Ureña rozó el cielo de Madrid, pero se quedó con su corazón.
 

burladero.tv (Dario Juarez): el triunfador de la tarde fue Paco Ureña. El torero murciano volvía a Madrid después de ese otoño pasado, sabroso e insípido a la vez. Fiel a su tauromaquia, se entendió con el de El Torero a la perfección. Cuatro tandas de enaltecido frenesí con la mano diestra, en las cuales supo afianzar la clase y el poder de sus embestidas. La técnica y el gusto hicieron el resto. Con la izquierda, legó su valor a la impronta de la verticalidad donde muy relajado le pudo ejecutar naturales de mano baja hasta que el burel se fue apagando. A este ese momento, había sido un toro con mucho motor, noble y en detrimento de sus hermanos.  Ureña tenía a Madrid en el bolsillo, pero la espada, una vez más, le privaría de haber podido abrir la puerta grande.

Los comentarios están cerrados.

Subir ↑