Las orejas de Rafaelillo y Ureña elogiadas por toda crítica del país

[Img #7709][Img #7710]No ha habido excepción, ni en los portales, blogs, diarios digitales, de papel, emisoras de radio… la actuación de los murcianos Rafael Rubio «Rafaelillo» y Paco Ureña ha sido «cantada», y de qué manera, por todos ellos elogiando valor, predisposición, ganas, toreo eterno… de dos murcianos que se han convertido de la noche a la mañana en la pareja a seguir y que puede ser uno de los grandes atractivos de la misma.
 

Nuestro diario ya puso calificativos por medio de la crónica realizada para cultoro.com y elmuletazo.com por Marco A. Hierro, pero lean, lean lo que dicen prestigiosas firmas del periodismo taurino y medios con millones de lectores.
 

Zabala de la Serna (El Mundo): «El murciano ya había conquistado a la parroquia con su izquierda, muy enfrontilado, a los vuelos, en plan el pasado Otoño en Madrid. Fueron dos series de naturales las que sedujeron, como entonces. Faena exacta que extrajo más de lo que ofrecía el adolfo. La efectividad de la estocada, por encima de la colocación, le entregó la oreja. El murciano va de grises, albaserradas, saltillos y santacolomas, desde que un toro de Escolar le cambió el rumbo en Pamplona. Que no abandone la veta. 
 

Si Ureña gustó al público en general, Rafaelillo conquistó a los aficionados en particular. Inédito en los albores de la tarde, bordó unos lances rodilla en tierra; sabor antiguo y rondeño. Tremendo Rafael que esperó la corta embestida, la pulió y la extendió. Pedía el adolfo el carnet, agarrado al piso pero siempre muy humillado. Pulso y corazón en su mano derecha, y aguante en la izquierda. Por ahí rebañaba los machos y los tobillos el cárdeno. Titán Rafaelillo, crecido en la pelea, en el macheteo y los desplantes. Y soberbio en la rectitud de la estocada. Oreja de convencimiento»
 

Rafael Sobrino (El País): «La lidia del cuarto fue una lucha entre dos listos: listo el toro, listo el torero. Digamos que ambos se buscaron los puntos flacos. Rafaelillo quiso lucir al toro en varas y en las dos entradas lo dejó de largo. Se arrancó el toro en la segunda y recibió un castigo medido. Tampoco parecía toro para muchas alegrías, pero al final aguantó bien en la muleta. La faena fue, sobre todo, un cara a cara sin trampa. Habilidoso, acostumbrado a este tipo de batallas, Rafaelillo solventó la papeleta con oficio. Y sacó beneficio.
 

Vicente Sobrino (El País): «La lidia del cuarto fue una lucha entre dos listos: listo el toro, listo el torero. Digamos que ambos se buscaron los puntos flacos. Rafaelillo quiso lucir al toro en varas y en las dos entradas lo dejó de largo. Se arrancó el toro en la segunda y recibió un castigo medido. Tampoco parecía toro para muchas alegrías, pero al final aguantó bien en la muleta. La faena fue, sobre todo, un cara a cara sin trampa. Habilidoso, acostumbrado a este tipo de batallas, Rafaelillo solventó la papeleta con oficio. Y sacó beneficio
 

Ureña lo vio claro desde el principio, cuando se echó la muleta a la izquierda, citando de frente. Por ese pitón fue la primera parte de una faena que tuvo pausa y, a veces, su ritmo. Muy ajustados los naturales, aunque a partir de la segunda tanda no todos salieron limpios. Con el toro a medio recorrido, Ureña pasó a la derecha, y ya el toro acortó aún más el viaje. En uno de esos, se le quedó a Ureña bajo la muleta, derrotó y le volteó de mala manera. Con la presa bajo sus pitones, el toro buscó el cuerpo del torero y lo zarandeó. El susto fue grande, pero el milagro, una vez más, se produjo. Continuó Ureña valiente, con aparente serenidad, con la plaza ganada y sensibilizada por la tremenda voltereta. Aunque la estocada cayó defectuosa, Ureña se llevó un premio justo».
 

Andres Amoros (ABC): «El cuarto es un «Madroño» (otro de los nombres clásicos) que saca más casta, humilla pero queda muy corto, busca: lo que esperábamos de este encaste. Rafaelillo se muestra como un jabato y un lidiador: le busca las vueltas, aguanta cuando se le queda en las zapatillas, le saca muletazos con mérito, pasa varios apuros y se luce en desplantes de sabor añejo. ¿Quién dijo que el público actual no sabe apreciar la lidia clásica? La gente está encantada y, a pesar de un aviso inoportunísimo, cuando el toro está cayendo, reclama trofeos (se concede sólo uno). 
 

Cuando nadie lo espera, Paco Ureña se coloca muy de frente y dibuja naturales de excelente trazo. Por la derecha, el toro se queda corto, lo engancha por la rodilla y hace por él: se libra por pelos de un grave percance. Mata atracándose de toro y corta una merecida oreja, antes de pasar a la enfermería, con una fuerte paliza. Ha puesto él la casta y la clase que le faltaban al toro». 
 

Aplausos.es: «Bien el murciano con un toro que, eso sí, en los primeros tercios desarrolló una manejable condición que aprovechó Rafaelillo para brillar con el capote. El recibo capotero al cuarto fue sensacional. Rafaelillo, primero con una rodilla en tierra, después de pie y abrochando con la reunida media, encendió la plaza. Su picador Agustín Collado también levantó ovaciones en un gran tercio de varas. El inicio de faena, poderoso y por abajo, sirvió para domeñar las acometidas de un toro que embistió siempre muy humillado aunque con escaso recorrido. Muy torero Rafaelillo, especialmente en la parte final de su labor, que coronó de una estocada entera tras la que le fue concedida la oreja.
 

Paco Ureña le cortó al tercero una oreja ganada a ley. El torero de Lorca, sobre las bases de la pureza y la verdad, construyó una faena emocionante en la que fue cogido de manera dramática, por fortuna sin consecuencias. La plaza se entregó con Ureña, que pulseó la embestida del toro de Adolfo hasta compactar una obra de las que cuentan. Mató de una buena estocada y paseó el trofeo».
 

Macos Sanchidrian (Mundotoro): «Dos toreros impusieron la ‘meritocracia‘. Es decir, el triunfo por méritos propios. Ni que decir tiene que el mérito radica en la excelencia, por ejemplo, la verdad desnuda de Rafaelillo o el natural rotundo de Ureña. Valores que construyen el éxito dentro de una jornada que será recordada por mucho más que una simple tarde de Fallas. No fue fácil triunfar por méritos propios pues a la corrida de Adolfo adoleció de fondo sobre un barniz de nobleza impropio del hierro cárdeno. Si bien el cuarto se identificó con el juego esperado, los cuatro ‘Aviadores’ que viajaron a Valencia no ofrecieron el juego esperado».
 

Paco Delgado (La Razón): «Como no fue moda ni capricho lo de Paco Ureña, que se ganó la primera oreja de la tarde, llevó con mucha suavidad al tercero, muy despacio, echándole la muleta a la cara y tirando de él, sin agobiarle, sin axfisiarle y sin brusquedades. Pero al cambiar al pitón derecho la cosa cambió y, de repente, el toro se revolvió sorpresivamente al final de un derechazo y le echó mano, dándole una voltereta espeluznante, poniéndose ya muy complicado por ese lado. por el que, precisamente abundó el torero de Lorca .
 

Otra oreja se llevó Rafaelillo del cuarto, al que recibió con verónicas rodilla en tierra muy elegantes y toreras. Fue este toro pronto y alegre en el caballo pero con mucho peligro en el último tercio, revolviéndose y buscando. No le volvió la cara su matador, que derrochó coraje y oficio para sacar todo lo que tuvo en un trasteo valiente y entregado».
 
Fotos portada: Arjona (Aplausos.es)

 

Fotos con este texto: Cultoro.com

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