El cielo de Lorca sabía que había toros. Y sin terminar de arrancarse a llover, si amenazó seriamente una hora y media antes del festejo. Tocaron los clarines celestiales y el firmamento se pintó azabache. Mala cosa. A esa hora, es cuando el último tirón de ánimo, llega para que la gente acuda a la plaza. Y lo primero que se mira es el cielo. Ese Peter Jansen de la naturaleza hizo que la gente se quedara en su casa y que la plaza no terminará de cuajarse del todo. Aun así, y con el panorama climático, la plaza registro más de media entrada. Quedó así claro que la corrida tenía tirón en los puntos de venta, que había expectación para presenciar el festejo y que la casualidad climática, tan anti como siempre, fue el punto negro de una tarde en la que Paco Ureña ha dejado claro que lo suyo siempre será eso de “Querer es Poder”.
Los toros se sumaron a la causa climática y se oscurecieron todos, sólo ese querer de Paco Ureña hizo que la tarde cuajará en triunfo. Y así lo apreció el público, que sólo le hizo un regalo en el toro que cerró plaza. Con ese regalo, los valientes aficionados que no temieron a un posible diluvio de Noé, agradecieron al torero su valentía como torero y como persona, una por no dejar que la Lorca taurina se apague, como quieren los propietarios del coso de obra que sigue destrozado por los terremotos de hace dos años, y otra por tratar de subir los fondos de la mesa solidaria de Lorca, que ayuda a familias del municipio a las que el terremoto les cambió la vida.
En lo social pudimos ver al Alcalde de Lorca, Francisco Jodar, que entregó al torero un cuadro en agradecimiento por jugarse los muslos por su pueblo. A la consejera de Agricultura y Agua de la Comunidad de Murcia, Adela Martínez-Cachá, a la que Paco Ureña brindó la lidia del segundo toro. Una agradable sorpresa ver al gran maestro de la tauromaquia y la docencia, José Jiménez, el gran Pepín, acompañado por si hijo Crisanto, que no suele últimamente prodigarse por las plazas de toros y a infinidad de buenos aficionados de la Región de Murcia.
En lo artístico, coincido con la crónica de Pedro Mellinas, todo fue garra y firmeza de Ureña para sobreponerse a la mala condición de los toros. Un manso de carretas el de Bañuelos, un noble sin chispa el de Joselito, un mulo manso el de El Puerto de San Lorenzo, parado el de José Cruz, noblón el de Montalvo y una fachada sin estructura el sexto de José Vázquez.
Al terminar la tarde y bajó la lluvia que se hizo presente al finalizar el festejo, la demostración de firmeza de Ureña en la tarde se convirtió en un deseo entre los aficionados. Un 4 de octubre en Madrid y un gran día para que Murcia suene con fuerza en los cimientos de la catedral del toreo.
Fotos: RASPA
