![[Img #7057]](upload/img/periodico/img_7057.jpg)
![[Img #7058]](upload/img/periodico/img_7058.jpg)
Cuando me dispongo a escribir esta crónica, tras un viaje de regreso a Murcia durísimo bajo la tromba de agua y granizo que descargó sobre la Región, no encuentro justificación alguna a lo injustificable. Desconozco porque el Presidente de la Plaza de Toros de Abarán, Carmelo Gómez y el Delegado Gubernativo, no suspendieron el festejo en el cuarto toro cuando, el cielo, descargó sobre Abarán una tormenta que, según me comentaban vecinos de localidad, no recordaban otra similar en este hermoso enclave del Valle de Ricote. Pero dejando ahí mi duda, más que razonable, vamos a contarles lo que fue la tarde de ayer en la “ciudad de las picardías”
Ambiente de fiesta en Abarán. Muchas caras conocidas de Murcia que se mezclaban con una afición festiva de aquel pueblo y llegada, también, de todos los puntos de la Región para disfrutar de la corrida. Saludamos a muchos conocidos incluida la Consejera de Educación, Maribel Sánchez, que acudió a Abarán con amigos catedráticos de la Universidad de Murcia entre los que se encontraba el ex rector José Antonio Cobacho. También saludamos al concejal de Educación y Patrimonio del Ayuntamiento de Murcia, Rafael Gómez, que llegó con unos amigos a los tendidos de Abarán. Empresarios, abogados, altos cargos de la Administración Regional, toreros, alumnos de la Escuela Taurina. En fin un ambiente festivo que en nada hacía presagiar lo que nos tenía preparada la tarde.
Media hora antes del inicio de la corrida, y con todas las autorizaciones pertinentes, la Plaza de la Zarzuela, donde se ubica el coso taurino, fue el lugar de concentración de un centenar largo de “anti taurinos” que se manifestaron en contra de la corrida. Otra pregunta que tengo desde ayer ¿Cómo se autorizó desde la Delegación del Gobierno semejante concentración en ese lugar? Apenas separaban, a los manifestantes, diez metros de las puertas de la Plaza de Toros. Eso sí gran presencia de efectivos de la Guardia Civil para que no se produjeran incidentes. Todos tenemos derecho a manifestarnos, faltaría más, pero Abarán es muy grande y se podía haber autorizado en otro sitio. En fin demos gracias a Dios, una vez más, que no hubo violencia física, que si verbal, por ninguna de las partes pero el día que salte la chispa se va a liar una muy gorda y alguien tendrá que dar explicaciones desde luego.
Comenzó el festejo un cuarto de hora después de la hora anunciada y, tras el paseíllo, el Presidente del Club Taurino de Murcia, Alfonso Avilés, desde los medios y en presencia de los tres matadores dio lectura a un manifiesto en favor de la Fiesta y de la trascendencia de la misma en la economía española. El público, que lleno prácticamente el coso de Abarán, puesto en pie aplaudió el manifiesto que finalizó con vivas a la Fiesta Nacional y a España.
Nada hacía presagiar, en esos momentos, la tormenta que iba a caer minutos después. Veíamos, no sin preocupación, que la Sierra del Oro que abraza a Abarán se iba cubriendo de negras nubes que amenazaban con descargar más pronto que tarde sobre el coqueto coso de la ciudad. Menos mal, todo hay que decirlo, que al arquitecto se le ocurrió la feliz idea de diseñar una cómoda visera en todo el contorno de la plaza pues ahí fue donde nos refugiamos los que nos mantuvimos, calados hasta los huesos, hasta que rodó el sexto de la tarde.
Juan José Padilla no tuvo enemigo en su primero. El peor del encierro, con diferencia. Un toro sin fuerza, sin casta, sin raza y sin ganas de ver los engaños. El de Jerez hizo todo cuanto pudo hasta llegar a la muleta, que fue cuando el animal se echó tras la primera tanda. Lo levantaron los subalternos y Padilla de una estocada casi entera y descabello acabó con su vida. Palmas y saludos desde el tercio. En el cuarto, sin parada de merienda ante el diluvio que estaba cayendo, Padilla estuvo muy bien con el capote. Puso banderillas jugándose la vida dado el estado del ruedo y con la franela echó rodillas en tierra y dio una tanda que fue jaleada por el público. Quiso hacerle todo el repertorio que dispone pero, las condiciones del ruedo y sobre todo la poca clase del toro impidieron más lucimiento. Pese a todo y tras una estocada algo trasera se le concedieron las dos orejas que el público demandaba con exigencia. La lidia de este cuarto toro tuvo ya mucho peligro porque el ruedo cada vez estaba peor y sobre todo por el fuerte viento que soplaba, la fuerza de la lluvia, y la luz cegadora de los relámpagos que iluminaban el coso.
Lopez Simón. El madrileño fue a por todas y con verdad como siempre hace pero no le salieron las cosas ayer tarde como él quería desde luego. El primero de su lote fue un toro exactamente igual que el primero. Sin raza, sin casta, sin fuerzas aunque tomaba los engaños mejor que el anterior. Pero no transmitía nada. Encima, en mitad de la faena, se desató la tormenta que ya duraría toda la tarde. López Simón se metió entre los pitones, como en él es habitual, y estuvo en todo momento valiente, decidido y entregado. Pero como les comentaba, el toro, no colaboraba en absoluto. Una estocada algo desprendida fue suficiente para que el animal rodara. El público pidió la oreja y el presidente la concedió. En el quinto de la tarde fue imposible ver al torero de Madrid. Toreo, como sus compañeros, descalzo y en varias ocasiones paraba la lidia para mirar al palco y gesticular ante el mal estado del albero. Era un cenagal. A eso sumen ustedes que el fuerte viento quitaba, de las manos, los engaños a los actuantes y López Simón pasó varias situaciones comprometidas cuando, bajo la incesante lluvia, la muleta le tapó incluso su rostro. Imposible torear en esas condiciones a otro flojo toro de Benjumea que no tuvo transmisión alguna. Por cierto que tanto este quinto como el sexto no fueron banderilleados dado el mal estado del ruedo. No pudiendo entrar a matar, por el barro, el de Madrid dio tres pinchazos ante los que el toro se echó. Fue apuntillado y a otra cosa. Silencio del respetable.
Con Antonio Puerta llegó el delirio en sus dos toros pese a que tuvo que lidiar, ambos, bajo el intenso aguacero pero no es menos cierto que al ceheginero le tocó el mejor lote con diferencia. El primero, un jabonero precioso y con una cabeza seria, el murciano lo recibió con unas verónicas llenas de verdad. Pies juntos, cuerpo erguido y con unas ganas tremendas de agradar. Pero el delirio llegó con la muleta. Comenzó con una tanda de rodillas, sobre el fango, en la boca de riego que hicieron rugir a los tendidos. Se metió en los pitones con la franela y sacó unos naturales de “cartel de toros”. Y la lluvia seguía arreciando pero, al de Cehegín, no le importaba lo más mínimo. El toro, además, era repetidor, tomaba muy bien los engaños y mostró bravura y nobleza. Puerta lo despachó de una estocada hasta las cintas que le valieron dos orejas con fuerte petición de rabo. Ya en el sexto, con el ruedo impracticable, Antonio, se la jugó. El toro no pudo ser apenas más que señalado con la puya pues hasta los caballos tenían dificultades para mantenerse en pie sobre el barro. La lluvia caía de manera inmisericorde. No pudieron, como al anterior, poner banderillas dado el estado del ruedo. Pero cuando cogió la muleta aquello cambió de manera radical. Se fue sobre un gran charco, ahí tenía más estabilidad que sobre el barro, y se entregó realizando una faena difícil de olvidar. El agua le quedaba por encima de los tobillos. Dio unos naturales de ensueño. Pases de pecho, cambiados, trincherillas en fin diez minutos de muleta que ahí quedan para los que tuvimos la suerte de verle en Abaran. Con gritos de “torero, torero” de rodillas sobre el fango y cubierto de barro por completo. Entregado y sin descomponerse en ningún momento. No le importó el estado del ruedo para entrar a matar y tirarse sobre el morrillo jugándose un resbalón que le hubiera costado muy caro. De una certera estocada, el toro, rodó sin puntilla. Dos orejas y rabo fue el premio que le otorgó el respetable en mitad de un larguísimo aplauso que emocionó al torero de Cehegín.
Y con la incesante lluvia, los relámpagos iluminando Abarán, las calles convertidas en ríos y el público calado hasta los huesos pues pocos fueron previsores y llevaron paraguas, salieron a hombros del coso abaranero Juan José Padilla y Antonio Puerta. Para el recuerdo de los aficionados quedará siempre la entrega y el pundonor de un joven matador de toros de Cehegín que se jugó la vida sobre el barro y el fango sabiendo, desde luego, que si quiere llegar muy alto en esto del toreo tiene que ser de esta forma. Toreando de verdad y sin engaños. Entregándose en cuerpo y alma como ayer tarde hizo, pese a las inclemencias, en Abarán.
Alberto Castillo
Fotos. Toromedia
