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La frase con la que encabezamos, “la otra crónica, son palabras del matador de toros y triunfador de la tarde de ayer Enrique Ponce. El diestro, en el descanso, atendió con enorme cariño y amabilidad a las cámaras de 7 RM y después de declarar que se encontraba mejor que nunca, que tiene la “ambición del novillero” y que le quedan citas muy importantes en España, Méjico e Hispanoamérica, habló una vez más de su cariño a Murcia y los murcianos. Fue cuando le pregunté por esa hermosa imagen de la Fuensanta que, Alfonso Avilés Presidente del Club Taurino, le había entregado antes del inicio de la corrida en nombre del Club y de sus socios como homenaje al diestro por sus veinticinco años de alternativa. Entonces, ante la pregunta, Enrique Ponce me contestó: “Alberto, la Fuensanta desde siempre la llevo en mi corazón y la tengo en mi capilla. Le tengo una gran devoción y allá donde voy me acompaña. Esta imagen que me ha regalado el Club irá a un altar en mi casa”.. Enrique Ponce, como siempre, un señor dentro y fuera del ruedo.
Estaba preciosa nuestra Condomina ayer tarde. Numerosas caras conocidas poblando sus tendidos y los burladeros con todos “apretados” tal era el número de personas que nos encontrábamos en ellos. En el nuestro de prensa, una gran sorpresa, pues vivimos la corrida compartiendo tertulia con el matador de toros lorquino, Miguel Ángel Moreno que vino acompañado de su tío y de Juan Belda, extraordinario amigo y mejor aficionado. Y en otro burladero, próximo, era el matador de toros manchego Rubén Pinar el que no perdía detalle de la lidia. El de Tobarra llegó a la plaza con el veterinario Manuel Sanes gran amigo del torero. Victoriano Valencia, Juan Ruiz Palomares, el ganadero Daniel Martínez o el padre y hermano de Manzanares, Álvaro, que llevaron, por cierto, al hijo del torero alicantino para que estuviera con su padre en el compromiso murciano. También estaba en el callejón de la Condomina, Pepín Liria, quien por cierto fue reconocido en la enfermería de la plaza por el doctor Ricardo Robles pues, el lunes, cuando el ceheginero saltó al ruedo para hacer el quite al picador sufrió un percance en su reciente operación y se le escaparon varios puntos por los que estuvo supurando durante toda la noche. Afortunadamente, y según el doctor Robles, no le vino “mal” el percance al maestro Liria pues, por esos puntos escapados, soltó líquido que le estaba haciendo bastante mal a la herida. Supuró, echó ese líquido y Pepín se sintió más aliviado en sus molestias. Pero el susto no se lo quitaba nadie.
Muchísimas caras de la política regional y local vimos y saludamos ayer en el callejón de la Condomina. El Presidente de la Comunidad, y gran aficionado, tuvo junto a él en su burladero a la Consejera de Agricultura, Adela Martínez Cachá. Al presidente del Sindicato Central de Regantes, José Manuel Claver, presidente de la patronal José María Albarracín y los presidentes de PROEXPORT y APOEXPA los grandes exportadores de la Región de Murcia. Por su parte, el Delegado del Gobierno, Antonio Sánchez Solís de Querol, estuvo acompañado por personas del mundo del turismo y la promoción de nuestra Comunidad. A su lado, en el burladero del Ayuntamiento de Murcia, el Alcalde José Ballesta que lleva acudiendo a la Condomina las dos corridas de toros del ciclo ferial y que estaba acompañado por la periodista Paloma Reverte de Luis, la presidenta de los hosteleros murcianos Soledad Jiménez y la ex presidenta de la empresa familiar. Por cierto que, Ballesta, no podía articular palabra. Había perdido la voz. Normal pues ayer, el Alcalde, no había descansado nada. A las seis y media en la Catedral a la misa de despedida a nuestra Patrona. Después la acompañó hasta el Santuario, bajó a la ciudad en las primeras horas de la tarde y se fue directo a los toros. La noche antes apenas había dormido entre la clausura de la Feria y los Huertos. La falta de descanso le pasó factura a su voz. De ahí su afonía.
Muy cerca, en el burladero de la Policía Local, junto al Jefe y buen aficionado Ángel Marín, estaba la concejal delegada del área, Lola Sánchez. Por cierto que muy cerca de ellos se encontraba, como un buen aficionado que es, Paco Bernabé consejero de Fomento del Gobierno Regional.
En el callejón, cumpliendo con su labor de “ayuda y entrega” de banderillas andaba atareado José, el Molejo, que este año está causando sensación y comentarios pues “el chulo de banderillas”, como se le llama en el argot, luce cada día un polo de distinto color con los rehiletes bordados en el pecho y su nombre en la espalda. Ayer era de color negro. Pero en festejos anteriores se los hemos visto azul y blanco. Veremos en la feria que nos queda por delante cuantos saca diferentes.
En las barreras pudimos saludar al que fuera vicepresidente del Gobierno y actual Presidente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Antonio Gómez Fayren acompañado de la simpatiquísima María José, su mujer. Ambos son abonados de la Condomina desde hace muchos años. Incluso cuando, Fayren, ocupaba la vicepresidencia de la Comunidad renunciaba a todo protocolo y presenciaba las corridas, siempre, desde su localidad. También saludamos a Patricio Valverde, Director General de la cervecera murciana Estrella de Levante y a su primo, del mismo nombre, ex consejero del Gobierno Regional y hoy alto cargo en Iberdrola. Así mismo, en su localidad de siempre, el ex presidente del Gobierno, Carlos Collado, un gran aficionado y un caballero que está abonado desde hace muchos años también a la plaza murciana. El diputado regional, Jesús Cano, ocupaba una localidad de barrera muy cerca de dos bellas mujeres, simpatiquísimas ambas, Rocío Rubio de Yecla que acompañaba a Nuria, la esposa del Presidente de la Comunidad. Marcos Ortuño, alcalde de Yecla y marido de Rocío, se encontraba en otro de los burladeros del callejón de la Condomina. Y en el tendido, como tantas otras tardes, Anastasio Bastida, alcalde de Los Alcázares que desde hace años ocupa también localidad fija en la plaza murciana.
A las nueve en punto, bajo la luz artificial, las “luces del vestío” de Enrique Ponce brillaban al salir por la puerta grande a la Ronda de Garay. El matador abandonaba la Condomina en olor de multitudes y con tres orejas en el esportón. Y con una Murcia que le quiere y le respeta más todavía. Enrique, sonriente y feliz, a hombros de los “capitalistas”, saludaba a todo el mundo. En la furgoneta, dentro de un estuche forrado de terciopelo, le aguardaba una bella imagen de la Fuensanta que, como siempre, el torero lleva en su corazón como la llevamos todos los murcianos. Y es que Ponce es uno más entre nosotros.
Alberto Castillo
